Portada de la novela Contrato de amor en Venecia

Contrato de amor en Venecia

9.0 / 10.0
En Contrato de amor en Venecia, una madre lo arriesga todo por sus hijos ante el egoísmo de un hombre. Esta novela romántica explora la resiliencia femenina y la superación personal. Lee historias de romance y libros de ficción en esta obra sobre sacrificios y anhelos cumplidos.
Resumen de Contrato de amor en Venecia
Con los canales de Venecia como telón de fondo, esta historia profundiza en el marcado contraste entre el egoísmo de ciertos hombres y la entrega incondicional de las madres dispuestas a todo por su descendencia. La obra narra el paso de aquellas mujeres que, tras ser las protegidas de sus padres, deben encarar crudas realidades actuales. Es un viaje de superación y resiliencia femenina donde, tras la lucha, el éxito y los sueños se hacen realidad.
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Contrato de amor en Venecia Capítulo 1

Le suelto una advertencia al abusador, prefiero eso, antes que abofetear al

baboso cuñado de mi jefe. Estoy harta de tener que escabullirme para evitar los

acosos de los hombres con los que trabajo.

En esta oportunidad, mi jefe se encuentra de viaje, por lo que decido quedarme

sola, en la oficina, a la hora de la comida. En aparente tranquilidad.

Mis compañeros salieron, almuerzo y leo unos capítulos del libro de turno.

Pasada media hora, llaman a la puerta, es el señor Carmelo, esposo de la

hermana de mi jefe. Cada vez que me ve, noto en él, esa extraña mirada y la

expresión de su rostro me incomodaba. Me encuentra sola y me pide que le haga

los duplicados de algunos documentos.

Nos dirigimos al área donde están los equipos. Le doy la espalda y comienzo a

sacar las copias. En ese momento, siento como me pasa la carpeta que lleva en

sus manos por las nalgas. Es una sensación tan desagradable, que me contengo

para no gritar. Me volteo, de inmediato y, mirándolo a los ojos, lo amenazo con

decirle a su mujer. Por el tono de mi voz, sabe que hablo en serio. Él se echa

hacia atrás y se retira, diciéndome que pasará luego.

Llega el gerente de la empresa, me siento a conversar con él y le cuento lo

sucedido. Este lo toma con poca seriedad, aunque trata de disimular. Y, de

repente, suelta una carcajada.

Al mirar que yo estoy fastidiada por su actitud, se pone serio y me pide disculpas.

— No te irrites, es que me parece gracioso que ese gordo se atreva a tanto. La

próxima vez que te falte el respeto, le das una buena cachetada —. Continuó

riendo.

— Esta vez, me he aguantado — le dije, pero le advertí que le contaría a su mujer,

si lo volvía a hacer.

Terminada la reunión, me retiro a mi oficina. El presidente del grupo se encuentra

de viaje. No tengo a quien más acudir.

Esta bendita tarde la paso brava. ¡Coño! — me digo — ¡Renuncia! ¡Ya!.¡Encuentra

otro trabajo donde no te molesten!.

Salgo del trabajo y me voy al centro comercial, deseo tanto viajar. Hago un cálculo

de la indemnización que recibiré si me retiro del trabajo y consulto los destinos y

precio de los boletos de avión. La chica de la agencia me dice que solo me

alcanza para ir a Jamaica. No está mal.

Desde este momento, empiezo a darle forma a la idea en mi cabeza.

Llego a casa y le doy un beso en la mejilla a mi madre, mientras recojo mi cabello

en una cola, para refrescarme.

— ¡Hoy hace mucho calor!.

— Si mami, la temperatura está en 32 grados.

— Dame otro beso, hija, te noto rara — susurró su madre.

— Mamá, ya sabes que no me gusta que me interrogues, no quiero preocuparte.

¿Qué hay de cenar?.

Me voy hacia la cocina y levanto la tapa de una olla deseando encontrar pasta,

amo la comida italiana. En lugar de eso, hay frijoles.

Le doy otro beso, esta vez más cercano, y le digo:

— Voy a encender el aire para que se refresque el ambiente, mientras me baño.

Me tomo mi tiempo bajo la ducha. Me pongo ropa simple, como la que suelo usar

en casa. Un short rosa y azul, con un top beige. El cabello recogido y sandalias de

goma, de esas que se meten por el dedo. Al terminar, bajo las escaleras.

Mi semblante ha cambiado, me veo más relajada.

— Hija, preparé frijoles guisados con arroz ...

Hago una mueca, indicando desagrado.

— No me provoca, mamá. Me apetece una pasta. Pero mejor me haré un

sándwich, para no ensuciar mucho.

— No, hija... Aliméntate ...

— Es que quiero algo liviano. Y tú sabes que los frijoles no me agradan. ¡Los

como solo para complacerte!.

— ¿Qué te sucede?.

