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Portada de la novela Secretos en el Ático

Secretos en el Ático

El magnate tecnológico Adrian Thorne no puede olvidar a la misteriosa mujer de una mascarada, ignorando que se trata de Sofía Valenti, su jefa de seguridad. Ella oculta un embarazo fruto de ese encuentro y utiliza tecnología avanzada para trabajar a su lado sin ser descubierta. Mientras conviven en el exclusivo ático corporativo, la intensa atracción mutua pone en riesgo el secreto de Sofía: el heredero que Adrian nunca deseó ya está en camino.
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Capítulo 2

30 días despuees.

El silencio del amanecer en el pequeño apartamento de Sofía era ensordecedor. No era el silencio de la paz, sino el de la anticipación antes del desastre. Sobre el mármol frío del lavabo, un pequeño objeto de plástico blanco con una ventana digital parecía emitir una luz propia, aunque solo mostraba dos líneas paralelas de un rosa agresivo.

Positivo.

Sofía Valenti, la mujer que había escoltado a diplomáticos a través de zonas de guerra y que era capaz de desarmar a un hombre el doble de su tamaño en tres segundos, sintió que sus rodillas cedían. Se sentó en el suelo del baño, con la espalda apoyada contra los azulejos fríos, y cerró los ojos. En su mente, como una película que se negaba a detenerse, se repetían los fragmentos de aquella noche en el ático de la Torre Thorne. El olor a sándalo, la firmeza de las manos de Adrian Thorne sobre su piel y la forma en que el control de ambos se había evaporado como el humo.

-Maldita sea, Adrian -susurró, con la voz quebrada.

Ella sabía quién era él. Sabía que para Thorne, un hijo no era una bendición, sino una amenaza a su arquitectura de poder. Recordó sus palabras exactas en una entrevista que ella misma había analizado por seguridad: "La herencia es el cáncer de la ambición". Él no quería un heredero; él quería un legado de acero y cristal que muriera con él.

Sofía se puso de pie, obligándose a recuperar la compostura. El pánico era un lujo que no podía permitirse. Como profesional de la seguridad, su primera reacción fue evaluar los daños y buscar una ruta de escape. Pero el destino tenía otros planes.

Su teléfono vibró sobre el lavabo. Era una notificación de alta prioridad de su propia agencia de seguridad, "Valenti Tácticos". Al abrir el correo, el mundo volvió a tambalearse. Su principal cliente, una multinacional de transporte, acababa de declarar la quiebra tras un escándalo de fraude masivo. Con ellos, se iba el 80% de los ingresos de su empresa. En menos de una hora, Sofía no solo estaba embarazada del hombre más implacable del país, sino que también estaba al borde de la ruina económica.

-Un problema a la vez -se dijo a sí misma, mirándose al espejo.

Sus ojos, verdes y decididos, estaban rodeados por ligeras sombras de insomnio. Se lavó la cara con agua helada. Tenía ahorros, pero no los suficientes para enfrentar un embarazo de alto riesgo y relanzar una empresa. Necesitaba un trabajo, y lo necesitaba ahora.

Pasó el resto de la mañana liquidando los contratos de sus pocos empleados, dándoles las indemnizaciones que merecían aunque eso significara vaciar su cuenta personal. Para el mediodía, Sofía Valenti, la Jefa de Seguridad que todos respetaban, estaba oficialmente desempleada y con una vida creciendo en su interior que nadie podía conocer.

Encendió su computadora y revisó las alertas de empleo para perfiles de alto nivel. Una vacante resaltaba sobre todas las demás, brillando con una ironía cruel:

POSICIÓN: Jefe de Seguridad Corporativa - Thorne Industries.

Descripción: Se requiere experto en contrainteligencia, protección ejecutiva y gestión de crisis. Disponibilidad total. Reporte directo al CEO.

Era una locura. Era caminar directamente hacia las llamas. Pero también era el único puesto en el país con un seguro médico de cobertura total para ejecutivos, un salario de seis cifras y, lo más importante, la posición estratégica perfecta para vigilar a Adrian Thorne de cerca sin que él sospechara que ella era la mujer de la mascarada.

"Él no me vio la cara completa", pensó Sofía, recordando la máscara de encaje y las luces tenues del ático. "Para él, solo fui un cuerpo, una noche de debilidad que seguramente ya ha borrado de su agenda".

Sofía abrió un cajón secreto de su escritorio y sacó un prototipo que había adquirido meses atrás en una feria de tecnología militar en Tel Aviv: un sistema de compresión biomecánica diseñado para que los agentes encubiertos pudieran ocultar equipo bajo la ropa sin alterar su silueta. No estaba diseñado para ocultar un embarazo, pero con unas cuantas modificaciones de software, podría funcionar.

-Si quieres la guerra, Adrian, te daré la mejor defensa que hayas visto -murmuró mientras empezaba a redactar su currículum, omitiendo cualquier detalle que pudiera vincularla con la agencia externa que trabajó en la gala.

Esa tarde, Sofía envió la solicitud. Sabía que su historial era impecable y que Thorne Industries no encontraría a nadie mejor. Lo que no sabía era si su corazón sería capaz de resistir la cercanía del hombre que, sin saberlo, ya había cambiado su destino para siempre.

Mientras enviaba el archivo, una punzada de náusea la golpeó. Se llevó la mano al vientre, todavía plano, y sintió un escalofrío. El juego había comenzado. Ella ya no solo protegía activos corporativos; ahora protegía al único heredero que Adrian Thorne juró que nunca existiría.

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