Portada de la novela Señales del destino

Señales del destino

9.2 / 10.0
En Señales del destino, Elizabet enfrenta un pasado traumático para sanar su presente. La aparición de un ángel en esta romance novel de fantasy la guía a superar sus miedos y alcanzar sus anhelos. Una modern novel imperdible para quienes buscan las mejores fiction fantasy romance books.
Resumen de Señales del destino
Elizabet es una reconocida escritora cuya existencia está marcada por las sombras de un pasado devastador. Atrapada por traumas que no logra superar, su vida da un giro inesperado cuando un ángel se manifiesta ante ella. Con el apoyo de este ser divino, la protagonista emprenderá un viaje de sanación para confrontar sus miedos y perseguir sus sueños. Ahora, Elizabet debe aprender a interpretar los mensajes del destino para hallar la paz que tanto anhela.
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Señales del destino Capítulo 1

- Llegamos señorita - avisó Jerry, con su acostumbrada seriedad, apenas estacionó frente al enorme e imponente edificio de la editorial.

Bajó en silencio y rodeó, con elegantes movimientos el auto, para abrirme la puerta del asiento del copiloto. Suspiré, tratando de despojarme del miedo que invadía mi cuerpo. El corazón acelerado me recordaba constantemente que no estaba acostumbrada a socializar y que odiaba la invasión de mi espacio personal. Capté, inmediatamente, la luz emitida por una cámara fotográfica y me aterré. La noche promete, me dije internamente, tratando de reprimir el sentimiento de frustración que luchaba por salir.

- ¡Buitres! – exclamé molesta, refiriéndome a los fotógrafos y reporteros que esperaban mi llegada.

Caminé con pasos rápidos, aunque algo inseguros, hacia el vestíbulo de la monumental construcción. Los periodistas me acosaron, tratando de buscar un acercamiento que les permitiera interrogarme sobre el lanzamiento de mi libro. No quería hablar, porque era extremadamente tímida y, reaccionaba de forma ilógica ante determinados estímulos, debido a las fobias que me dejaron los traumas del pasado.

- No dejes que se me acerquen, por favor - susurré tratando que, las palabras, solo fueran escuchadas por Jerry, el joven que trabajaba para mí, desempeñando la doble tarea de chofer y guardaespaldas.

Mi empleado asintió creando, con sus fuertes brazos, la distancia que yo tanto reclamaba. Sentí alivio cuando llegué a mi destino y pude respirar un aire sin contaminaciones. Posé la mirada en el rubio y le agradecí, con una leve sonrisa, el servicio prestado.

Es extraño, pensé de inmediato, sentía una confusa pero fuerte conexión con aquel muchacho. No lograba explicar cómo confiaba ciegamente en su lealtad y en el estricto cumplimiento de su trabajo, pero, cómo no hacerlo, si parecía conocer cada uno de mis gestos y cumplía todas mis órdenes con eficiencia y discreción.

Con una señal, que él captó a la perfección, lo invité a seguirme hasta la planta superior, donde se llevaba a cabo el evento de la editorial. Estaba verdaderamente enojada con la dueña por haberme obligado a asistir al mismo.

Quería salir corriendo hasta mi casa y tumbarme en la cama, después de haber degustado un rico chocolate caliente pero, el contrato era claro y los jefes exigían mi presencia en el lugar. Finalmente atravesé el umbral del salón cuidadosamente engalanado. La directora me recibió con una expresión de alivio en el rostro.

- Valoro tu sacrificio Elizabet -alegó con un tono algo irónico que mostraba la falsedad de sus palabras y acciones - es importante que, el público te vea, interactúe contigo, porque esa es la garantía de tu éxito – asentí, pero más bien por educación. No deseaba generar falsas expectativas en las personas, mostrando una imagen distorsionada de una escritora que poseía muchísimas más sombras que luces

De repente el escenario improvisado se iluminó y apareció, ante el público, una joven que, de forma magistral, se hizo cargo de la conducción del evento.

- SEÑALES DEL DESTINO - expresó al realizar la presentación del libro - es una novela que profundiza en el cerebro humano, mostrando la fobia y los miedos de su protagonista. En ella se exponen las vicisitudes que pasa una fémina para despojarse de los recuerdos dolorosos del pasado.

Me concentré en la exposición y, mientras escuchaba la dulce voz de la presentadora, las escenas de mi horroroso pasado danzaban en la mente, asaltando mis recuerdos. Sentí, sobre la piel y en mi interior el abuso del que fui víctima. Me pregunté muchas veces ¿Cómo una niña de apenas 13 años pudo sobrevivir al desamor de su progenitora y al abuso físico y sexual de su padrastro?