— No deseo hablar de eso ahora porque me va a regresar la molestia. Ya estoy

más tranquila.

— Está bien, mi amor.

— Se me ocurrió una idea. Quiero viajar.

— ¿Y eso?, ¿Adónde vas?.

— Por querer... Me gusta Europa, fui a una agencia y el presupuesto me alcanza

hasta Jamaica.

— ¿Y qué vas a hacer allí?, ¿Por qué no te vas a Italia?.

— Me sale más caro.

— El hermano de mi amigo Cristiano vive allá y siempre me invita. Si tú quieres,

hablo con él.

— Esa sí es una gran noticia, mami.

Me puse muy feliz, me imagino en Italia, paseando y degustando deliciosos

platillos. La propuesta de mi madre me lleva a soñar despierta.

De la emoción, me olvido del mal rato que he pasado en la oficina.

Estoy cocinando la cena, mientras pienso en como arreglar todo para que el viaje

se haga realidad.

—¡Mamá!, ¿Quieres que te prepare uno?, ¡Si dices que sí, te cuento lo que pasó

en la oficina!.

— Está bien, prepara uno rico.

Hice dos, uno para cada una, rellenos con queso, jamón, tomate y salsas.

Me acerco a mi madre y le entrego la comida.

— Te va a encantar.

— A ver, cuenta, que no aguanto la curiosidad.

— En resumidas... el cuñado del jefe me faltó el respeto.

— ¡Qué abuso!, ¿Y qué hiciste?.

— Hablé con el gerente, el hermano de Felipe. Cuando está de viaje, me toca

entenderme con él.

— Me parece bien. Ya basta de abusos con las mujeres.

— Si, en verdad, no fue tanto lo que hizo, solo fue algo desagradable. Me dio asco

su expresión. Lo que más me molestó fue su mirada y la manera en que se

transformó su rostro. Es un pervertido. Lo amenacé con contarle a su esposa.

— Bien hecho, hija. No hay que quedarse callada. Si no, otro día va y te hace algo

peor.

— Si, entonces... ahora te toca a ti.

— ¿A mí?.

— Mamá no te hagas ... Háblame del tal Cristiano y de su familia. ¿Cómo son?,

¿Qué te dijo cuando te invitó a Italia?.

— Ya... ellos son romanos, son mis amigos. Tienen tres años en Margarita, los he

ayudado mucho. Siempre me dicen que me tome unas vacaciones y que puedo

llegar a la casa de su hermano.

— Genial... ¿Y en qué parte de Italia vive la familia?.

— En Roma, es una pareja con dos hijas. Allí te podrías quedar a dormir.

Y, me habló de Venecia, donde me ofreció llegar a la casa de su prima.

— Es mejor de lo que esperaba, entonces podré conocer Roma y Venecia.

— Sí, pero deja que le diga. Y luego organizamos.

— Es una gran noticia mamá. Estoy feliz. Haré ese viaje y conoceré todo. Es un

destino fantástico. Lo mejor que me puede suceder.

— ¿Y el dinero?, ¿Cuánto tienes ahorrado?.

— No mucho, tuve que pagar la universidad. Pero, si renuncio, cobro una buena

indemnización.

— Piensa bien, hija. Si es lo mejor para ti, yo te apoyo.

— Lo voy a meditar. Mientras, tú conversa con el italiano.

Mi madre se va a su habitación a descansar, está feliz de ver que alcanzo mis

metas y quiere darme una mano.

Yo voy al estudio, no tengo sueño. La prioridad en este momento es investigar, ver

vídeos sobre Roma y Venecia. Me parece tan romántico...

Estoy instruyéndome un buen rato, hasta que las ganas de ir a la cama me

vencen. Y me voy a dormir. Esa noche es espléndida, tengo sueños hermosos.

Despierto con el delicioso aroma proveniente de la cocina. Mi madre está

preparando el desayuno y huele muy bien. Me doy una ducha y me arreglo. No

uso faldas, ni vestidos, procuro llamar la atención, lo menos posible. Así que,

decido ponerme una blusa manga larga de algodón y un pantalón de pliegues.

Ambas piezas en color azul y zapatillas negras, al igual que mi bolso.

Bajo las escaleras, llena de confianza y amor hacia mi madre, al verla la abrazo

diciendo:

— Bendición mami, te quiero mucho.

—¿Me dejarás sola? —, me preguntó Carmen.

—¿Por qué lo dices?, ¡Claro que no, nunca te librarás de mí!. Estarás conmigo

siempre, donde quiera que yo esté.

— Gracias hija, te amo. Come y ve a trabajar. Y, recuerda, no debes avergonzarte.

Las cosas que piensan algunos hombres, no tienen nada que ver contigo.

Cada quien mira, según su experiencia y desde su corazón. Los abusadores

actúan así, porque suponen que pueden tener acceso a todas las mujeres. Tu solo

marca tu distancia y te irá bien.

