Portada de la novela Morir de amor

Morir de amor

8.5 / 10.0
Ramiro y Rocío son dos médicos cuyo amor se quiebra en la frontera durante la pandemia. Al contraer COVID, Rocío sufre la traición de Charo, una enfermera que la desconecta por celos y la da por fallecida. Tras huir de la morgue, escapa a Argentina, donde un colega la ampara y contrae matrimonio con ella. Al quedar viuda, Rocío hereda una inmensa fortuna y una red de clínicas, logrando transformar su destino tras sobrevivir a aquel oscuro engaño.

Morir de amor Capítulo 1

Por Rocío

Estaba en la casa de mis padres, en una pequeña ciudad, limítrofe con un país vecino.

Me acababa de recibir de médica, aún no había terminado la especialidad, apenas tengo 25 años y la especialidad son tres años de cursada luego de ser médica clínica, me falta un año y medio, aunque trabajo como intensivista en una de las mejores clínicas de nuestro país vecino.

Mi padre no estaba muy bien de salud, razón por la cuál pedí dos semanas extras, sin goce de sueldo, mis vacaciones eran de dos semanas, así que calculaba estar un mes en mi pueblo natal, junto a mis queridos padres.

La primera semana me dediqué a hacerle todos los chequeos médicos correspondientes a mi querido padre, también aproveché para tomar sol y disfrutar las hermosas playas que cubrían las costas de mi querida ciudad.

Tenía dos o tres amigas de mi infancia, pero las tres estaban casadas y una de ellas, que era mi amiga del alma, hasta tenía hijos, dos niños hermosos, por lo cual tampoco podía pasear o estar pendiente o acompañarme en mis actividades vacacionales.

Estaba tomando sol sobre una lonita, disfrutando ese momento del día en que ya corría cierta brisa, que por cierto me encantaba.

-¿Te molesta si me siento a tu lado?

Me dice una voz súper sexi, me incorporé un poco y vi que el hombre era más sexi que su voz.

Sonreí a mi pesar, no me impresionaban los hombres bellos, soy de las que piensan que los hombres tan atractivos nunca traen nada bueno.

Pero este espécimen… 

-Soy Ramiro ¿Cómo te va?

-Hola, soy Rocío.

Le contesté pensando que era muy simpático y que era raro que un hombre de esa edad, tendría unos pocos más de 30, estuviera sólo en una playa.

No tenía el aspecto de andar de ligue, pero a su inmenso atractivo.

-Un gusto.

Al parecer es bastante conversador y no va a dejarme tranquila, pero yo también estoy sola en la playa y conversando, el tiempo pasa más rápido, aunque estaba bastante relajada escuchando música.

-Igualmente.

Le contesté con educación, mientras apagaba los auriculares.

Al parecer voy a entretenerme un rato, charlando con este desconocido.

-Estoy parando en la casa de mi hermano, para mí, es un placer estar con mi familia, soy argentino, pero Facundo, mi hermano, al casarse con una uruguaya, al parecer también se casó con este país.

Sonreí, al pensar que yo, siendo uruguaya, adopté a Argentina.

-Soy Uruguaya, pero vivo en Argentina.

Me devolvió la sonrisa y debo confesar que a cada segundo, este hombre me parecía más cautivador.

-Pero vengo cada vez que puedo.

Le digo sinceramente.

-¿Tenés amores por acá?

-Claro, y muy profundos.

Me estoy refiriendo a mis padres.

-Creo que me voy a poner celoso.

-¿De mis padres?

Le pregunto, siguiendo su juego.

Las carcajadas de Ramiro me contagiaron.

-Absolutamente no, ya te dije, adoro la familia, aunque vivo sólo.

-Eso no tiene nada que ver, muchas veces necesitamos espacio.

-También es verdad, te juro que mis dos sobrinos se adueñan de mi espacio y al verlos poco, me complace, aunque en Argentina, estando sólo, también estoy muy cómodo.

-Supongo que una cosa es estar de vacaciones y otra muy distinta es cuando trabajás y estudiás, cuando vas y venís corriendo con los tiempos.

-Es verdad, el ritmo del trabajo, te lleva a veces a no compartir mucho tiempo con parientes y amigos.

-Exacto, no podría estar avisando a que hora llego o a donde voy, no de mala, pero a veces como por ahí, porque no me dan los tiempos.

-Me sucede igual.

Siento cómo recorre mi cuerpo con su mirada y juro que nunca sentí que un par de ojos me quemaban por dentro. 

Sin embargo sonreí y le hice algún otro comentario banal.

-¿Te puedo invitar a cenar?

Dijo de repente.

Parece un hombre educado y se tomó tiempo para charlar y luego formular esa invitación.

Estaba por aceptar la invitación, cuando recordé la invitación a cenar de Karen, mi amiga del alma, con ella hicimos juntas la escuela primaria y también el colegio secundario.

-Aceptaría, pero quedé en cenar en la casa de unos amigos, que realmente veo poco y aprecio mucho.

-Compromisos son compromisos, ¿Venía siempre a esta playa? Digo, ¿Estás en esta zona?

-Sí, me queda cómoda.

Sonríe como un chico al obtener la respuesta deseada.

Es más fácil pedirme el número de celular, pero es más divertido y supongo que si me quiere ver, es más halagador que llegue hasta la playa a que me llame por teléfono.

En ese instante miré a mi alrededor y la mayoría de las personas estaban pendientes de su teléfono.