Los intensos aplausos de los presentes me sacaron de mis cavilaciones. Observé el entorno y pude percibir las miradas puestas en mí, esperando las palabras de la escritora como único testigo omnisciente de la historia que ha sido publicada. Me levanté de la silla para brevemente agradecer, primero a la editorial por la oportunidad brindada y después a todo el público por su asistencia al lanzamiento del libro.

Apenas culminó la parte protocolar sucedió lo que temía. Fui asaltada por un gran número de personas que exigían fotos y autógrafos. Me abrumé al instante. Traté de evadir el contacto físico, pero me fue imposible. Comencé a respirar con dificultad porque odiaba que me tocaran. Los minutos se me antojaban eternos. El aire se volvía cada vez más pesado, aumentando mi angustia y ansiedad. Sentí que me desvanecía, pero, justo en el momento en que mi cerebro registraba la inevitable caída, percibí el contacto de unos brazos musculosos y fuertes que lograron alcanzarme, envolviendo mi cuerpo.

- Te tengo - escuché antes de sumirme en completa oscuridad.

.................

- Zorra – gritó el hombre con cara de asco mientras apretaba, mi cuello, con sus manos, eres mía, ¿oíste? Afirmé con terror por puro instinto de preservación, pero me arrepentí al instante, pues él tomó aquellas palabras como una invitación al abuso. Minutos después yo no paraba de llorar mientras el diablo me embestía con verdadera saña. Desperté sollozando del sueño recurrente. Ese ser despiadado, además de mi virginidad, me había despojado de la esperanza e inocencia que tanto había atesorado. Marcó mi alma, dejando huellas imborrables, convirtiéndome en una antisocial que no tolera el contacto humano.

Sentí mi cuerpo arder de rabia e impotencia ante la despreocupación de mi madre biológica, el abuso de su esposo, el desprecio de mis semejantes y mi incapacidad de lidiar con situaciones difíciles. No era una inútil que se había dejado arrastrar por la decepción, luché por mi futuro, apoyada por mi nueva familia, hasta convertirme en una escritora exitosa.

Me levanté de la cama, tratando de recordar los sucesos de la última noche, pero la neblina no abandonaba mi mente. Aún podía sentir el contacto desagradable de los desconocidos y la sensación de incertidumbre y desconcierto. Esos eventos siempre me dejaban un sabor amargo, pero era la primera vez que huían de mi total control.

Bajé, despacio, los escalones que me separaban de la cocina. Podía escuchar el sonido de las cacerolas y la risa despreocupada de Isabel. Estaba hambrienta pues, después de un ataque de ansiedad, experimentaba la necesidad de reponer fuerzas y recurría a los alimentos para ello. Era el grito de auxilio generado por mi cuerpo ante una situación extenuante.

- Buenos días - saludé con timidez, deparando en la presencia de mis dos únicos empleados.

Respondieron el saludo con una sonrisa que se me antojó incómoda. Mi trato era frío y distante. No lograba relajarme hasta el punto de establecer, con ellos, una relación de familiaridad. Supongo que, cuando falla, en tu crianza, tu roca fuerte y te quedas sin la guía certera de tu progenitora buscas, como mecanismo de defensa, una vía de escape para todos esos problemas que, por tu edad, eres incapaz de resolver y llegas a abrazar, con desesperación, la idea de enajenarte, por lo que logras salir del infierno personal, pero te limitas en tus relaciones sociales.

- ¿Le sirvo el desayuno, señorita? – preguntó Isabel con calidez. Me gustaba su alegría, porque me hacía albergar la esperanza de un futuro más tolerable para mí.

- Sí, estoy hambrienta – respondí, tratando de suavizar, al menos por esta vez, mi voz. ¿Por qué era tan complicado? ¿Qué me impedía llevar una vida dentro de los parámetros de lo normal? Ni mi terapista podía explicármelo. Llevaba demasiado rencor en mi corazón.

Contemplé a Jerry. Su expresión mostraba curiosidad, pero, no se atrevía a realizar la pregunta que invadía sus pensamientos. No dejaba de sorprenderme ese muchacho, porque, sus acciones, eran movidas por sentimientos nobles como: el respeto, la responsabilidad y la paciencia. No sabía mucho de su vida, pero, por el tiempo que pasaba en mi casa, cuidándome, presentía que aún abrazaba la soltería como su real estado civil.

- ¿Cómo se siente? – preguntó al fin moviéndose incómodo en el asiento.

- Estoy bien, un poco cansada, pero lista para lo que se avecina – respondí agradecida por la preocupación.

