Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Renacida, adiós a la esposa del Don

Renacida, adiós a la esposa del Don

Tras ser forzada a casarse con Gideon, el implacable Don de la mafia que la despreciaba por creerla una usurpadora, la protagonista vive un infierno de desprecio que culmina en su trágica muerte y la de su hijo en una montaña nevada, abandonada por su esposo y sus propios padres. Al reencarnar justo el día del regreso de su hermana, decide romper el ciclo. En esta nueva vida, rechazará mendigar el afecto de su familia y del frío mafioso, decidida a reclamar su propio destino y libertad.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

Cuando mi hermana menor se fue al extranjero, terminé casándome con el Don de la mafia en su lugar.

Cinco años después, no éramos más que dos extraños que se odiaban a muerte.

Él me despreciaba, de verdad. Estaba convencido de que había echado a mi hermana para quedarme con su puesto, armando todo un plan.

Por mi parte, lo odiaba, porque siempre me trató como si fuera un simple reemplazo, negándome un lugar en el mundo.

Mi falta de lugar en esa casa avergonzó tanto a mis padres, que el amor que me tenían se pudrió hasta volverse odio.

Al final, mientras ellos celebraban la Navidad con mi hermana, él y mis padres me dejaron tirada en esa montaña nevada. Bajo ese frío que calaba los huesos, di mi último aliento junto al hijo que nunca pude cargar en mis brazos.

Mientras yo me consumía en el frío, ella era el centro de atención, disfrutando de todo el cariño en la mejor Navidad de su vida.

Pero al abrir los ojos de nuevo, estaba de vuelta en el día que ella regresó. Esta vez, no pienso mendigarles ni un poco de amor ni a Gideon ni a mis padres.

—Señorita Quinn, felicidades, está embarazada de tres meses.

Me limité a mirar al médico, con el rostro completamente inexpresivo. Por más que busqué, no encontré ni una pizca de felicidad en mi corazón.

El doctor, emocionado, ya iba a agarrar el celular para llamar a Gideon Wade, pero lo detuve antes de que pudiera marcar.

—No lo haga. No hace falta.

Las enfermeras se intercambiaron miradas, totalmente desorientadas.

Para ellas, como yo era la mujer del Don, este bebé debería ser el mayor orgullo de la familia.

No les entraba en la cabeza que yo quisiera mantenerlo en secreto. Pero lo que no sabían era que, si alguien se llegaba a enterar, este niño moriría conmigo... igual que en mi otra vida.

En mi vida anterior, Gideon y mis padres se llevaron a mi hermana a la montaña para pasar la Navidad, apenas ella volvió del extranjero. Yo los seguí en silencio, mirando a la distancia cómo se reían y disfrutaban como si yo no existiera.

Cuando el clima empeoró, Gideon pidió un helicóptero para regresar.

Pero ni siquiera cuando el aparato aterrizó, se acordaron de que yo seguía ahí.

Me congelé en esa montaña, junto al hijo que llevaba en mi vientre.

Por suerte, el destino me dio otra oportunidad. Volví justo al día en que me enteré del embarazo y el mismo día en que mi hermana regresaba a casa.

La consentida de mis padres y la verdadera dueña del corazón de mi esposo había regresado.

Pasé de largo frente a las enfermeras y al doctor, dejándolos con la palabra en la boca, y me fui directo a casa.

Al llegar, marqué el código de la puerta como siempre, pero no abrió. Lo intenté una y otra vez, y nada. Fue entonces cuando me di cuanta: estaba viviendo exactamente la misma escena de mi vida pasada.

Desde que ella regresó, todo en esa casa cambió para darle el gusto. Hasta la clave de la puerta la habían cambiado por la fecha de su cumpleaños.

Lo pensé un segundo y marqué: 0-6-0-4.

La puerta cedió de inmediato.

Esbocé una sonrisa amarga y apenas iba a entrar cuando me estrellaron un fajo de papeles en toda la cara.

—Firma el divorcio —soltó la voz fría de mi madre.

Me limpié con calma el hilo de sangre que me corría por la frente y, sin decir nada, estiré la mano.

—Dame una pluma.

Bastó eso para que la habitación se quedara en completo silencio.

Mi hermana fue la primera en reaccionar con una risita burlona.

—Vaya, qué rápida nos saliste. Evelyn, más te vale no estar tramando ninguna tontería.

Mi padre soltó una carcajada seca.

—Bueno, al menos ya entendió cuál es su lugar. Si Bella no se hubiera ido al extranjero, ¿de verdad crees que habrías llegado a ser la esposa del Don? En cuanto Gideon supo que ella regresaba, mandó un avión privado y a todos sus escoltas a buscarla.

—Evelyn está cooperando porque quiere salvar lo poco que le queda de dignidad —añadió mi madre—. Sabe perfectamente que le conviene irse por las buenas, antes de que la saquemos a patadas.

