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Portada de la novela Morir de amor

Morir de amor

Ramiro y Rocío son dos médicos cuyo amor se quiebra en la frontera durante la pandemia. Al contraer COVID, Rocío sufre la traición de Charo, una enfermera que la desconecta por celos y la da por fallecida. Tras huir de la morgue, escapa a Argentina, donde un colega la ampara y contrae matrimonio con ella. Al quedar viuda, Rocío hereda una inmensa fortuna y una red de clínicas, logrando transformar su destino tras sobrevivir a aquel oscuro engaño.
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Capítulo 3

Por Ramiro 

Estaba bajando los dos últimos escalones cuando escuchamos el timbre.

Una mucama se apresura a atender, pero mis sobrinos se acercan corriendo a la puerta gritando y aplaudiendo.

-¡Tía!

Grita Matías muy feliz y Tomy repite esa palabra, crea que estoy segura que no sabe de quién se trata, sólo sigue al hermano.

Al abrirse la puerta entra una mujer rubia, que no llego a ver, porque inmediatamente se agacha para tomar en sus brazos a mis dos sobrinos.

Lo hace a la vez.

Los llena de besos y de palabras dulces.

A los pocos minutos se incorpora y mi cuñada se acerca para saludarla.

Estoy pensando que la demostración de cariño me parece exagerada, cuando mi hermano aparece por detrás de su esposa y también la abraza con cariño.

Aún no le vi la cara.

-¡Perdida!, Te extrañamos.

Dice Facundo.

Al parecer estuvo de viaje a algo así.

-Te presento a mi hermano, él es Ramiro, ella es Karen.

Me quedé mudo al descubrir que esa mujer es la bella rubia con la que pasé la tarde.

La sonrisa se instaló en mi cara y desapareció el resto del mundo.

Ella me miraba asombrada.

-Hola, nos volvemos a ver.

Digo, cuando creo que ya era momento de hablar y no sólo de devorarla con los ojos.

Todos me miran asombrados, incluso Karen.

Inmediatamente me sonríe.

-Al parecer, así es.

-Nos conocimos hoy a la tarde, en la playa.

Les explico.

-Declinaste mi invitación, pero igual cenamos juntos.

Ella se ruboriza.

-Te dije que tenía un compromiso.

-Me alegro mucho… de este compromiso y de verte de nuevo.

Facundo me mira, estudiando cada gesto y cada palabra mía.

No suelo ser galante con una mujer, al menos delante de mi

 familia, pero siento que de esta bella rubia, quedé prendado.

-Me encantó esta sorpresa, me acerqué y le di un beso en la mejilla, muriendo de ganas por tomar su boca.

Apenas me acerqué todo en mí, palpitaba por dentro.

Ella también parecía turbada.

Me senté a su lado en la mesa, sólo quería rozarla, y acercarme lentamente a ella, para terminar adherido a su cuerpo.

Traté de calmarme.

Tenía que dominarme, pero juro que todos los demás dejaron de existir

Matías, mi sobrino, me habló varias veces y sin paciencia, se enojó porque no sabía de qué estaba hablando.

Realmente estaba perdido por Rocío.

En un momento mi cuñada le quería mostrar algo, o hacer una consulta, no sé sobre qué, pero en privado, por lo que ellas van hasta el dormitorio de Karen, cuando están subiendo la escalera, no pude alejar la vista del culo de Rocío, juro que me tuve que acomodar todo, ahí abajo.

Me sobresaltó la risa de mi hermano.

-¡Mierda, cómo te impactó!

-No tenés idea cuánto.

Le contesté sinceramente.

-Es hermosa, sí.

Dijo casi con indiferencia.

-Es más que hermosa, hoy perdí la cabeza cuando la vi en la playa.

-Ya veo.

-Te juro que nunca me había impactado tanto una mujer, tiene una conversación amena, se nota que es culta y…

-¿No te dijo su profesión?

Me pregunta sorprendido.

-¿Es modelo?

La risa de Facundo se escucha fuerte.

-No, no lo es, estoy de acuerdo que podría serlo, es bonita y llamativa, pero te aseguro que nada más lejos de eso.

Sin embargo no me dijo su profesión, tampoco me importa mucho, por otro lado, ya me voy a enterar, porque la pienso volver a ver, esa mujer me atrapó con sólo mirarla.

Es más, no me voy a alejar de ella hasta volver a mi país, porque si antes pensé que en dos o tres citas me iba a aburrir, ahora creo que no lo voy a hacer por un largo tiempo.

Cuando las chicas estaban bajando, me acerqué a Rocío, si le extendí la mano para que baje los dos últimos escalones, pero no me moví de mi lugar y quedamos muy cerquita.

