
Príncipe del Mar
Capítulo 2
Mateo era pescador.
Mudo.
Su vida era el mar, el olor a lonja.
Ese olor que de niño le trajo burlas.
Estaba casado con Isabella Alarcón.
Ella, heredera de viñedos, de tierras.
Su familia, poderosa.
Isabella lo controlaba todo.
Detrás de su amor protector, escondía una crueldad sádica.
Isabella se encaprichó de Leandro Fuentes.
Un académico, poeta.
Pretencioso.
Su familia "culta" estaba en la ruina.
Leandro la manipulaba.
Se hacía el intelectual sensible, la víctima.
Isabella quería saber dónde estaba Leandro, que había desaparecido fingidamente.
Amenazó a Mateo.
"Si no me dices dónde está, tus padres se ahogarán en el Atlántico."
En una pantalla gigante, los matones de Isabella mostraban la escena.
Los padres de Mateo, ancianos, atados.
Mateo, con la garganta seca por el terror, negó con la cabeza.
Hizo señas.
No sabía nada.
Sus manos temblaban.
Isabella no le creyó.
Sus ojos eran fríos, duros.
"No me mientas, Mateo."
La voz de Isabella era un susurro peligroso.
Él insistió, sus gestos eran desesperados.
Quería gritar, pero solo salían sonidos ahogados de su garganta.
Su impotencia era un nudo en el estómago.
Isabella había tenido otros hombres.
Muchos.
Pero siempre volvía a Mateo.
"Ellos son pasatiempos, Mateo," le había dicho una vez.
"Tú eres mío. Solo mío."
Su justificación era retorcida.
Su posesividad, inquebrantable.
Creía que su "amor" le daba derecho a todo.
A sus caprichos, a sus amantes, a la vida de Mateo.
Una noche, Mateo intentó hablar con ella.
Le escribió una nota.
"No puedo más. Déjame ir."
Isabella leyó la nota.
Su rostro se transformó.
La dulzura fingida desapareció.
Agarró a Mateo del pelo.
"¿Dejarte? ¿Crees que puedes abandonarme?"
Lo golpeó.
"Nunca te irás de mi lado, Mateo. Nunca."
El miedo se apoderó de él.
Estaba atrapado.
Isabella ordenó la "ejecución".
Mateo vio en la pantalla cómo sus padres eran arrojados al mar.
En realidad, Isabella los envió a una isla remota.
Su mundo se derrumbó.
El dolor era insoportable.
Un grito mudo se ahogó en su pecho.
La víctima se transformó.
Ahora solo quería venganza.
Con el corazón destrozado, buscó a Javier.
Su único amigo.
El veterinario del pueblo.
Leal, ingenioso.
Javier conocía sus traumas.
Mateo le pidió ayuda por señas.
Necesitaba un veneno.
Indetectable.
Javier lo miró.
Comprendió su desesperación.
"Te ayudaré, amigo."
Le dio una sustancia.
"Esto simulará una muerte lenta."
Y le susurró un plan.
Mateo regresó a la mansión.
Isabella lo esperaba.
Junto a Leandro.
El poeta "reapareció".
Los hombres de Isabella lo encontraron en la vieja caseta de pesca de los padres de Mateo.
Isabella sonrió con malicia.
"Pídele perdón a Leandro, Mateo."
"O te encerraré en la caseta. Con pescado podrido."
Ese olor.
El trauma de su infancia.
Mateo se negó.
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