Tomamos el desayuno, un delicioso revoltillo de huevos con jamón y queso

amarillo, pan tostado y café.

— Me encanta la comida, gracias. Me voy antes de que se me haga tarde. No

olvides llamar a tu amigo. Espero tener buenas noticias.

— ¡Cuenta con eso!. Que Dios te cuide.

Conduzco hasta la Urbanización Jorge Coll, donde se ubicaba mi oficina.

Acostumbro llegar temprano.

Al girar en la esquina, veo la fachada de la casa. Una quinta de estilo colonial, muy

bonita. Al frente, está estacionada la camioneta de mi jefe. Quien desciende, en

ese momento, cargando su maletín de piel. Lleva gafas oscuras y un atuendo de

jeans y camisa a cuadros. Siempre impecable.

Me alegro de verlo. Así puedo hablar con él y tomar una decisión.

Mi jefe tiene muy mala reputación con las mujeres. Está casado con una alemana

y tuvo dos hijos con ella. De vez en cuando se acercan por la oficina.

—¡Hola, buenos días, señor Felipe!

— ¡Oh, Ale! —gritó —. Qué gusto verte. Siempre llegas temprano.

— Me es cómodo, así me pongo al día y estoy lista para empezar la jornada.

— ¡La gente exitosa se levanta antes del amanecer!, ¡Sí!, ¡Eh!, ¿Qué hay de

nuevo por acá?.

— En líneas generales, todo ha estado bien, durante su ausencia.

— ¿Qué pasó?.

— ¿No le dijo su hermano?.

— ¡Ese nunca me dice nada!, ¡Me tiene harto!. Dime tú...

— Solo fue algo que me hizo su cuñado, me faltó el respeto y estoy bien molesta.

Hasta he pensado en renunciar.

—¡Mmmm!, ¿Vas a darle el gusto a ese pendejo?. Todos sabemos que engaña a

mi hermana hace años. Deja tus cosas y ven a mi oficina a conversar.

— Está bien, ¿Le pido un café?.

— Sí, dile a la muchacha que me prepare un sándwich y un negrito. Yo espero ...

Al rato, cuando entro a su oficina, él se encuentra comiendo, con tantas ganas,

que da gusto. Tiene los bigotes llenos de salsa. Y las manos de grasa. Toma una

servilleta para limpiarse y me invita a sentarme.

—¡Oh, qué rico cocina!. Estaba sin desayunar. Me levanté temprano y salí.

Extrañaba todo esto.

Entonces, vas a renunciar por culpa del gordo ese. ¿Y eso qué quiere decir?.

¿Tiras la toalla, a la primera dificultad?. Dime.

— No es eso. Lo que ocurre es que resulta muy incómodo trabajar así. Con temor,

aquí todos son hombres. En cualquier momento puede pasar algo peor.

— Te garantizo que nada malo te va a suceder. En cuanto al gordo, ya lo voy a

llamar para decirle lo que se merece.

— Gracias, señor Felipe.

— Ya ves que no tienes que irte. En todo caso. ¿Qué planeabas hacer si

renunciabas?.

— Pensé en viajar. Siempre lo he querido y me parece un buen momento.

— Muy interesante. ¿Y adónde quieres ir?.

— Tengo una oportunidad de ir a Italia. Llegaría a casa de unos amigos de mi

familia.

— Es una gran idea, yo adoro viajar. Te propongo algo. Vete y luego decides si

renuncias o no. ¿Tienes vacaciones pendientes?.

— Sí, tengo dos períodos vencidos.

— Voy a llamar a mi agente para que me cotice los pasajes, los pagaremos como

un anticipo de tus prestaciones sociales. ¿Estás de acuerdo?.

— ¡Si, si, si!. No quiero parecer ingenua. ¿Es en serio?.

— ¡Nunca he hablado más serio en mi vida!. Es más, ya lo llamo.

Levanta el teléfono y marca el número de su agente de viajes. Pide que le envíen,

a su correo, el monto de un pasaje ida y vuelta a Roma.

— ¡Listo, déjame eso a mí!. ¡Ja, ja, ja!. Ya vas a ver que todo va a salir mejor de lo

que piensas.

— Le estoy muy agradecida. Cuento con usted...

Me retiro a mi oficina, no lo puedo creer. Me siento feliz, más que nunca. Todo

fluye tan natural, sin imaginarlo, ya estoy cerca de mi objetivo. Ahora, solo me falta

llegar a casa, en la tarde, y que mi madre tenga buenas noticias. Después de todo,

la oferta que me hizo el jefe subió mis ánimos.

Me siento apreciada y valorada por mis méritos.

Me esfuerzo mucho para hacer bien mis tareas. Soy una trabajadora

comprometida. Y, ahora, en este momento, cosecho los frutos de mi esfuerzo.

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Tabla de contenidos de Contrato de amor en Venecia

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