Bella soltó un suspiro fingido, cubriéndose la boca como si apenas lo entendiera. Luego, se le colgó del brazo a mi padre con naturalidad.

—¡Ay, papá, qué inteligente eres! A mí ni se me había ocurrido.

Mis padres soltaron la carcajada, mimándola como siempre y haciéndole un cariño en la nariz.

Yo me quedé a un lado, sintiéndome como una extraña en mi propia casa.

Bella me lanzó una mirada de triunfo, pero no le di el gusto de verme afectada. En lugar de eso, recogí los papeles del suelo y firmé sin pensarlo dos veces.

A ella se le borró la sonrisa de golpe. Me arrebató los papeles de las manos, sin poder creérselo.

—Vaya, qué decidida nos saliste, ¿eh?

Por supuesto que lo estaba. No iba a cometer el mismo error dos veces.

Sin decir una palabra más, me di la vuelta para subir, pero Bella me cortó el paso de inmediato. Me señaló el espacio en blanco en los papeles con una sonrisa cínica.

—Consigue la firma de Gideon. No lo voy a hacer yo. No quiero que piense que ando tramando algo o que estoy desesperada por él. Tienes tres días para dejar listo el divorcio. Después de eso, te largas de esta casa y de la vida de Gideon para siempre.

Me clavó la mirada, buscando alguna grieta en mi actitud, algún rastro de dolor. Pero yo solo le sonreí con calma.

—Claro. No te preocupes, es lo que más quiero.

Moría de ganas por dejar atrás a esta familia que nunca me amó y al hombre que convirtió mi vida en un infierno. Tomé los papeles y subí las escaleras sin mirar atrás.

A mis espaldas, mis padres ya andaban de un lado a otro ayudando a Bella a arreglarse. Después de todo, su fiesta de bienvenida estaba por empezar... una fiesta que el mismo Gideon había organizado con lujo de detalle.

Incluso después de renacer, no pude quitarme de la cabeza lo en serio que lo tomó en mi vida pasada.

Aunque había vuelto a nacer, no podía borrar de mi mente todo lo que él hizo por mí en mi vida pasada. Él mismo eligió cada cosa, hasta las flores de los jarrones. Un hombre tan poderoso, moviendo cielo y tierra solo por una mujer.

Fue en ese evento cuando mi familia entendió por qué él nunca me dio mi lugar. La razón era simple: la mujer que amaba era otra. Ahora que ella estaba de vuelta, la verdadera señora de la casa reclamaba su trono.

Subí a mi habitación para empacar, solo para encontrarme con que la mitad de mis cosas ya habían desaparecido.

Se me escapó una sonrisita amarga mientras arrastraba mi maleta vacía hacia la puerta.

Al salir, me topé de frente con Gideon. Llevaba un traje impecable, cortado a la medida, y se notaba a leguas que se había arreglado como nunca.

Recorrió con la mirada mi vestido sencillo y se detuvo en la maleta. Su voz sonó como un balde de agua fría:

—¿A dónde crees que vas?

Antes de que pudiera abrir la boca, Bella bajó las escaleras casi corriendo y me sujetó del brazo.

—Evelyn, ¿por qué te cuesta tanto aceptarme? Solo quiero estar con mis papás. ¿De verdad tienes que armar este escándalo e intentar escapar?

—¿Escapar? —la risa seca de Gideon cortó el aire—. Evelyn, no sabía que tenías tanto pantalones.

Bastó una sola mirada suya para que sus hombres me arrebataran la maleta y la tiraran por ahí como si fuera basura. Entonces, siguió con una orden tan fría que calaba los huesos.

—Hoy es la fiesta de Bella. Eres su hermana, así que no vas a ninguna parte. Ve a cambiarte ahora mismo. No nos hagas pasar vergüenza frente a ella con esa cara de funeral.

Me quedé ahí, inmóvil, hundiendo las uñas en las palmas de mis manos. Antes de que ella regresara, Gideon nunca fue el hombre más cariñoso del mundo, pero al menos me respetaba.

A veces, cuando la gente se burlaba de mí porque no era su esposa "oficial", él me rodeaba con sus brazos y me susurraba al oído para calmarme

—Evelyn, no les hagas caso. No importa lo que digan los demás; tú tienes mi amor y con eso es más que suficiente.

¿Amor? Qué hipocresía. Ese hombre que juraba amarme se olvidó de que yo existía en cuanto mi hermana puso un pie en la casa.

Al ver que yo no reaccionaba, Bella se apresuró a intervenir.

—Gideon, no seas tan duro con ella. Después de todo, sigue siendo tu esposa...

Él guardó silencio un momento y me clavó la mirada. Al ver que mi rostro seguía siendo una piedra, sus facciones se endurecieron todavía más.

—¿Y ahora qué? ¿Qué esperas? ¿Quieres que yo mismo te suba a cambiarte?

