Portada de la novela Una dama para el ceo.

Una dama para el ceo.

9.6 / 10.0
La vida de Irene da un giro drástico cuando su hermano Nicolás, desesperado por proteger su carrera, le pide un sacrificio inesperado. Para saldar una vieja deuda familiar, ella debe casarse con el poderoso Enzo Navarro, director del Grupo Navarro. Este matrimonio por contrato durará dos años y es la única forma de evitar la ruina total. Atrapada en un compromiso forzado con el magnate, Irene deberá sobrevivir al trato sin perderse en el proceso.

Una dama para el ceo. Capítulo 1

~POV IRENE~   

“Hermana, necesito un favor, es de vida o muerte. Sal en una cita con mi jefe. Si te niegas, puedo perder mi empleo y acabo de ser ascendido.” 

Esa fue la frase que cambio mi vida para siempre; en un abrir y cerrar de ojos me vi atrapada en un mundo al que no pertenecía y lo peor es que fue por voluntad propia, o eso quiero pensar. 

~…~ 

Mi nombre es Irene Páez, soy psicólogo clínico, hija del medio de una familia modesta, compuesta de 6 personas. Mis padres, una pareja de mediana edad que posee una tienda de antigüedades; mi tía, hermana de mi mamá, es estilista a domicilio y comenzó a vivir con nosotros cuando mi madre enfermo hace cuatro años; mis dos hermanos; uno mayor por dos años que trabaja para una empresa relacionada con la producción de merca y una hermana menor, la cual está a punto de terminar la preparatoria.

En apariencia no soy una mujer fea, tampoco una belleza sin igual, uso el maquillaje justo para no verme deteriorada por las incontables noches sin dormir trabajando, mido aproximadamente un metro sesenta y uno; si me preguntan una buena altura para una mujer de 25 años, tengo el cabello liso negro, ojos color miel; contextura delgada y piel blanca sin gracia. Nada muy llamativo lo cual agradezco, pues odio llamar la atención.  

Como decía, mi vida era completamente común, de la casa al trabajo, del trabajo a la casa; lo único que salía del programa eran las reuniones semanales con mi mejor amiga Marie en un bar karaoke cerca de mi consultorio, para pasar el rato y ponernos al día, y con eso estaba feliz, hasta ese fatídico día cuando mi hermano mayor Nicolás, me llamo desesperado.

Y ahora, gracias a eso, me estoy arreglando para una cita con el millonario jefe de mi hermano, al que solo conocía por las constantes quejas de Nico. 

Terminaba de aplicarme el rubor para salir a esperar al taxi observando mi figura enfundada en un sencillo vestido azul noche con los hombros descubiertos de falda amplia acompañado de unos tacones del mismo color, mi cabello iba suelto adornado por una sencilla diadema blanca; cuando Nicolás entro en mi habitación de manera abrupta, en su rostro se notaba el agradecimiento que sentía en el alma. 

— ¿Qué quieres? — Pregunte con tono cansado.— No comiences a quejarte de mi apariencia…

— Solo venía a ver si estabas lista… — Murmuro mi hermano jugando con sus dedos.— Gracias, Irene. 

— Déjalo ya. — Gruñí mientras tomaba mi bolso de la mesa de noche.— ¿Me repites la razón por la cual debes buscarle una cita a tu jefe? 

—Ya te dije que no lo sé, solo me amenazo con despedirme, si no lo hacía.— Respondió mi hermano, abriéndome la puerta del cuarto para que saliera. — Gracias. 

—Ya deja de agradecerme… siento que me dará algo— Bromee antes de salir con paso calmado de mi habitación. 

Detrás de mí salió Nicolás, el cual tenía un pantalón de pijamas color verde botella y su cabello negro rizado iba alborotando a diferencia de cómo lo usaba para la oficina. En la sala se encontraba la más joven de nosotros, mi hermana menor Samantha, la cual estaba viendo televisión cuando fijo sus ojos color miel en mí.

—¿Y ese milagro?— Pregunto alzando una ceja. — Tú no vas al Karaoke con Marie ni de juego. 

