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Portada de la novela No más palabras

No más palabras

La vida de Elisabeth Cortés, una comunicadora de renombre conocida por su carácter severo y directo, da un giro drástico con la llegada de Paul Coleman. La naturaleza impulsiva del famoso escritor provoca un choque inmediato entre ambos, desafiando la autoridad de la presentadora. Lejos de retroceder, Elisabeth se obsesiona con investigar el pasado de Coleman, decidida a revelar los misterios que él protege con tanto celo. ¿Saldrá la verdad a la luz?
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Capítulo 3

Miro con fijeza la ropa en el pequeño sofá individual. Creo que esa camisa la usé hace dos años, pero ¿Algún televidente lo recordará? Digo, tendría que ser realmente un fan del tipo espía, aunque nunca se sabe. La falda verde si esta nueva según las palabras de Ana. Según las indicaciones de Kevin debería ir hoy en vestido, pero como nadie aquí obedece al jefe.

Me gustaría poder sentir lástima por Kevin, pero el hombre no es para nada miserable, creo que disfruta tratar a las personas mal y creerse el todo poderoso por ser nuestro productor. Si Kevin hubiese estado cuando hice mi audición y entrevista para el programa, me lo hubiese pensado; aunque supongo que ahora debo agradecer que no estuvo porque Notitardes24 es prácticamente la mitad de mi vida.

Amo mi trabajo y amo a mis compañeros, quienes se han convertido como mi familia, excepto quizás Dexter porque nos besamos y manoseamos, y definitivamente no creo verlo como un hermano después de eso, pero si como mi gran sexy, perfecto y asombroso amigo del alma.

Quito mi bata y tomo la falda, cuando voy subiéndola la puerta se abre dejando ver a Sabrina que cierra la puerta.

—Me gusta tu sujetador—anuncia.

—Diría que está a la orden pero no parece higiénico y además eres como ¿Dos copas más que yo?

—Eres una discriminadora de senos.

— ¡Mi pecado!

—Voy a decirle—escucho a Sabrina mientras termino de subir mi falda.

— ¿Qué y a quién le vas a decir? Luces molesta y nerviosa.

—Lo estoy.

—Suelta el delito, supongo que es mejor que termines con mi compañía en la cárcel que sola.

— ¿Y quién va a sacarnos de la cárcel?

Tomo la camisa, me la pongo y le sonrío a instantes de darle mi respuesta, pero entonces la puerta de mi camerino vuelve a abrir y se trata de Kevin.

— ¿Por qué irían a la cárcel?

—Tú no entenderías un chiste ni que este te besara Kevin— señalo—, y siempre recuerda que se toca antes de entrar.

—Es mi estudio.

—No, es el estudio del programa del que eres productor, hay diferencias— sonrío una vez más, esta vez por las palabras de Sabrina hasta nuestro lamentable productor.

—Siempre cumpliendo el estereotipos de las rubias.

—Y tú el de los dulces jefecito— con esas dulces palabras Sabrína sale de mi camerino dejándome con él siempre insoportable de Kevin.

—Creo que aquí muchos no han aprendido a saber que soy el jefe.

Ruedo mis ojos y voy hacia mi tocador, tomo una pintura labial invirtiendo mi tiempo en algo útil mientras Kevin decida decirme a qué ha venido.

—Puedes programar la entrevista del chico.

No escondo mi gran sonrisa dejando el labial a un lado y girándome con rapidez, mi entusiasmo parece ocasionar muecas de desagrado hacia Kevin ¡Que alguien saque lo que sea que le metieron por el trasero!

—Sabía que tu gran mente entendería que es una buena estrategia para el negocio.

Mi elogio lo hace erguirse y río porque sobarle el ego es tan fácil, incluso cuando se usa el sarcasmo. Sale como un pavo real de mi camerino y doy unos aplausos hacia mi logro. Me propuse conseguir esto para Brian, el primo de Andrea y actual novia de Joseph. Él no me lo pidió y mucho menos Andrea, pero ahora que Brian se hace cada vez más conocido, parece que es una buena movida tanto para él como para el programa entrevistarlo.

