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Portada de la novela One Last Time [+18]

One Last Time [+18]

Tetsu despreciaba la fama de los hermanos más populares de su instituto, viéndolos solo como chicos guapos rodeados de fanatismo vacío. Para ella, su atractivo no justificaba el revuelo que causaban entre las demás estudiantes. No obstante, su perspectiva cambia radicalmente cuando ambos fijan su interés en ella. Al acercarse con intenciones inesperadas, estos jóvenes desafían sus prejuicios y transforman su monótona realidad en algo complejo.
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Capítulo 2

CAPÍTULO DOS

Insoportable,

¿Qué diablos había hecho para merecer eso? Se preguntaba Tetsu mientras tomaba de su helado con una clara expresión de aburrimiento mientras su amiga continuaba hablando sobre aquel par de hermanos.

Los hermanos Haitani aquí, los hermanos Haitani allá, que los hermanos Haitani esto y lo otro. Kioko estaba más que consciente del desagrado de la chica por los hermanos, pero continuaba haciéndolo, porque a pesar de detestar que le hablasen de ellos, seguía siendo la única persona que realmente le escuchaba, aunque fuese a malas.

— Están en último año, nosotras en penúltimo, el otro año se irán y no volverás a verlos ¿No lo has pensado?

— Claro que lo he pensado, Tetsu, pero... Bueno, la esperanza es lo último que se pierde. — La castaña rodó los ojos, negando. — Por cierto ¿Cómo no puedes estar emocionada? Los hermanos Haitani parecían curiosos sobre ti, deberías de sentirte afortunada.

— Me sentiría muy afortunada si esos dos desaparecieran de mi vista.

— ¿De qué hablas? No es como si los tuvieras al frente. — Kioko notó que los ojos de la mayor observaban por detrás de ella, al girarse, su respiración se detuvo por unos segundos, mirando a dos hermanos caminando por el sitio. — Ay, dios.

— Me largo.

— ¡No! — La menor tomó a su amiga de las manos, obligándola a sentarse nuevamente. — Por favor, solo un rato más.

— Eso dijiste en la mañana. — Yamagawa soltó un largo suspiro. — Realmente te empezaré a cobrar por esto, Kioko.

— Hazlo entonces. — La chica se giró un poco, notando a los dos chicos entrar al local en donde ellas se encontraban, Tetsu solamente pudo recostarse en su asiento y hacer lo que cualquier persona normal no obsesionada haría: Ignorarlos.

Sorbió lo restante de su helado, comenzando a devorar el pequeño postre frente a ella en silencio, mientras observaba a su amiga mirar embobada hacia el mostrador, en donde probablemente estarían los dos chicos.

Una de las cejas de Tetsu se elevó al notar como la chica frente a ella comenzaba a sonrojarse rápidamente, mirando hacia un punto fijo, cuando Tetsu quiso entenderlo, ya era muy tarde.

— Hey. — Sus ojos fueron velozmente hasta los dos chicos frente a ella, notando dos pares de ojos violeta sobre ella. — ¿Les importa si las acompañamos?

— En realidad ya nos íbam-

— ¡No importa! — Interrumpió Kioko, Yamagawa bufó, corriéndose en el largo asiento acolchonado, dejando así espacio para uno de los chicos, su amiga hizo lo mismo.

A su lado tenía al hermano de las trenzas, y Kioko al de lentes.

— ¿Cómo se llaman? — Preguntó sonriente el chico a su lado, Tetsu le miró por unos segundos antes de sonreír con diversión.

— María Guadalupe de la Trinidad y de los siete Santos. — Pronunció en español, notando los rostros confusos de las otras tres personas. — Es español, tarados.

— Oh... ¿Eres extranjera? — La chica miró al hermano de lentes con obviedad. — Supongo que es un sí.

— Lo siento, Tetsu no es muy social. — Se disculpó la menor, riendo con notable nerviosismo.

— ¿Tetsu? ¿Ese es tu nombre?

— Podría decirse. — El chico de trenzas elevó una ceja. — Por supuesto que no es mi nombre de pila, es mi nombre japonés, es todo.

— Oh, entiendo. — La sonrisa volvió a estirarse en el rostro del chico a su lado. — Tetsu es un bonito nombre.

— No intentes coquetear conmigo. — Ambos hermanos se miraron entre sí. — ¿No preguntaban por nuestros nombres? Ella es Yamada Kioko, a diferencia de mí, pueden socializar con ella todo lo que quieran.

