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Portada de la novela Matrimonio en 90 dias

Matrimonio en 90 dias

Sofía requiere casarse para acceder a su herencia, mientras que Julián necesita un matrimonio que asegure su permanencia legal en el país. Por conveniencia, acuerdan una unión falsa de tres meses con una condición innegociable: el amor no tiene cabida. No obstante, el roce diario entre sus realidades distintas comienza a erosionar el trato. Lo que nació como un simple contrato burocrático se convierte en un vínculo auténtico e inevitable.
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Capítulo 2

El sonido del timbre interrumpió el silencio incómodo que se había instalado entre Sofía y Julián tras salir del registro civil. Ambos se miraron por un segundo, como si aún no pudieran creer lo que acababan de hacer. Sofía se apartó de la puerta para dejar pasar a la persona que había llegado con la noticia de que su boda había sido registrada.

-Aquí está el contrato, firmado y sellado -dijo el abogado de Sofía, entregándole un sobre al que ella ni siquiera prestó atención. Estaba demasiado distraída, mirando a Julián, que se había quedado quieto en la entrada, con la vista fija en el suelo.

-Gracias, Tomás -respondió ella sin mucho ánimo, sin mirarlo siquiera. Tomás observó la tensión entre ellos, pero no hizo ningún comentario.

El abogado se despidió rápidamente, dejando a los recién casados a solas, y Sofía cerró la puerta tras él con un suspiro. El ambiente en el apartamento de Sofía, aunque elegante y moderno, parecía de repente más frío y lejano que antes.

-Esto está sucediendo, ¿verdad? -dijo Julián, levantando la vista por fin. Sus ojos se encontraron con los de ella, pero no había alegría ni emoción en su mirada. Solo confusión, incertidumbre.

-Sí, esto está sucediendo -respondió Sofía con firmeza, pero no convencida. Estaba tan absorta en todo lo que acababa de ocurrir que apenas lograba procesar lo que eso significaba. El contrato estaba firmado, pero el resto de su vida estaba en el aire, suspendida entre la mentira y la verdad.

Julián pasó la mano por su cabello, respirando profundamente. Sabía que las palabras que le iba a decir no serían fáciles.

-Entonces, ¿qué sigue ahora? ¿Cuál es el plan? -preguntó, con el tono de alguien que no sabía si esto era una aventura o una condena.

Sofía se cruzó de brazos, mirando al frente mientras sus pensamientos se organizaban en su mente. La situación que acababan de crear tenía reglas, reglas que habían sido claras al principio, pero que ahora parecían cada vez más complicadas. El matrimonio era solo una formalidad. No debía implicar emociones, ni recuerdos, ni siquiera una conexión más allá de lo superficial. Solo debía durar tres meses. Un matrimonio por conveniencia. Un trato de negocios, sin sentimientos involucrados.

-El acuerdo es claro, Julián -dijo finalmente, sin mirarlo. Su voz sonó firme, pero ella sabía que sus propias palabras sonaban vacías. El matrimonio no estaba vacío, por supuesto, pero todo lo demás lo estaba-. Nada de emociones. Nada de relaciones más allá de lo que es necesario para que esto funcione. Y lo más importante, privacidad absoluta. Nadie puede saber que estamos casados por razones que no sean las que hemos dicho.

Julián asintió lentamente, pero no estaba seguro de lo que eso significaba para ellos, o lo que iba a significar para su vida cotidiana. Se llevó una mano al bolsillo, sacó la llave de su coche y la miró unos segundos antes de volver a metérsela en el pantalón. Sofía lo observó, sin perder su postura, como si estuviera esperando a que él dijera algo más.

-Entiendo lo que dices... -dijo finalmente, en voz baja, como si estuviera buscando las palabras correctas. Pero las palabras correctas no parecían suficientes para lo que estaba sucediendo. Él quería entender, pero no podía dejar de sentir que había algo más. Algo que no podían controlar.

-Lo primero es que tenemos que empezar a vivir juntos, al menos temporalmente -continuó Sofía, viendo que Julián había tomado la noticia como algo inevitable-. Necesitamos hacerlo creíble. Debemos actuar como una pareja casada para que el acuerdo sea más convincente para todos, especialmente para quienes necesitan ver pruebas de que esto no es solo un papel.

-¿Entonces vas a dejar que este... matrimonio sea real, solo por afuera? -preguntó Julián, con una ligera sonrisa irónica. Estaba buscando algo de humor, algo que aligerara la situación, pero no parecía funcionar.

Sofía no respondió de inmediato. En lugar de eso, se acercó a la mesa del comedor y tomó un par de copas de vino que había dejado allí antes de salir. Se sirvió una copa, y luego, tras pensarlo un segundo, le ofreció la otra a Julián.

-Sí -dijo finalmente-. Solo por afuera. Lo necesitamos, y no hay vuelta atrás. Pero esto solo será un acuerdo de negocios. Nada más.

Julián tomó la copa sin decir nada más y dio un trago largo, casi como si necesitara un descanso de las palabras que acababa de escuchar. Sofía se dio cuenta de que su tono había sido más frío de lo que hubiera querido, pero no podía evitarlo. Había algo en todo esto que la incomodaba. Tal vez era la fragilidad de las emociones que no debía dejar salir. Tal vez era el hecho de que, sin importar cuán duras fueran las reglas, el destino de ambos estaba ahora entrelazado de una manera que no sabían cómo manejar.

-De acuerdo -dijo Julián al final, después de un largo silencio-. Pero, ¿cómo vamos a hacer esto? ¿Vamos a vivir juntos como si fuéramos una pareja casada, pero sin serlo realmente? ¿Solo para que el acuerdo sea más convincente?

Sofía respiró profundamente, sintiendo que la presión aumentaba. La idea de mudarse temporalmente juntos era una locura, pero era lo que tenía que hacerse. No podía detenerse ahora, no cuando la herencia estaba en juego, no cuando todo estaba en juego.

-Sí, así es -respondió, con una mirada decidida-. Viviremos juntos por tres meses. Solo tres meses. Después de eso, podremos hacer lo que queramos. Pero hasta entonces, actuaremos como si este matrimonio fuera real.

Julián la miró por un segundo, como si estuviera evaluando cada palabra que acababa de escuchar. Luego asintió lentamente, con una resignación que Sofía no había esperado.

-Entonces, ¿cuál es el siguiente paso? ¿Nos mudamos juntos ahora mismo? -preguntó, con un toque de incertidumbre en la voz.

Sofía levantó la copa de vino y la sostuvo entre sus manos.

-Sí. Vamos a mudarnos. Y cuando todo esto termine, nos olvidaremos de que esto alguna vez existió. Pero por ahora, tenemos un trato que cumplir.

Ambos se quedaron en silencio, mirando el vino en sus copas como si fuera la única respuesta que tenían. La vida de Sofía había dado un giro de 180 grados, y el de Julián también. Sin embargo, la duda seguía colándose entre ellos, una duda silenciosa que ninguno quería expresar. ¿Sería posible mantener este trato sin que las emociones se interpusieran? ¿O, tal vez, ya era demasiado tarde?

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