Sería la primera entrevista formal y yo tengo esa exclusiva. No voy a fingir que solo lo hice por él, es bueno que sea beneficioso, también lo hago porque amo las primicias y no soportaría perder otra más, la última aun me tiene enviándome correos contra él.

Elisabeth, Elisabeth, ya deja al escritor sensual salir de tu mente. De nuevo tomo mi celular y reviso pero no hay respuesta de mi último correo, quizás se cansó de este jueguito.

O quizá su novia «lo que está destinado a ser sucede» le ha echado la correa encima, aunque no podría dar fe de ello porque no los conozco de nada ¡Ni siquiera he visto al hombre alguna vez en persona!

Dejo mi celular y prácticamente corro fuera del camerino llamando a Andrea, soy algo consciente de que en el camerino de Rayan parece que alguien alza la voz, pero no presto atención porque es Rayan, y él es de las personas más educadas, centradas y amable que conozco.

No me cuesta mucho encontrar a Andrea que parece reírse de algo que Marcos, el chico de las luces o electricidad – siento que es lo mismo – está diciendo.

La verdad es que estoy segura que aquí nadie esperaba que contratando a esa sarcástica, irónica y nerd chica encontráramos una amiga y en el caso de Joseph: un amor. Seguro son la pareja nerd más genial que ha visto el mundo y son bastante lindos de ver. Él único que debe odiar cada momento de esto es Kevin, aun no supera el buen puño de Andrea conectando con su nariz en la más épica de las renuncias.

— ¡Andrea!

— ¡Veinte minutos!—Stephen casi grita en mi oído cuando pasa a mi lado.

Ya estoy junto a mi objetivo— ¿Qué mierda le ha pasado a tu camisa Rayan?

Volteo y hay una gran mancha naranja en una camisa que segundos antes solo fue blanca. Lo resaltante está en la expresión molesta de Rayan, pocas veces lo he visto así y una de esas veces se debió a...

—Pregúntale a Sabrina, a ver si ella te cuenta de su maldito arranque de locura— grita Rayan.

Las palabras de Sabrina suenan en mi cabeza, iba a decirle y no entiendo cómo no supuse que se refería a decirle a Rayan sobre Callie, la mujer a la que empezó a ver hace quizás dos meses.

— ¿Y a ti qué te pasa con Sabrina?—pregunta Dexter tomando café, nada raro que este como un exhibicionista sin camisa dejando toda su tinta a la vista.

— ¡Rayan! ¡Vamos! No es para tanto.

esto se pone más intenso, Sabrina ha hecho su aparición y me da una rápida mirada. Se lo dije hace una semana, se lo advertí. Mayormente cuando uno quiere ayudar en algo que es de dos, es precisamente uno quien sale con las tablas por la cabeza y luciendo como la mala. Por la forma en la que luce Rayan, esta no es la excepción, lo cual se confirma cuando la manda a la mierda.

— ¡Soy tu amiga! Te digo lo que creo.

—No pedí tu opinión, si quisiera un consejo ni siquiera te lo pediría a ti.

Frunzo el ceño, creo que Rayan ha estado algo... inquieto y muy fácil de alterar, pero nunca me ha gustado que alguien le hable mal a Sabrina, desde que la conozco y sé cómo se siente cuando la juzgan sin que la conozca solo cuando la ven a primera instancia.

Siendo honesta también me agota que al verla rubia, hermosa y con curvas asuman que es solo un símbolo sexual o un objeto sobre el cual babear y especular.

— ¡Vete a la mierda!— Sabrina ha explotado y esto va a pesarnos por un tiempo—Estúpido cabrón, cuando necesites a una amiga entonces no me busques ¡Jódete! Solo quise ser buena amiga ¡Y deja de perseguirme Susy!