— Debes de ser el alma de la fiesta ¿No? — Bromeó el chico de lentes esperando sacarle una sonrisa a la chica, pero su rostro no mostró ninguna reacción.

— ¿Te crees muy graciosito, imbécil cuatro ojos? — Tetsu sacó su billetera.

— ¿Qué significa? — Preguntó curioso el chico de lentes.

— Significa que te vayas a la mierda. — Tetsu se puso de pie, sin importarle pasar frente al chico de las trenzas y casi rozar su trasero contra su cara, si lo incomodaba, mejor, así no los tendría cerca. — Kioko, vámonos, no te dejaré aquí con dos hombres.

— Uhm, bien. — La chica miró al hermano de lentes, quien se puso de pie, dejando pasar a la menor, quien caminó al lado de la castaña.

— Vaya mujer. — Ran miró a su hermano, quien rodó los ojos.

— Qué insoportable que es ahora.

— Creo que ustedes dos se llevarían bien. — Ran se apoyó en la palma de su mano mientras bebía de su batido. — Ambos son tan amargos que seguramente conectarían al instante.

— Jódete, Ran.

El hermano mayor tan sólo rio, observando como las dos chicas salían del local, la más baja de ellas quejándose con la mayor, quien sólo le ignoraba. Rindo también giró su rostro, mirándolas hasta que estas desaparecieron por la distancia.

[...]

Tetsu se dejó caer en su cama, mirando por unos segundos el techo de su hogar, le parecía ridícula la obsesión que su amiga tenía con aquellos dos hermanos. Después de salir del local en el que se encontraron con ambos chicos, Kioko pasó quejándose de su mala actitud frente a ellos, por supuesto Tetsu no le prestó gran atención, ya la pelinegra sabía cómo era ella con los desconocidos, en especial si no le agradaban.

Pero Tetsu debía admitirlo, aunque fuera molesto hacerlo, ambos hermanos tenían su atractivo, incluso si le decía a su amiga que eran horribles y que su gusto era del asco, Yamagawa estaba consciente del atractivo de los dos chicos era grande.

— Claro que son guapos, pero no es necesario obsesionarse de esa manera... — Se dijo a sí misma la chica, frunciendo su ceño. — Ni loca andaría con unos chicos como ellos, hugh.

La puerta principal de su casa sonó, esta se abrió y segundos después se cerró. Fue instinto de la chica bajar, encontrándose con su padre, quien recién llegaba a la casa con un maletín en manos.

— Papá. — Tetsu se acercó, dándole un fuerte abrazo el cual fue correspondido.

— Amalia ¿Cómo te fue hoy en la escuela, cariño? — Preguntó amablemente su padre, caminando hacia su habitación.

— Me fue muy bien. — La chica le siguió, sonriente, debía admitir que era muy cercana a su padre, no tanto como con su madre, pero su relación era increíblemente buena. — Solo que no entiendo nada de química.

— También era malo en química de joven. — Su padre dejó su maletín sobre la cama, girándose para ver a su hija. — ¿Le has pedido ayuda a tu amiga? ¿Cómo se llamaba...?

— Kioko. — El hombre asintió. — Se la pediría de no ser porque se la pasaría hablando de los chicos que le gustan.

— ¿Sí? — Su padre rio mientras se quitaba el saco. — ¿Aún no hay ningún chico que te atraiga? Me parece raro que a tu edad aún no te interese nadie.

— No, no hay nadie, prefiero centrarme en la escuela. — Tetsu suspiró. — ¿En dónde está mamá?

— Ella debió quedarse a terminar unos asuntos, tardará un poco más así que me pidió que volviera antes. — La chica asintió.

— Bien, estaré en mi habitación, llámame cuando sea la hora de la cena.

— Claro.

La menor se giró, volvió a su habitación y suspiró dejándose caer una vez más sobre la cama, esta vez en un intento por descansar unas pocas horas antes de cenar.

Sus ojos se cerraron, y la molestia llegó a ella cuando al unir sus párpados solo podía recordar los rostros de dos hombres que no soportaba tener cerca. ¿No podía pensar en otra cosa? No quería tenerlos cerca, mucho menos en sus pensamientos.

Mentalmente Tetsu mostraba su dedo corazón a aquellos rostros en su cabeza, podría parecer loca, pero realmente los detestaba a ambos.

— Jódanse, hermanos Haitani.

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