Justo iba a responder cuando el claxon del taxi sonó y sin poder despedirme, Nico me empujo fuera de la casa. Negando suavemente subí al auto y le di la dirección a donde me dirigía al conductor, en unos minutos ya me encontraba en el “Royal Palace” uno de los mejores restaurantes de la zona, con algo de nervios, me baje del taxi, me acerque a la entrada; donde me recibió un recepcionista el cual solo me vio de arriba a abajo. 

— ¿Tiene reservación, señorita? — Cuestiono con un tono muy sutil de burla. 

A pesar de la ira que me causo eso, no me veía tan mal, era mi mejor vestido; muchos dicen que menos es más, aclarando la garganta coloque mi mejor sonrisa antes de responder. 

— Sí, vengo con el Señor Navarro.— Dije de manera confiada, la cual se agrandó al ver cómo el hombre abría los ojos con sorpresa. 

Con un gesto me indico que le siguiera, lo cual hice, más una vez que entre al establecimiento toda la confianza obtenida con mi minúscula victoria inicial, se esfumó completamente. Aquel lugar era lujo en cada centímetro, me sentía completamente diminuta.  Y antes de darme cuenta, el recepcionista me guio hacia una sala privada. 

— El señor Navarro se encuentra adentro, bienvenida. — Fue lo último que dijo el hombre antes de dejarme sola frente a la puerta de aquella sala. 

Mirando la puerta tuve que tomar aire antes de tomar el pomo con fingida seguridad y así poder ingresar. Apenas abrí la puerta, vi que el ambiente era más laboral que de tipo romántico; cosa que de alguna forma relajo los crecientes nervios que sentía en la boca del estómago, también me di cuenta de que solo había una persona más aparte de mí, aquella persona que estaba en el interior alzo su mirada, encontrándome con un par de ojos verde jade. 

— ¿Usted es Irene? — Pregunto el hombre. A lo que aún sorprendida asentí suavemente. Realmente no esperaba que el jefe de mi hermano fuera un hombre tan joven y menos tan guapo, realmente me imaginaba a un hombre entrado en los 50 años.— Un placer, Enzo Navarro, gracias por venir. 

 Tarde un par de segundos antes de reaccionar, entrando rápidamente y cerrando tras de mí, me acerque a la mesa sonriendo de manera cálida. 

 — Un placer, señor Navarro, gracias a usted por la invitación.— Dije suavemente tomando asiento.— ¿Lo he hecho esperar mucho tiempo? 

— Para nada.— Aseguro suavemente antes suspirar suavemente. — Me tomé la libertad de pedir un menú previo, pero antes de proseguir, quisiera hablar con usted de negocios. 

Mis ojos se quedaron fijos en el hombre frente a mí, me tomo por sorpresa la palabra “negocios”. Razón por la cual ladeando la cabeza mordí ligeramente mi labio inferior. Iba a matar a Nicolás si sobrevivía a esta noche. 

— Disculpe, no entiendo. — Susurre extrañada. 

El hombre frente a mí sonrió de manera amable, antes de que pudiera hablar, entro el sumiller en completo silencio, comenzando a servir vino en las copas que estaban dispuestas en la mesa. Aprovechando aquella interrupción, me di el tiempo para detallar a mi acompañante. 

Enzo era un hombre realmente guapo, si mis cálculos no fallaban, tenía una altura de un metro noventa aproximadamente, piel ligeramente bronceada, cabello marrón oscuro y unos profundos ojos verdes; no usaba barba o bigote, cosa que personalmente me agrado. 

Una vez que el sumiller salió, Enzo se aclaró la garganta, aun sonriendo de manera encantadora; y por alguna razón aquello solo me puso más nerviosa en vez de calmarme, y en mi mente solo se repetía la frase “Voy a matarte Nicolás”. 