—Pero es que debo maquillarte—Susy está asustada, nunca ha presenciado algo como esto porque ¡Casi nunca sucede! Andrea no puede cerrar su boca abierta por el impacto.

Y los más cautelosos como el trío internacional – Joseph, Valeria y Peter – prefieren observar. Kevin lo ignora adrede porque está más ocupado ladrando hacia Agatha.

Soy capaz de ver el labio de Sabrina temblar antes de darse la vuelta y también percibo el atisbo de remordimiento en la mirada de Rayan, quien deja la mirada atrás cuando Dexter palmea con fuerza su espalda.

—Amigo, despertaste a una fiera.

—Ella me ha hecho enojar.

—Y ahora tú la enojaste a ella—señalo lo obvio—. Esa rubia no se le debe hacer enojar, esto te perseguirá por meses. De todas formas ¿Qué sucedió?

—No es tu problema ¿Vale?

Ruedo mis ojos, la confianza de Rayan en las personas esta por los suelos, ya me encargaré de averiguar por qué lleva días de esta forma tan susceptible. Dexter se encoge de hombros y se va a buscar, espero, una camisa y mi atención vuelve a Andrea.

—Se les pasará pronto la rabieta, una vez pensé que iban a matarse pero todo luego estaba bien. Es la segunda vez que discuten, así que no vamos a preocuparnos. Se adoran y son un par divertido. Rayan siempre está protegiéndola y ella haciéndolo reír por lo que van a extrañarse y se disculparán por lo que sea que haya pasado— bueno, eso espero.

—Sí... nunca hace mal ver un poco de drama en vivo ¿Cuánto tardaron la última vez en contentarse?

— Tres meses y eso porque los obligamos—abre mucho más su boca y decido soltar la razón por la que he venido en su búsqueda— ¡A lo que iba!

¡He convencido a Kevin!

— ¡Que genial!— no tiene ni idea de lo que hablo— ¿De qué se supone que lo has convencido?

—Le he enseñado a Kevin vídeos de presentaciones de Brian, sus covers, sus redes sociales y que Andrew Wood lo apoya junto a Ashton Bratter y Brandon Flack por lo que accedió a dejarme traerlo para una pequeña entrevista.

— ¡Vaya! ¡Eso es grandioso! ¡Muchas gracias Elisabeth!

—Para mí es todo un placer, se me ocurrió y no quería decirlo hasta lograrlo

—¡Dale la noticia a ese bello primo tuyo!

—Lo haré.

—Y dile que por ello me debe un beso—bromeo, aunque nadie se negaría un beso de primo de Andrea, tiene un aire de hombre despreocupado que atrapa junto a esos lindos ojos claros.

—Supongo que no sé si voy a decirle eso.

Río y frunzo el ceño notando que Kevin continúa ladrando a Ágatha. Uno de los defectos de Kevin, no es que los cuente, se encuentra en su falta de empatía y algo de humanidad. Tal como procedo a contarle a Andrea, BG.5, banda a la que he tenido mucho acceso para entrevistar y estupendos chicos seguro amados por todos, no está pasando por un muy buen momento con uno de sus integrantes. Todos entendemos eso y junto a lo necesario que es tener privacidad en un momento como este.

Yo de todas las personas lo entiendo porque me recuerdo en un momento trágico de mi vida y en medio de muchos paparazis intentando obtener información porque era, soy, estrella de Notitardes24. Pero estas son cosas que Kevin parece no entender, no cuando puede hacerlo salivar con muchos más televidentes lo que equivale a muchas más ganancias.

Andrea apoya lo que digo, pero segundos después tiene de nuevo la mirada de mujer sedienta de una persona llamada Joseph Hans. No es que no esté recibiendo desde que llegó la misma mirada de regreso. Es sorprendente ver al serio, centrado y muy inteligente Joseph tan perdido por una chica. Casi estoy conteniendo un suspiro en favor de ellos, porque soy así de amable como para suspirar por ellos. En su honor.