- Es la primera vez - dijo - al menos que yo recuerde, que percibo tanta desesperación y.... - lo interrumpí porque no quería abordar el tema. He intentado mantener mi pasado solo como un punto doloroso en mis recuerdos, sin conseguirlo.

- ¿Cómo llegué a la casa ayer? - le pregunté interesada - solo recuerdo que comencé a sentirme mareada y todo se volvió oscuro

- Se desmayó y fue casi un milagro que pudiera llegar a tiempo.

- Gracias nuevamente por salvarme. Tú sabes cómo me afectan esas demostraciones de cariño de las personas.

Él asintió con un ligero movimiento de cabeza y una clara expresión de alivio. Ya no lo percibía incómodo cuando pasaban esos episodios. Recordé la zozobra y angustia que experimentó al presenciar mi primer ataque de ansiedad. Fue embarazoso compartir, con un desconocido ese secreto, pero, con el tiempo y en la medida que la conexión entre ambos aumentaba, solo veía a un joven preocupado, paciente y dispuesto a enfrentar cualquier obstáculo por salvarme, por eso la seguridad que sentía únicamente a su lado aumentaba mis dudas. ¿Estaba experimentando por mi atractivo empleado un sentimiento aún más profundo que el agradecimiento? Me cerré a la posibilidad por varias razones: en primer lugar, me sentía sucia e indigna de recibir amor. Consideraba que, para alguien, con un mínimo de cordura y autoestima, tener una pareja compleja, superada por sus miedos, era un completo desastre. Además, sufría de un trauma, debido a la incapacidad de tolerar el contacto físico y, por último, odiaba mi cuerpo y, eso me generaba una sensación de desprecio y desconfianza hacia las verdaderas intenciones de cualquier hombre que se me acercara con fines románticos.

- Tenga cuidado, está caliente - advirtió Isabel refiriéndose al vaso de chocolate que colocó encima de la mesa – dio media vuelta, pero su expresión cambió al recordar algo que creyó importante.

- Señorita, su madre llamó temprano, pero no dejó recado - frunció el ceño para, después de mirar minuciosamente mi expresión, agregar - yo le dije que usted aún dormía.

- Más tarde la llamo, gracias Isabel - logré decir, restándole importancia al suceso. Mi empleada estaba consciente, como yo, de lo insistente que podía llegar a ser doña Mirian cuando no lograba su objetivo.

La mujer a quien consideraba mi progenitora apareció, en mi vida, para salvarme de la degradación moral en la que me encontraba. Samuel y Mirian me acogieron legalmente, brindándome el amor del que siempre había carecido. Sin ellos me hubiera arrastrado en el lodo, muriendo en la más penosa miseria. El gobierno me separó de mi madre biológica porque, claramente, su vida desordenada e irresponsablede, le impedía ocuparse de mi cuidado, sin embargo, en el hogar de acogida, viví un infierno más crudo que el anterior. Cada día enfrentaba un nuevo desafío, los maltratos, las ofensas y el desprecio de mis compañeros se convirtieron en mi rutina diaria.

Acabé de degustar mi desayuno. Me dirigí hacia el salón principal de mi vivienda, buscando privacidad y tomé el celular para hablar con la fémina a quien debía mi paz e independencia. Al tercer tono escuché su voz dulce.

- Hija, al fin me devuelves la llamada. Estaba preocupada.

- Madre, no me regañes, por favor. Dime cómo estás.

- Estoy bien, aunque te repito que preocupada. Leí en el periódico lo que te pasó en el evento. Lo siento... Debí acompañarte.

Me tensé al pensar que, mi foto, encabezaba las páginas del diario del día. Los periodistas no respetan la privacidad, son como aves de rapiñas en busca de comida. Inmediatamente le pedí a Isabel que me trajera el periódico. Quería constatar cómo habían abordado el ataque de ansiedad y el desmayo.

- Doña Mirian - llamé a mi madre que se encontraba en línea, pero en silencio, esperando mi reacción - no sabía lo del diario, te dejo, necesito leer el artículo, después te llamo.

- Dale, mi niña, no te bloquees, piensa que son un montón de idiotas.

Activé mis alertas. ¿Cuál sería la versión de los hechos que publicaron esos buitres? Tomé el periódico entre mis manos y lo abrí con curiosidad. Me quedé estática. En primera plana, aparecía mi imagen. Jerry me llevaba, en brazos, hacia el auto. Me veía desvalida e indefensa.

- Los voy a demandar - dije molesta, aunque estaba clarísimo que nunca pasaría - se aprovechan hasta de los padecimientos de las gentes - agregué - estoy cansada de esto.

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Tabla de contenidos de Señales del destino

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