Claro que yo lo uso y mucho, pero no suelo ignorar a la persona que está a mi lado, por estar pendiente de ese aparatito, que sin duda subyuga y atrae.

-Maravilloso, a mí también me queda cómoda esta playa, la casa de mi hermano está cerca.

-La de mis padres también.

-A lo mejor somos vecinos.

-No lo creo, conozco a casi todas las personas de por acá, aunque siempre hay vecinos nuevos.

-Es verdad ¿Venís muy seguido a Uruguay?

-Cada vez que puedo, ahora hacía 4 meses que no venía.

-A lo mejor no coincidimos nunca, yo vengo dos veces por año, aunque no por muchos días.

-Cuándo vengo, trato de quedarme todo el tiempo que puedo, ya sabés, de paso veo a mis amigas…

-Realmente no tengo amigos acá, solamente a mi hermano con su esposa y sus dos niños.

-Si es por familia propiamente dicho, acá están mis padres y una tía que vive bastante alejada, nada más.

-¿Sos única hija?

-Sí ¿Se nota?

-No, lo adiviné… no sé qué características tienen los hijos únicos.

-De adultos no sé, supongo que de niños somos más egoístas, al no compartir el cariño de nuestros padres, los juguetes y aparte tenemos toda la atención de nuestros padres y tal vez por eso somos un poco malcriadas.

-No noto que seas malcriada.

-Ahora soy adulta

-Una adulta joven.

-Soy joven, pero no soy una niña, tengo 25 años.

-Para mí sos una niña, tengo 32 años.

Justo la edad que calculé que tenía, físicamente estaba bárbaro, tenía los abdominales marcados y estaba a punto caramelo, pero se notaba que no era un imberbe.

-No sos mucho más grande que yo, aparte, cuando maduramos, las edades se acortan.

-Si, eso es verdad, si yo tuviera 17 y vos 10… no te hubiese mirado.

-¡Menos mal!, Si no hubiese salido corriendo.

Nos reímos amigablemente.

-Qué lástima que tengas un compromiso, espero poder tener la oportunidad de invitarte otro día.

Lo miré de soslayo.

Es realmente atractivo.

Yo soy una mujer hermosa, eso lo sé, pero chicas bonitas hay miles, al menos en esta playa, que es bastante exclusiva y a veces me da la sensación que sólo viene gente que en invierno no sale del gimnasio.

El tema es que este hombre insiste y si bien es un halago, no sé qué le pudo llamar tanto la atención de mí, cuándo seguramente ya lo deben haber fichado una docena de mujeres y es evidente que podría tener a la mujer que quisiera.

No me desmerezco, pero no tuve buena experiencia con hombres tan atractivos.

De todos modos no estoy buscando un marido, ni siquiera un novio.

Estoy muy cómoda como estoy, es decir, sola y sin apuro.

Claro que espero algún día formar una familia, pero creo que para eso falta bastante tiempo.

Tengo que terminar mi especialidad y seguir estudiando unos cuántos años más, hasta pensé en anotarme en Médicos sin frontera, o alguna entidad por el estilo, no sólo para ganar experiencia, sino para ayudar con mis conocimientos a gente que no tiene recursos.

Soy médica por convicción, amo mi carrera, y me encanta ayudar a la gente.

Gabriel, mi jefe, siempre me dice que los médicos también tenemos que vivir y dejar de pensar siempre en responsabilidades.

Tal vez por eso me dio las dos semanas extras que le pedí, porque siempre trabajo mucho más que el resto de mis compañeros.

Aunque Gaby me recalcó que no lo abandone, que me extraña mucho.

Supongo que en cualquier momento me habla, diciendo que quiere ser mi novio o pareja, o algo.

No entiendo por qué es tan tímido.

Tiene 40 años, me lleva 15, y no puede ocultar que siente algo por mí.

Tampoco avanza o se comporta de manera inapropiada.

Pero es un hombre grande, agradable, aunque no descolla por su belleza, pero tampoco puedo decir que es feo.

Digamos que podría ser mi hombre ideal.

Creo que no tiene familia y es el dueño de la clínica en donde trabajo, es una clínica importante, se nota que Gabriel es un hombre adinerado, aparte de ser una eminencia como médico, por eso no entiendo su timidez.

Jamás estaría al lado de un hombre por su dinero.

Pero Gabriel es mi ideal en muchos sentidos, lo admiro mucho cómo persona y cómo médico.

No entiendo porqué pienso en Gabriel en lugar de disfrutar del flamante hombre que tengo delante mío.

Tal vez para no caer en la tentación de hacer alguna tontería y terminar de nuevo con el corazón partido.

-Mañana decidimos a donde ir a cenar.

Dice Ramiro.

Yo le sonrío, es insistente, eso me gusta, aunque no soy de las que se hacen rogar.

-Perfecto.

Le digo, pensando que una cena no tiene porqué terminar en algo más.

Aparte su conversación es amena y se nota que es un hombre culto.

No soporto a los hombres que a cierta edad no terminaron de madurar y siguen hablando como si estarían con sus amigos en la escuela secundaria y esos abundan, sin importar la clase social a la cual pertenezcan.

Supongo que soy una mujer madura, o tal vez tenga que ver con mi profesión y con todo lo que se vive día a día en las guardias y en el sector de cuidados intensivos.

Quizás por eso no tengo tanta diversión en mi vida.

Vivo al otro lado de la realidad.

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