Casi quiero reír de mis pensamientos. Ni siquiera puedo entender cómo un pensamiento me lleva a otro. Por cierto, debo recordar cuando termine el programa enviar un mensaje a Tanya Black para confirmar su asistencia, también debo llevar dos vestidos a la tintorería y cancelar...

—Señorita Elisabeth, ya veo que tengo la dicha de está vez toparme con usted.

Te diré que tipo de voces pueden derretir a una mujer: las rasposas, las varoniles, las que parecen arrastrar las palabras porque enredan cada letra en su lengua como una acaricia. Y esta voz es todo ello en una sola.

Hay un escalofrío recorriendo mi columna mientras esa voz parece destinada a revolver estómagos y robar respiraciones. Hago la cosa teatral de girar lentamente y quiero morirme. O quizá estoy muerta ya.

La razón principal por la que sé quién es este hombre se encuentra porque he visto fotos, conferencias, breves entrevistas y bueno... estoy pendiente de sus redes sociales ¡Pero no lo sigo! Del mismo modo en el que no me sigue a mí, aunque supongo que él no revisa mis redes del modo en el que yo lo hago con las suyas.

Además de ser más alto de lo que esperaba, es mucho más...Uhm. Siempre he tenido una cosa loca por dos rasgos físicos en un hombre: cejas y barba.

No me gusta cuando un hombre depila sus cejas o cuando parece que no las tiene, acepto a hombres sin barba ¡Pero me encantan cuando las tienen!

Y Paul Coleman tiene un poco más que un rastro de barba y unas bonitas cejas gruesas por encima de unos bonitos y expectativos ojos ámbar con algo de verde o verde con algo del color del caramelo, no logro identificarlo.

¡Gracias al cielo que el universo no fue tan cruel como para darle mejores pestañas que cualquier mujer! Aunque son oscuras y resaltan sus ojos.

Seguro también agradezcamos al universo que no le dio la mejor nariz. Pero desde luego, no se emocionen porque el no tener la nariz perfecta no dice que no tenga una buena. Es algo triangular y curvea pero te digo que le queda de maravilla sobre esa barba que ya mencioné y unos labios carnosos.

De nuevo: ¡Gracias universo por alegrar muestras vistas y darle la perfecta boca carnosa! Pero maldito seas por aun otorgarle labios que le quedan de maravilla.

Ni siquiera quiero evaluar su cuerpo. Vuelvo mi vista a la suya y creo que quizás también estaba dándome un rápido vistazo. Capaz y todo esto pasó en segundos, pero para mí es como si se tratase de horas.

—Me parece que no podría estar más desacuerdo con su último correo por lo que he decidido darle una respuesta en persona.

—Paul de mie... Coleman— me corrijo antes de decir "Mierda" de la manera en la que llevo largos meses adornando su nombre antes de su apellido. Estoy algo intimidada pero el leve golpe de Andrea me ayuda a salir del trance. Enderezo mi espalda y trato de borrar la mueca deslumbrada por un ceño de "me importa una mierda que seas caliente"—. Ni que esperaba una respuesta suya.

Mentira. Confieso que soy de mentiras piadosa, de hecho soy buena cuando quiero adornar las cosas, pero solo mentiritas leves.

—Debería, teniendo en cuenta que cerró el correo con una interrogante.

¿Por qué envuelve las letras de forma tan... atrapante? Un experto violando el abecedario. Le hace el amor.

Casi río de lo absurdo que suena eso incluso en mi mente.

—Bueno ¿Y quién te crees? ¿Un diccionario ortográfico humano? ¿Vas enseñarme cómo usar los signos?

—Puedo enseñarte a ser educada, pero no es por ello que he venido— sonríe y extiende una solitaria hoja hacia mí, la tomo sin dudar—. Ahí, prepárate para leer sobre ello. Cuando haga la dedicatoria me encargaré de que tu lindo nombre se encuentre, puesto que me has motivado a desmentir tu declaración por correo.

