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Portada de la novela Morir de amor

Morir de amor

Ramiro y Rocío son dos médicos cuyo amor se quiebra en la frontera durante la pandemia. Al contraer COVID, Rocío sufre la traición de Charo, una enfermera que la desconecta por celos y la da por fallecida. Tras huir de la morgue, escapa a Argentina, donde un colega la ampara y contrae matrimonio con ella. Al quedar viuda, Rocío hereda una inmensa fortuna y una red de clínicas, logrando transformar su destino tras sobrevivir a aquel oscuro engaño.
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Capítulo 2

Por Ramiro 

Al fin pude tomarme unos días de vacaciones.

Realmente tengo mucho trabajo, soy médico y dueño de 3 clínicas, me encanta ejercer la medicina, razón por la cual, si bien soy el director general de las tres clínicas, de la parte administrativa y reuniones gerenciales se hace cargo mi amigo y socio, David, él también es médico, pero al contrario de lo que me sucede a mí, no le gusta nuestra profesión, razón por la cual, a fin de no quedar afuera de algunas cuestiones comerciales, estudió administración de empresas.

David es socio minoritario, pero socio al fin y confío plenamente en su labor.

Estoy pernoctando en la casa de mi hermano, hace ya unos cuántos años, él vino de vacaciones con unos amigos y conoció a Karen, su esposa, se enamoró perdidamente de ella y al principio iba y venía, de nuestro país, luego ella quedó embarazada y Facundo decidió instalarse acá, se dedica a la importación y exportación de artículos farmacéuticos, es decir que también está en el rubro de la medicina, aunque la carrera de médico la dejó y se dedicó a la parte más comercial de la medicina.

Le va muy bien económicamente, pero yo no me puedo quejar, mis clínicas tienen convenios con las empresas top de medicina privada y eso significa muchos millones en mi cuenta bancaria.

Decido ir hasta la playa, mis sobrinos están durmiendo la siesta, aún son pequeños y sus horarios son poco flexibles, sobre todo con Tomy, que apenas tiene un año, Matías tiene tres años, estaba a punto de llevarlo conmigo a la playa, no estamos lejos, apenas tres cuadras, pero al no estar muy presente en su vida, pensé que a lo mejor se pondría a llorar o pediría por su madre apenas pongamos un pie en la arena, por lo que decidí ir sólo.

En algo tiene razón Facundo, estas playas son maravillosas, el agua es más cálida y la arena es mucho más clara y limpia.

Me estoy por acomodar cerca de los acantilados, pero veo a una mujer espectacular, tomando sol, estaba sola, aunque por unos minutos me quedé observándola, por si tenía compañía y se había alejado por un momento.

La miraba y me sentía perdido por su cuerpo, es raro que alguien me impacte tanto.

Al ser médico veo muchos cuerpos desnudos y no me llaman la atención, pero esta mujer me atrajo de una manera distinta.

Era delgada, pero tenía unas curvas perfectas.

Decidí acercarme.

Me acomodé a su lado y descuidadamente entablé una conversación con ella.

Era joven, tendría 24 o 25 años, después me dijo que tenía 25.

Por supuesto que no me equivoqué de cerca, era mucho más llamativa y su cara era un poema.

Al incorporarse, me miró y me sonrió, su sonrisa me llevó al cielo.

Su conversación me encantó y al parecer trabaja y estudia, le quería preguntar que estudiaba, pero no quería ser pesado o que parezca que la estoy interrogando.

Ella no me dio ningún indicio para que pueda deducir a qué se dedicaba.

Luego de un rato, la invité a cenar, me pareció que dudó, pero finalmente me dijo que tenía un compromiso.

Salí sin celular y realmente lo lamenté, porque me hubiera gustado agendar su número, claro que lo podría haber memorizado, pero decidí preguntarle si iba siempre a esa playa y verla al día siguiente.

Pasé una tarde muy entretenido, aunque trataba de no recorrer su cuerpo con mi mirada, porque lo que ella me transmitía era demasiado potente, algo emanaba de su cuerpo o de su alma, no sé, que me estaba volviendo loco, sentía que esa mujer me había hechizado.

Moría de ganas por probar su boca, sentía que era una chispa a punto de encenderme y quemarme vivo.

Realmente estaba fascinado.

Finalmente la tarde llegó a su fin y le insistí para verla al día siguiente en ese lugar y la comprometí para que cene conmigo la noche siguiente.

No quería parecer un perro faldero, apenas la conocía desde hacía unas horas, pero así me sentía.

