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Portada de la novela Me casé con el hombre al que llamaban indeseable

Me casé con el hombre al que llamaban indeseable

Sophie asume la identidad de su hermana para contraer matrimonio con Adrian, un hombre cuya reputación y aspecto generan temor. A pesar del rechazo de su familia y el estigma social, ella logra el éxito profesional mientras surge un vínculo real entre ambos. Adrian, quien ocultaba su identidad bajo un disfraz para alejarla, resulta ser un magnate poderoso. Al descubrirse la verdad, el millonario suplica el amor de Sophie, entregándole su imperio para no perderla.
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Capítulo 2

La ceremonia nupcial comenzó. Al final del pasillo, Adrian esperaba con su traje hecho a la medida, que se ajustaba a la perfección a su imponente figura. Tenía hombros anchos, una cintura esbelta: parecía el hombre del momento.

Una elegante máscara negra cubría su rostro, dejando al descubierto solo una mandíbula esculpida. Los invitados pensaban que, de no ser por las cicatrices que ocultaba, Adrian debía de ser increíblemente guapo.

Entre los invitados, Alice se sentó en su silla. Al instante, su amiga se inclinó hacia ella, con los ojos abiertos de emoción, y le dijo: "¿Por qué no me pediste que te sustituyera en el altar? ¡Ese hombre tiene el cuerpo de un modelo de pasarela! Daría cualquier cosa solo por una noche con él!".

Alice le lanzó una mirada a Adrian, quien esperaba en el altar. Al ver lo alto y atlético que era, la envidia brilló en sus ojos, pero lo ocultó con desdén. "¿De qué sirve un cuerpo perfecto si su rostro está lleno de cicatrices? ¿Acaso no viste esa máscara? La usa porque el accidente lo dejó tan desfigurado que no puede mostrar su cara. Imagina despertar junto a alguien así, ¿no te daría miedo?".

Su amiga frunció el ceño y se quedó sin palabras por un instante, aunque no pudo evitar lanzarle otra mirada a Adrian. Justo en ese momento, las notas dulces de un violín llenaron la sala y Sophie entró con elegancia, del brazo de Kolton. Avanzaba por el pasillo con una confianza serena.

Desde la multitud, David la observaba. Una oleada de arrepentimiento lo invadió al verla tan resplandeciente. Si no le hubiera sido infiel, quizás sería él quien la estuviera esperando en el altar en ese momento. Lo que había pasado con Alice ya no significaba nada. Sophie era la que realmente quería: hermosa, amable, la mujer que debió haber sido suya.

En ese momento, Alice notó la forma en que David miraba a Sophie, y sintió que la envidia se retorcía en su interior. Entonces se inclinó de nuevo hacia su amiga y le dijo con la voz cargada de veneno: "Sophie actuaba como si no quisiera casarse con Adrian, pero en realidad estaba encantada. Seguro se enteró de que la familia Knight es extremadamente rica".

Oculta detrás del velo, Sophie observó al hombre enmascarado que la esperaba en el altar, e inconscientemente apretó la mano con más fuerza. Kolton le estrechó los dedos suavemente mientras le decía: "Lo estás haciendo genial. Sé que esto no es fácil".

Pero ella no dijo nada, solo negó con la cabeza. La decisión ya estaba tomada; no había vuelta atrás.

Como era una persona optimista por naturaleza, no iba a dejar que la tristeza se apoderara de ella. Esa era su forma de pagarle a la familia de su tío por todo, así que no se iba a echar para atrás. Además, después de ese día, su vida por fin sería suya.

Al llegar al altar, Kolton puso la mano de Sophie en la de Adrian con suavidad. Un estremecimiento recorrió a la joven apenas sintió la inesperada calidez de aquella palma. El novio enmascarado le acarició el dorso de la mano con el pulgar, como si la estuviera tranquilizándola en silencio.

La ternura del gesto la sorprendió. Quizás el hombre al que todos llamaban mujeriego no se parecía en nada a lo que decían los rumores. Sus facciones seguían ocultas, pero había una gracia firme en su forma de comportarse, una confianza tranquila que pareció calmar sus nervios sin necesidad de palabras.

Adrian se inclinó hasta que su aliento cálido le rozó el oído. "¿Lista para comenzar nuestra historia, esposa mía?".

El sonido de su voz, grave y profunda, hizo que Sophie sintiera un escalofrío. De repente comprendió cómo ese hombre podía cautivar tantos corazones, con o sin cicatrices.

Sin decir nada, asintió y dejó que él la guiara suavemente hacia el sacerdote que los esperaba. Después de pronunciar sus votos con solemnidad y firmeza, el encargado de llevar los anillos avanzó con una bandeja. Cuando el sacerdote levantó la tela que la cubría, un murmullo de asombro recorrió la capilla y todos abrieron los ojos de golpe al ver la legendaria gema.

"¿Esa es la Llama del atardecer? ¡El famoso diamante rosa! ¡Es idéntico al que lleva la princesa de Yharta!".

Alice apretó los puños mientras veía cómo la enorme joya rosa de diez quilates se deslizaba en el dedo de Sophie. Ese anillo debió haber sido suyo.

Siempre había despreciado a Adrian, como si fuera un don nadie. Para ella, no era más que el hijo olvidado del primer matrimonio de Mike Knight. Un hombre desfigurado, rechazado por toda su familia y con casi nada a su nombre. ¿Quién se habría imaginado que la familia Knight le concedería tal tesoro al hijo que supuestamente habían menospreciado?

Alice intentó convencerse de que el ostentoso gesto de la familia Knight no era más que una forma de hacer que Adrian quedara bien el día de su boda. Se animó al recordar a David, quien tenía encanto y dinero, y que sin duda era mucho mejor que cualquier hombre feo. Ese pensamiento la tranquilizó, aunque solo un poco.

La suave voz del sacerdote se extendió por la sala. "Puede besar a la novia".

Sophie se puso rígida, preparándose. La idea de besar a un completo desconocido, especialmente a uno que acababa de conocer ese mismo día, le parecía irreal.

Frente a ella, Adrian parecía igual de inseguro. Sophie no pudo evitar mirarlo fijamente. ¿De verdad el famoso rompecorazones que supuestamente ponía a las mujeres a sus pies estaba nervioso en ese momento?

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