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Portada de la novela ¡Mi marido pobre resultó ser un magnate!

¡Mi marido pobre resultó ser un magnate!

Tras ser traicionada por su familia y su novio, Janet se ve forzada por su hermana a casarse con el supuesto hijo ilegítimo de los Lester. Desesperada por pagar la cirugía de su niñera, acepta este destino incierto. No obstante, su esposo Ethan esconde un secreto impactante tras su belleza: es el hombre más adinerado de la ciudad. Lo que inició como un sacrificio desesperado se transforma en un complejo romance lleno de engaños y sorpresas inesperadas.
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Capítulo 3

Todos se quedaron mirando al hombre con la boca abierta; su encanto parecía emanar de manera natural, sin el menor esfuerzo.

Los ojos de Jocelyn brillaron al instante. Estaba convencida de que aquel hombre tan apuesto debía ser uno de los hermanos mayores de Ethan. Después de todo, la familia Lester era una de las más poderosas de la ciudad y, al ser Ethan un hijo ilegítimo, Jocelyn siempre había creído que él no podía compararse con los herederos legítimos. El hombre frente a ella irradiaba elegancia y un porte casi aristocrático, por lo que no cabía duda: tenía que ser el verdadero sucesor de la familia Lester.

Su galanura y ese encanto natural la sorprendieron y emocionaron al mismo tiempo. Jocelyn siempre había creído que Steve era guapo… pero al lado de este hombre, Steve parecía un don nadie, lo peor de lo peor.

Se le acercó de inmediato con una sonrisa coqueta.

—¿Eres hermano de Ethan? —le preguntó, sintiendo cómo el rubor le subía a las mejillas solo con mirarlo a los ojos—. Ah, la familia del novio aún no llega, así que si quieres, puedes tomar asiento. La boda aún va para largo.

Tenía unas ganas de pedirle su número, pero con tanta gente alrededor y siendo la ocasión que era, no se atrevió a ser tan descarada.

El hombre, sin siquiera parpadear, la ignoró por completo. Pasó de largo como si no la hubiera visto, y caminó directo hacia Janet.

A Jocelyn se le encendió la cara del puro bochorno. Toda la emoción que sentía se evaporó en un instante. Regresó furiosa a su asiento, pero se quedó helada al ver que ese joven se detenía justo al lado de su hermana. Fue entonces cuando le cayó el veinte: ese hombre era Ethan. El mismísimo novio.

Jocelyn negó con la cabeza, incrédula. —¿Cómo puede ser Ethan? ¿Cómo puede ser tan guapo?

Se inclinó y le susurró al oído a su madre: —Mamá, ¿por qué no me conseguiste una foto de Ethan? Si hubiera sabido cómo era, jamás habría pedido que Janet se casara con él por mí.

Fiona cerró los ojos y soltó un suspiro exasperado. Luego le lanzó una mirada de reproche. —Todavía estás muy chica. Ya entenderás que el físico no lo es todo. Ethan no tiene ni un trabajo decente. Es un don nadie, sin futuro, perfecto para Janet. Los dos quedarán marginados para siempre.

Jocelyn no respondió, pero por dentro hervía de rabia. ¿Cómo era posible que Janet se fuera a casar con un hombre que parecía salido de una película?

Ethan se detuvo frente a su novia y la miró a los ojos. —Perdón por llegar tarde. Tuve que arreglar unos asuntos personales —dijo, rascándose la ceja con indiferencia.

—No importa —respondió Janet. En realidad, le alegraba que al menos el tipo fuera guapo; eso ya era una pequeña victoria.

Justo cuando iba a girarse, algo captó su atención: el reloj que él llevaba en la muñeca. Un Patek Philippe, resplandeciente bajo el sol.

Aunque Janet no era rica, había visto suficiente mundo como para reconocer el valor de ese reloj. Ese modelo costaba, como poco, un millón de dólares. Sus cejas se arquearon con incredulidad.

Todo el mundo le había dicho que Ethan era un pobre diablo, un inútil sin nada. ¿Entonces por qué llevaba un reloj de ese calibre?

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