Sin dudas es una mujer distinta.

Rocío se paró y no pude evitar mirarla con ganas, estoy controlándome desde que la vi, no entiendo que me está sucediendo.

Salimos juntos de la playa y cuando una cuadra después llegamos a una avenida, ella se despidió presurosa.

Al parecer iba a cenar a la casa de una amiga suya, por lo que me dijo, a pesar de tenerse mucho cariño, se veían poco.

Es lógico, Rocío vive en otro país.

Cuando ella se alejó algunos pasos, finalmente giré y la miré alejarse, con su simple solero, bastante transparente, debajo tenía una bikini color negra, que le quedaba espectacular, su andar era tranquilo y me volví más que loco cuando mis ojos se fueron perdiendo en su cola.

Soy un hombre grande y sin embargo no pude contener del todo a mi miembro, que se movió solito dentro de mi short de baño.

Al llegar a la casa de mi hermano, mis sobrinos se acercaron corriendo a saludarme.

Sentí un placer inmenso y eso me hizo pensar que tal vez estaba demasiado sólo en mi país.

Es verdad que no tenía horarios y que pasaba lejos de mi casa muchísimo tiempo, más del necesario, es que no tenía mucho que hacer en casa.

Al ver el hogar de mi hermano me di cuenta de que ansiaba una familia, pero entiendo que eso también es difícil de lograr.

No soy un hombre fácil y no me desespera ninguna mujer en especial, aunque la rubia de hoy me haya vuelto loco.

Tal vez no vuelva a verla, porque si al día siguiente ella no iba, no tenía como ubicarla, por lo que me la tenía que sacar de la cabeza.

No soy un hombre impulsivo, no me tiraría a la pileta por nadie, porque aunque vuelva a ver a esa mujer, es posible que en dos o tres citas, ya no me parezca interesante.

Tal vez por eso siga soltero, soy muy quisquilloso y no me termina de convencer ninguna mujer.

Estoy hablando de algo serio, de una pareja o un matrimonio.

Porque en realidad tengo compañía muchas noches, pero al irme a trabajar, les pido amablemente que se vayan.

Eso se los aclaro desde un principio, no quiero mujeres que pretendan adueñarse de mi vida, soy un excelente partido, muchas son interesadas.

Supongo que el día que llegue la adecuada, me voy a dar cuenta.

Alguna hecha a mi medida debe haber.

-Hola, cuñado, tardaste bastante.

-Es verdad, me entretuve hablando con una chica.

-¡Ese es mi hermano!

Festeja Facundo.

-¡No festejes tanto que pretendo que hoy charle con mi amiga!

Dice Karen, mi cuñada.

-¿Tu amiga?

Le pregunto porque no sé de qué está hablando.

-Invite a cenar a mi amiga del alma, desde hace años que quiero que se conozcan y nunca coinciden.

Me veo venir una cena aburrida, pero es su casa y está en su derecho de invitar a quien guste.

-¿Todavía está en el pueblo?

Le pregunta mi hermano y supongo que está hablando de la amiga de su esposa.

-Sí, creo que se va a quedar un par de semanas más, su padre no está muy bien de salud y ella está bastante preocupada.

-Tenés razón, la otra vez lo vi y estaba bastante desmejorado.

-Pobre, me da mucha pena.

Le contesta Karen.

Estoy esperando que me hagan alguna consulta, cómo médico, pero no la hacen.

Al parecer es un hombre que tanto mi cuñada como mi hermano aprecian bastante.

La mucama prepara la mesa para cuatro, los niños a esta altura, ya cenaron y el más pequeño se queda dormido en cualquier momento.

Matías está bastante despabilado y le preguntó a su madre si faltaba mucho para ver a su tía.

Se refería a la amiga de Karen.

Es raro que no la conozca, porque si vive en el pueblo, en algún momento tendríamos que haber coincidido.

Karen tiene varias amigas, pero las que vi hasta ahora están casadas y las que no lo están, nunca llamaron mi atención.

Me di una ducha y cuando lo estaba haciendo, al recordar a la rubia de la playa, mi miembro creció solito.

Nunca me había pasado eso de excitarme tanto por recordar a una mujer, prácticamente una desconocida.

Hasta era probable que no la volviera a ver.

Trato de pasar el momento y no pensar más en ese cuerpo que desató mi delirio.

Me vestí presuroso, porque al final era bastante tarde y la invitada de mi cuñada estaría por llegar.

Me parece una falta de respeto que yo me esté duchando cuando llegan las visitas.

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