— Bueno, señorita Páez, permítame explicarme, pues, noto que todo esto es muy confuso para usted. — Comenzó a decir el hombre riendo por lo bajo. — Veo que su hermano no le explico e intuyo fue una decisión muy acertada. Verá, su hermano y su padre tienen conmigo una deuda de casi un millón de dólares, la cual ha ido bajando con su arduo trabajo, aunque es realmente con mi padre dicha deuda, pero este ya no se encuentra entre nosotros. — Me informo el jefe de mi hermano. — Su hermano es un buen trabajador, por lo que le ofrecí bajar la deuda si conseguía a alguien que pudiera llegar a un acuerdo conmigo…

—Siento mucho lo de su padre, más no entiendo nada ¿Acuerdo?… ¿De dónde salió esa deuda? ¿Por qué yo? —Solté sin pensarlo, logrando que el hombre frente a mí se riera.— Señor… 

— A mí me sorprendió que la enviara a usted y el porqué le explico hace unos años su padre y su hermano, amablemente, le pidieron un préstamo a mi padre para pagar la hipoteca de la tienda de antigüedades de su familia. Tengo entendido que tuvieron que hipotecar la tienda para pagar una operación de emergencia para su madre, ¿no? — Me informo Enzo, sus ojos verdes no se despegaban de mí.

En ese momento todo cobro sentido, mi madre hacía unos cuatro años aproximadamente se enfermó de gravedad y tuvo que ser operada de emergencia para salvarle la vida. La familia no estaba en una buena situación económica y yo aún estaba en la universidad, en ese momento nunca me pregunte cómo mi padre y hermano encontraron el dinero, con el tiempo se me olvido el tema.

—Comprendo todo eso. — Murmure intentando digerir toda la información. 

— Voy para allá querida. — Dijo soltando una ligera risa.— Resulta, pasa y acontece que, me encuentro en una situación que para nada es de mi agrado y requiero de manera semi urgente una esposa y usted cumple con los requisitos para cubrir ese puesto. — Agrego antes de darle un trago corto a su vino. — Esta necesidad nace de la presión sin sentido de mi madre en que siente que cabeza, originalmente le pedí a su hermano una candidata que fuera de confianza y él la propuso a usted, sorprendentemente. 

Toda la información daba vueltas en mi cabeza, por lo que dejando la elegancia de lado me tome completamente la copa de vino antes de juntar valor y responder. Sin embargo, el Ceo me interrumpió aún con esa expresión amable en su rostro. 

— Señorita Irene, es una propuesta laboral; algo extraña. No obstante, le pido que piense bien antes de responder, pues si bien estoy buscando una esposa es más a modo de una transacción donde ambos sacaremos beneficios, algo así como una novia por alquiler. — Enuncio Enzo colocando sobre la mesa una carpeta. — En esta carpeta se encuentra una copia del contrato en cuestión, con los términos y condiciones, claro, usted puede agregar, quitar y negociar. El contrato tendría una longitud de dos años, una boda por civil y un divorcio programado, todo corriendo por mi cuenta. 

— ¿Me daría 24 horas y la copia del contrato par tomar mi decisión? — Pregunte torpemente. 

— Claro, ahora continuemos con la velada y la espero mañana en la tarde en mi oficina con la respuesta. — Enuncio el hombre con una sonrisa aún. — La cual espero sea una afirmativa, realmente una oportunidad como esta no se le volverá a presentar Irene. — Me dijo a lo que asentí, tomando la carpeta que me tendía algo apenada.

El resto de la velada paso sin problema alguno, el señor Navarro se comportó como un completo caballero conmigo, posterior a llevarme hasta mi casa, me recordó el horario en el que esperaba mi respuesta. 

~…~ 

Nicolás se encontraba sentado en el sofá y cuando me vio entrar se puso completamente pálido. Juntando las manos a modo de súplica señalo mi cuarto, a lo que asentí, una vez entramos ambos se arrodilló frente a mí. 

—No le digas a papá, le dije que yo me haría cargo, ya tiene suficiente estrés, hermanita, por favor; mamá, mucho menos puede enterarse.— Dijo ante de tragar saliva. — Por favor, acepta, prometo compensártelo. — Suplico con voz entre cortada. 

— A veces te odio, sal del cuarto y no me molestes hasta mañana. — Gruñí. 

Inmediatamente, después Nico salió más rápido que un suspiro, al quedarme sola, me quite los tacones y la diadema lanzándome a la cama, tenía muchas cosas que pensar y menos de 24 horas para tomar una decisión que posiblemente cambiaria mi vida.

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