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Portada de la novela Mío, solamente mío

Mío, solamente mío

La vida de Hannah, una joven de espíritu rebelde, se transforma radicalmente tras la separación de sus padres y la entrada de Henry Evans, el influyente marido de su madre, en su hogar. Pese a que intenta guardar las apariencias por respeto al vínculo materno, Hannah nutre una fijación clandestina y caprichosa hacia su padrastro. Una velada imprevista lo cambia todo, sumergiendo a Henry en un turbulento triángulo afectivo que desafía las fronteras familiares.
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Capítulo 3

Me quedo pensativa por unos instantes, es verdad que solo tengo quince años, pero veo desde otra perspectiva la vida de mis padres, entiendo ambos puntos de vista y sé que los dos tienen razón, alguien tiene que dar su brazo a torcer primero para que el otro dé el paso.

—Busca una prostituta— Contesto con toda la seguridad del mundo.

—¿¡Que?! —Exclama molesto y sorprendido. —¡Hannah!

—¿Qué? — Estoy de lo más tranquila, no me altera que me griten o me alcen la voz, estoy acostumbrada a ellos. —Es la verdad.

Después de tanto revisar el refrigerador, termino por sacar un refresco en lata y me giro hacia Henry, que me observa con los ojos abiertos de par en par, sorprendido por mi respuesta. La forma en cómo me mira me da bastante risa, pero decido no reírme, al menos no por fuera.

—Mira Henry— Pronuncio con total serenidad.

Tomo asiento sobre uno de los bancos que están ahí, quedando de frente a él, le miro con seriedad, ahora mismo vamos a tener una conversación seria e importante y como tal, debo comportarme a la altura, no quiero que papi piense que no soy capaz de pensar como una persona madura cuando me lo propongo.

—Has sacrificado mucho por mi mamá, te has adaptado a todo lo que ella quiere, sé que tu querías tener hijos propios, pero mi mamá dijo que no, que conmigo debería bastarte y lo aceptaste, mi madre dijo que no quería quedarse en la casa todo el día y que contrataras una mujer de servicio ya que ella estaría trabajando, pese a que no lo necesita y nunca lo hizo, lo aceptaste— He dejado de lado el sarcasmo.

—No quiero forzarla a nada, quiero que sea feliz porque la amo— Responde con cierta tristeza y melancolía.

—Tu siempre das tu brazo a torcer y ella nunca lo hace, sé que la amas, pero eres un ser humano con necesidades, sé que el sexo es importante en una relación y obviamente te vas a frustrar si mi mamá no abre las piernas y la verdad no me impresionaría que tengas una amante que te satisfaga en ese aspecto y no te juzgo, mi madre está tan acostumbrada a que siempre cedas a sus exigencias, que no quiere hacer el mínimo esfuerzo por la relación.

Tomo un sorbo de mi bebida, Henry no deja de contemplarme con asombro, nos miramos directo a los ojos, su mirada es tan intensa y severa, pero también es comprensible.... a veces creo que Henry es extraño, es el dueño de una gran empresa, pero se doblega a las exigencias de mi madre con mucha facilidad.

—No voy a hacerme la idiota ni a decirte nada políticamente correcto, las cosas como son— Curvo los labios con desagrado, odio que la gente tenga miedo de decir las cosas. —Quieres follar, mi mamá se inventa miles de pretextos pendejos para no hacerlo, entonces busca una prostituta y listo, si ella lo descubre, pues también es parte de su culpa, porque si las cosas fueran al revés, entonces la gente te diría que ERES TU quien no atiende a tu mujer como se debe en la cama, pero si tú la engañas, eres un mal hombre, desgraciado de lo peor.

—Hannah ¿Quién te enseñó a ser así? — Su voz es ligeramente titubeante, parece ser que nunca pensó que fuera a decirle algo como esto.

—Nadie, así es como veo las cosas—

Me levanto de mi asiento y camino hacia él, con mi lata de refresco en mano.

—Si mi madre no quiere sentarse a hablar o ir a terapia de pareja, te recomiendo que te divorcies de ella y no te pido que te hagas cargo de mí, ya que no tienes ningún deber conmigo una vez que te separes de ella, pero debo decir que sería una lástima que nos distanciemos por esto, te he agarrado mucho cariño... papi.

Empiezo a encaminarme hacia mi cuarto, pero Henry me toma del brazo, haciendo que detenga mi paso, volteo a verlo y lentamente va tirando de mí hasta que vuelve a sentarse sobre el banco, ninguno de los dos ha roto el contacto visual. No puedo evitar sentirme mareada y en cierta forma, excitada... desde los catorce años siento una atracción sexual hacia él y es algo que no puedo evitar.

—Hannah... eres demasiado joven como para pensar de esa forma y me sorprende que seas madura en ese aspecto.

—Solo digo la verdad, la verdad que nadie quiere escuchar ni decir.

Al ver que se niega a dejarme ir, me giro por completo hacia él sin romper el contacto visual; pese a que papi está sentado, él todavía se ve mucho más alto que yo ¿Cuánto medirá Henry? ¿Un metro noventa? Es bastante alto, pero es parte de su encanto de hombre empresario, de eso no hay duda alguna.

—Desconozco las razones por las cuales mi mamá se comporta de esa forma, pero de lo que, si estoy consciente, es que es suficiente Henry, has sacrificado mucho por la felicidad y el bienestar de mi mamá, ya estoy harta de que siempre seas tú quien tenga que ceder ante todas las situaciones e incluso te ha encargado por completo mi educación, apenas habla conmigo ya que se la pasa metida en un trabajo pendejo que no le da nada, solo estrés y problemas, además de que sale constantemente de viaje.

—Volviendo a la pregunta inicial ¿Qué crees que deba hacer?

—Sepárate de ella, sé que te va a doler al inicio, pero créeme.... es mejor eso a que sigan peleando todo el tiempo y diciéndose cosas hirientes— Hago una breve pausa y me acerco más a él de forma ligeramente sugestiva. —Amo a mi madre, pero sé que se ha pasado de la raya y que está actuando como una chiquilla de mi edad, diciéndote que la engañas cuando no es verdad.

—¿Cómo sabes que no es así? Si fuera verdad ¿Dejarías de hablarme?

—En lo absoluto y sé que no es verdad porque sigues teniendo la misma rutina después de ocho años, nada ha cambiado.

Le dedico una genuina sonrisa mientras me voy alejando de él, Henry se ha quedado tan aturdido por mi forma de pensar, que me ha soltado lentamente, haciendo que me de media vuelta y camine hacia mi cuarto, tarareando una canción que tengo marcada en mi cabeza. Apenas llego a mi cuarto, dejo mi lata sobre mi escritorio y me dejo caer sobre mi silla con ruedas, enciendo el pc y me pongo a vagar por internet, esperando encontrar algo interesante.

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