Me contuve para no besarla en ese momento.

Facundo me miraba más asombrado que antes, nunca fui muy demostrativo y por Rocío me desviví en atenciones toda la noche. 

Las chicas estaban charlando de amigas en común y yo que las escuchaba atentamente, no podía seguir una conversación coherente con mi hermano.

-¿Hasta cuándo te quedás?

Le pregunta Karen a su bella amiga.

-Me quedo dos o tres semanas más.

-Te voy a exprimir, amiga.

Dijo mi cuñada mientras yo pensaba en extender mis vacaciones y que el que iba a exprimir a Rocío, iba a ser yo, no Karen.

-Sí, pero no te olvides que también me quedo para atender a mi padre.

-Lo sé, amiga y lo siento mucho.

-Gracias, creo que me quedo hasta que comience a cursar en la facultad, con mi trabajo no tengo problema, mi jefe…

-Tu jefe está enamorado de vos, te lo vengo diciendo.

-No lo sé, en todo caso es un amigo.

-Ro, tu jefe está loco por vos, eso lo sabemos todos.

-Posiblemente.

Admite finalmente y no me gustó saber que hay un hombre con poder, al menos con poder sobre ella, que al parecer está enamorado y posiblemente haga algo para conquistarla.

Es raro que le de tantas semanas de vacaciones.

-Le dije que las semanas que me tomo extras, no me las abone.

-Gabriel te las va a pagar igual, eso no lo dudes.

-Pero no corresponde.

-Trabajás horas extras todos los días.

-Que me las abona como un plus.

Contesta Rocío y le descubrí una nueva virtud, no saca ventaja de su enamorado.

Nuevamente me molestó pensar que hay alguien que está prendado de ella, aunque la miro y es obvio que debe tener un montón de candidatos, es bella, delicada, centrada, culta, sensual, muy sensual.

Finalmente habla un poco de su padre y parece atormentada.

No quise decirle que yo era médico y que me podía consultar, porque al parecer su padre está bastante mal y no quiero crearle falsas expectativas.

Conoce todos los pormenores de la enfermedad que tiene ese señor, me doy cuenta que se expresa con familiaridad con respecto a ese tema, debe ser la que habla con los médicos y memorizó los nombres de todo.

-Antes que me olvide, llevate los medicamentos.

Dijo mi hermano.

-Decime cuanto es.

-¿Estás loca? ¿Cómo te voy a cobrar?

-No es justo para vos.

-No me parece correcto cobrarte, para Karen sos una hermana.

Ok, son muy amigas, es raro que nunca la haya visto en la casa de mi hermano.

-Gracias.

-Sólo espero que…

Comienza a decir Facundo.

-Que le mejore la calidad de vida, sus últimos meses.

Dijo la bella rubia con la voz quebrada.

El silencio que le siguió, quiere decir que ella no estaba equivocada.

-Bueno chicos, me voy, que mañana tengo que madrugar.

-Te acompaño.

Le dije presuroso.

-No te preocupes, estoy a seis cuadras y el lugar es tranquilo.

-¿Viniste caminando?

Le pregunta Karen, mientras que mi hermano, disimuladamente, me guiña un ojo.

-Sí, sabés que amo caminar por el barrio.

-Pensaba llevarte con el auto, pero si querés caminamos.

Le digo, pensando que no se iba a escapar fácilmente de mí.

-Ok, vamos en auto, refrescó un poco, aunque la brisa marítima me gusta, no quisiera pescar un resfrío y contagiar a mi padre.

Me gusta como cuida a los suyos.

Me gusta todo en esta mujer.

Se saludaron con Karen como si se fueran a despedir por meses.

Mi cuñada es exagerada.

Nos subimos a mi camioneta Mercedes, no es el modelo más grande, pero sí es el último modelo.

No pretendí impactarla, por otro lado no me parece una mujer que se impacte por un auto, por más moderno y nuevo que sea.

Rocío me indicó por dónde tenía que doblar.

Llegamos en 3 minutos, yo estacioné y apagué el motor, no para bajar con ella, sino porque no pensaba dejarla ir tan rápido.

-No te olvides que tenemos una cita.

-Te veo en la playa.

Me contestó.

-Sí, y también acordamos cenar juntos mañana por la noche.

Ella sonrió abiertamente.

Yo le nombré un restaurante bastante conocido.

-Creo que tendrías que reservar, porque no sé si hay lugar en esta época.

Se queda pensando por un momento y luego se ríe abiertamente.

-El dueño es amigo de Facu.

-Por eso consigo la reserva a último momento.

Le confesé.

Luego me puse más serio.

-Me gustás mucho.

Dije casi torpemente.

Sin dudarlo más, me acerqué a su boca y por fin la probé.

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