Agaché la cabeza. Tenía un nudo en la garganta que no me dejaba ni respirar. Sin más, saqué los papeles y se los entregué.

La cara de Bella cambió en un segundo. Era obvio que no se esperaba que sacara los papeles en ese momento. Antes de que ella pudiera abrir la boca, me adelanté:

—Es una orden del hospital de hoy. Necesito que me firmes.

Gideon frunció el ceño, extrañado.

—¿Estás enferma?

—Solo un chequeo de rutina —respondí con calma.

Él asintió y firmó sin siquiera fijarse en lo que decía el documento. Guardé los papeles en mi bolso y subí las escaleras sin mirar atrás. A mis espaldas, escuché cómo Bella alzaba la voz a propósito:

—Gideon, ¿por qué eres tan frío con ella? Pobre Evelyn, todavía es tu esposa.

Su voz bajó de tono, pero rasgó el silencio de la casa como una cuchilla.

—No lo es.

Esas tres palabras me hicieron detenerme en seco. Sentí que se me escapaban las fuerzas del cuerpo.

Tantas veces le pregunté por qué se negaba a reconocer nuestro matrimonio ante el mundo. Él siempre salía con el mismo cuento: "No quiero que te pase nada. Sabes cuánta gente me quiere muerto. Ser mi esposa es vivir con una pistola en la nuca todo el día."

En ese entonces, le creí... hasta se lo agradecí. Nunca me imaginé que terminaríamos así, que me trataría como si yo no valiera nada.

Sentí el corazón hecho pedazos. Cada vez que respiraba, era como si una aguja se me clavara en el pecho.

Me limpié las lágrimas, me llevé la mano al vientre y sonreí para mí misma.

Si yo no era digna de él, entonces no le quitaría más el tiempo. Al fin y al cabo, esta sería la última vez que nos veríamos.

También te puede gustar

Portada de la novela Amor Diabólico
9.3
Tras la quiebra de su linaje aristocrático, Celia cae bajo el yugo de Hogan, un director ejecutivo tan déspota como gélido. Lo que comienza como una relación forzada por la necesidad y el carácter autoritario del millonario, se transforma cuando ella descubre una calidez oculta en él. No obstante, este idilio se desmorona al revelarse una verdad devastadora: el mismo hombre que la adora está destinado a ser el artífice de su mayor sufrimiento.
Portada de la novela Amor Exento del Tiempo
9.5
No todos los vínculos se forjan con amor; el mío nació de una traición devastadora. Mi propia madre me drogó para entregarme a Robbie, pero el destino me unió en matrimonio con su hermano. En ese mundo de riquezas, descubrí que la gloria y el abismo están separados por una línea muy fina. Entre lujos que esconden verdaderos infiernos, la incertidumbre reina mientras busco sobrevivir a una conspiración cruel donde nadie sabe quién quedará de pie.
Portada de la novela CEO gelido, amor ardiente
7.8
Después de un año de casados sin pasión ni cercanía, Scarlett decide pedir el divorcio a su frío esposo, un poderoso CEO. Ante su sorpresa, el magnate se niega a dejarla marchar y empieza a mostrar una faceta desconocida para retenerla a su lado. Entre el entorno corporativo y una atracción latente que resurge, la pareja se enfrenta a un dilema crucial: luchar por reconstruir su vínculo o aceptar el final definitivo de su matrimonio.
Portada de la novela De Cenicienta a Reina de Nueva York
9.6
La vida de Angelina se quiebra cuando su madre la obliga a un matrimonio pactado con Eduardo Garza. Al mismo tiempo, Daniel e Ismael, sus amigos de siempre, la dejan de lado por Judith, una becaria manipuladora. Tras un accidente y una grave crisis de salud ignorada por su entorno, Angelina despierta a la realidad. Decidida a ser libre, rompe sus lazos afectivos y planea abandonar México para dejar atrás la traición y comenzar de nuevo lejos de todos.
Portada de la novela El amante que se convirtió en mi asesino
9.4
Después de ocho años construyendo un imperio, ella sufre la traición más cruel: su pareja la entrega a sicarios y le arrebata a su hijo por salvar a otra mujer. Mientras agoniza, se siente una reina descartada por un peón. No obstante, el destino le otorga una oportunidad al despertar en el pasado, el mismo día que comenzó su desgracia. Con el conocimiento del futuro, decide reescribir su historia y proteger su vida antes de que la tragedia se repita.
Portada de la novela El Legado de un Amor Prohibido
8.8
Después de un exilio de cinco años en España, vuelvo a México con la pequeña Luna. Ricardo, el tío que me desterró por amarlo en secreto, me recibe con desprecio. Durante una cena, su esposa Elena intenta humillarme con mentiras para apartarme. Para defenderme y herirlo a él, aseguro que Luna es mi hija y que estoy casada. La batalla ha comenzado; no dejaré que me derroten de nuevo mientras enfrento las sombras de este amor prohibido y peligroso.