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Portada de la novela Mío, solamente mío

Mío, solamente mío

La vida de Hannah, una joven de espíritu rebelde, se transforma radicalmente tras la separación de sus padres y la entrada de Henry Evans, el influyente marido de su madre, en su hogar. Pese a que intenta guardar las apariencias por respeto al vínculo materno, Hannah nutre una fijación clandestina y caprichosa hacia su padrastro. Una velada imprevista lo cambia todo, sumergiendo a Henry en un turbulento triángulo afectivo que desafía las fronteras familiares.
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Capítulo 2

No le dije nada, simplemente le respondí con un "aja", ella azota la puerta con bastante fuerza, molesta por mi rebeldía, ahora soy yo la que está molesta por las pendejadas de mi madre; como eran diferentes las cosas cuando apenas estaban saliendo, se llevaban tan bien, incluso salíamos mucho de paseo, a comer helado e incluso íbamos al cine, mi mamá detestaba salir al cine, por eso íbamos más mi papá y yo. Me froté la cara, resignada y molesta por todo esto, estoy hasta el culo de que mi madre se desquite conmigo por sus estúpidas peleas, no entiendo porque peleo mi custodia en la corte si al final me iba a mandar a la mierda, en fin... ya no importa. Me levanté de mi cama y me cambié, estaba por empezar a caminar hacia las escaleras, pero detuve mi paso y me quedé parada un rato en el pasillo ya que a la distancia puedo escuchar la voz de mi madre, parece ser que no es feliz si no discute con Henry antes de largarse al trabajo.

Como siempre, su discusión es bastante fuerte y subida de tono, mi madre le reclama a mi padrastro que se haya ido a dormir a otra habitación, no para de acusarlo de forma ferviente de que tiene a otra mujer en su vida, le dice que no piensa dejarme con él en caso de que se divorcien, él le reprocha enseguida que no tiene a nadie, que son simples paranoias de ella y que no piensa quedarse de brazos cruzados si cree que puede quitarle mi custodia, ya que él me ha criado los últimos siete años de mi vida; no entiendo porque mi mamá saca esto a relucir, además de que ambos están olvidando que mi papá también va a meterse en este asunto. La discusión se desvía cuando mi madre vuelve a recriminarle por tener una amante, sacando a la luz el nombre de Sofía, su secretaria. Henry enseguida le dice que no la meta en esto, que ella no tiene nada que ver en sus discusiones maritales, mi madre enseguida le grita “¡Seguramente te estas revolcando con esa ramera!”, un fuerte resoplo se le escapa a papi que le grita “¡Mierda, claro que no!”.

Un leve suspiro se me ha escapado al darme cuenta de que son las discusiones de siempre, mi madre acusando a Henry de serle infiel y él defendiéndose diciendo que no tiene pruebas y que solo le está levantando falsos, lentamente caminé hacia las escaleras y desde mi posición podía ver como mi madre caminaba hacia la entrada principal, pero detuvo su paso por unos instantes para luego girarse un poco en su dirección y le gritó un par de cosas más a mi papi, luego retomó su camino y salió de la casa, no sin antes tomar su bolso y llaves, dando un fuerte portazo, parece que quiere que la casa se venga abajo. Bajé un poco por las escaleras, miré la entrada y al ver que la desquiciada de mi madre no iba a volver, me fui a la cocina, vi como Henry estaba caminando de un lado a otro, pasando repetidas veces sus manos por su increíble cabellera dorada y pese a que ya debería estar despeinado, no lo está; verlo hacer tanto coraje me causa mucha pena, espero que esto no haga que se enferme, me preocupa mucho la salud de Henry. Veo como su traje se arruga constantemente por sus movimientos y su corbata no deja de mecerse un poco sobre su cuello. No puedo evitar sentirme más y más atraída por ese hombre que tengo enfrente, es una pena que esté tan idiota por mi madre.

Al ver que no ha notado mi presencia, decido acercarme a mi asiento habitual, jalando suavemente el banco, apoyo mis manos sobre la isla y observo con detenimiento a mi padrastro. Repentinamente se gira en mi dirección y al por fin notarme, suelta un jadeo de sorpresa, haciéndose un poco para atrás por el susto que le he dado, no pude evitar reírme por su reacción, siempre logro asustarlo cada vez que discute con mi madre.

—Hey— Contesta nerviosamente.

Papi se acomoda la corbata mientras me dedica una pequeña sonrisa; ahora que lo pienso, desde que estoy en esta casa, Henry ha evitado con todas sus fuerzas insultar o gritar y es algo que aprecio mucho, pero mi madre no ayuda en lo absoluto. No puedo evitar observarlo con detenimiento, siempre he pensado que él tiene un porte bastante elegante.

—Lamento mucho lo que acabas de escuchar, no.… no era mi intención gritarle todo eso a tu madre.

—No te disculpes, ella también dijo pendejadas— Contesto con mucho desinterés.

Me encojo de hombros de forma indiferente mientras camino por la cocina buscando que desayunar, al darme cuenta de que no dirá nada, solté un pequeño suspiro y le miré por encima de mi hombro, Henry tiene su mirada puesta en mí. Ahora mismo tengo su completa y absoluta atención y eso me encanta.

—En realidad, es ella quien siempre discute y te echa en cara sus problemas en la cama, cuando es ella quien no quiere que la toques.

—¡Jovencita! — Exclama alterado y sorprendido. —¿¡Qué clase de vocabulario es ese?!

Detengo mi paso y me giro hacia él, dedicándole una sonrisa falsa y haciendo un gesto de disculpa con las manos, él se pone bastante serio ante mi actitud rebelde y grosera, yo sigo sin quitar mi sonrisa para después volverme a girar hacia la cocina, poniendo los ojos en blanco.

—Es la verdad, toda esta mierda se podría resolver si ella dejara de gritar y se sentara a hablar, pero parece ser que las malas costumbres que tenía con mi papá las tiene demasiado arraigadas.

—Hannah— Espeta con seriedad mientras camina en mi dirección. —Lo digo enserio, controla tu vocabulario, jovencita, en esta casa no se dicen esas groserías.

—Bueno, hace rato gritaste ¡Mierda! — Le contesto entre risas descaradas y ligeramente arrogante. —Así que si, si hay groserías en esta casa.

—Perdón por eso, creí que no estabas en casa— Carraspea la garganta con fuerza.

Le observo de forma breve por encima de mi hombro y veo que se sienta sobre una de las sillas altas que están pegadas a las islas de la cocina, recargando sus codos sobre ella, coloca su cabeza entre sus manos y resopla con fuerza, se nota en su mirada lo cansado que está de esta situación. No me sorprendería que le pidiera el divorcio a mi madre y en cierta forma, se lo merece.

—¿Qué debería hacer?

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