— ¡Vaya! Tendría que ver para creer señor Coleman.

—Soy un hombre de sucesos empíricos, así que me remito a las acciones y no solo palabras para cerrarle la boca—hay una sonrisa demasiado dulce demostrando que es falsa en su rostro, pero esos ojos lucen determinados a volverme papillas, a demostrar lo que quiere—. Le daré el mejor romance que pueda usted estar preparada para leer.

— Esta es una verdad o viene a buscar un reto—le digo con desafío.

— Para nada señorita, solo que este reto me lo he tomado un tanto personal. Así que definitivamente aceptaré su reto.

—Muéstreme y le creeré.

—Oh, lo haré. Solo recuerde que va dedicado para usted— sus ojos van a su reloj para luego volver a mí—. Fue un placer conocerla finalmente en persona.

—Lo mismo digo.

Y no miento. Llevo meses discutiendo con este hombre por correo, esperen ¡Un año! Un año de correos y revisarlo en fotos o vídeos convenciéndome que de seguro no era así de atractivo, pero el universo demuestra que le dio buenas virtudes. Lo cual compruebo cuando se retira y clavo la vista en sus posaderas envuelto en jean, muerdo mi labio.

El educadamente grosero, pomposo y elocuentemente ingenioso Paul Coleman tiene excelentes atributos. Sabrina quizás lo ha apodado mejor que yo: Paul Caliente Coleman.

— ¡Mírale esa retaguardia!— es todo lo que puede salir de mi boca en primer lugar, siento mis mejillas calientes en una mezcla de adrenalina, vergüenza, lujuria y furia— ¡Maldito! ¡Es caliente! Es mucho mejor que las fotos y vídeos de sus presentaciones, no me hacen justicia ¡No tiene derecho a estar así de bueno y humedecer bragas!

— ¿Se necesita un derecho para eso?

Todo lo que hago es reír de forma loca antes de bajar mi mano y acercar la hoja. Hay solo unas pocas líneas con contundentes palabras.

«A veces la vida no te enseña cuando va a morderte. Cuando quién formará las letras de tu historia va a envolverte.

Puedes decir no creer en el amor, pero ansías sentirlo.

Puedes sentirte una roca, pero eres humana.

Romance, romance, romance. Lo más esperado, lo más rechazado.

¿Estaba lista? No lo sabía, pero Elizabeth estaba a tan solo un suspiro de dejar las palabras atrás para vivirla. Vivir su historia »

Trago en seco. Elizabeth tiene un poco, casi todas en realidad, las letras de Elisabeth.

Si pretendía ofenderlo lo logré, nunca he dudado de que sea versátil para escribir de un tema a otro, solo quise picarlo y lo logré. Razón por la cual por primera vez en su carrera como escritor Paul Coleman escribirá una novela de categoría romance.

Si este hombre ya derrite a muchas con otras temáticas, puedo imaginar que el romance viniendo de su mano y mente va a causar desastres épicos.

Mierda. Él quiere probar un hecho y va a lanzármelo al rostro con fuerza.

— ¿En qué lío me he metido ahora?

Murmuro alejándome y solo entonces me doy cuenta de que estoy descalza, sigo sonrojada y podría darme una taquicardia porque mi corazón va a escapar por mi boca ¡Quiere salirse de mi cuerpo!

Estoy un poco asustada de haber llevado nuestra disputa a otro nivel, de que me sorprenda aún más. Pero un reto es un reto, aun si intuyo de que va a demostrarme lo que ya sé: es un grandioso escritor.

No abandonaré la guerra sin pelear o algo así cita a Joseph a veces.

Sonrío poco a poco deteniéndome frente a mi camerino. Stephen grita como loco cuántos minutos quedan para salir al aire, pero no me importa.

—Ah, pues mira qué bonito Elisabeth. Tendrás una dedicación en su libro antes de que señorita soy tu novia destinada ¡Chúpate esa novia mimada!

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