Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Matrimonio en 90 dias

Matrimonio en 90 dias

Sofía requiere casarse para acceder a su herencia, mientras que Julián necesita un matrimonio que asegure su permanencia legal en el país. Por conveniencia, acuerdan una unión falsa de tres meses con una condición innegociable: el amor no tiene cabida. No obstante, el roce diario entre sus realidades distintas comienza a erosionar el trato. Lo que nació como un simple contrato burocrático se convierte en un vínculo auténtico e inevitable.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

El primer día de convivencia no fue como Sofía lo había imaginado. De hecho, no había imaginado nada al respecto. Había creído que sería algo simple: vivir bajo el mismo techo, evitar cualquier tipo de acercamiento emocional y cumplir con el trato. Pero pronto, los pequeños detalles comenzaron a aflorar. Y con ellos, las diferencias.

Sofía estaba en la cocina, organizando los estantes con precisión casi obsesiva. Había comenzado la mañana temprano, como siempre, ordenando todo a su alrededor. El departamento de dos habitaciones de Sofía estaba impecable, cada cosa en su lugar, los muebles perfectamente alineados. La luz que entraba por las ventanas amplias hacía que todo pareciera aún más ordenado. Era un lugar que reflejaba quién era ella: controlada, meticulosa, estructurada.

Julián entró en la cocina a esa hora. Él no era ni madrugador ni una persona de rutinas, y eso lo hacía sentir un poco fuera de lugar. Miró la cocina con cierto desconcierto antes de abrir el refrigerador y sacar una botella de jugo. Lo hizo con una calma que chocaba con el ritmo acelerado de Sofía.

-¿Quieres algo para el desayuno? -preguntó Sofía, sin mirarlo, mientras organizaba la despensa por tamaños y colores.

Julián se recostó contra la barra de la cocina, observando el proceso como si fuera un espectáculo.

-¿Tienes algún cereal o algo fácil de hacer? -preguntó con un tono relajado, sin la más mínima prisa.

Sofía le lanzó una mirada rápida. Aunque no le dijo nada, su expresión lo dijo todo: un cereal no estaba ni cerca de estar en sus planes para esa mañana.

-Hay avena -respondió, alzando la voz, como si eso fuera lo único que podría pasar en su cocina-. Es saludable.

Julián se encogió de hombros, sin mayor interés.

-Está bien -dijo mientras se sentaba en una de las sillas de la mesa. Miró la vajilla perfectamente ordenada, los cubiertos alineados. Todo tenía su lugar, pero a él le pareció excesivo. Sofía estaba demasiado tensa para un simple desayuno.

-No lo hagas si no te apetece -dijo ella con una leve sonrisa, tratando de sonar más amable de lo que realmente se sentía. Su necesidad de control no se veía reflejada solo en la cocina, sino en su comportamiento.

Julián suspiró y se levantó. No quería estorbar, pero tampoco tenía ganas de quedarse sentado en silencio mientras ella organizaba su vida como si fuera una exposición de arte. Tomó una taza y se sirvió un café de la cafetera.

-Oye, ¿te parece si dejo mi ropa en la otra habitación? No quiero mezclarme con tus cosas, ya sabes, por respeto -comentó, sin mirarla demasiado. No era un comentario malintencionado, pero Sofía lo tomó de manera diferente.

-¿Por respeto? -repitió ella, frunciendo el ceño. Esa palabra la había hecho sentir como si estuviera invitando a un extraño a su hogar. La idea de compartir su espacio con alguien, incluso si era un matrimonio por conveniencia, la inquietaba más de lo que esperaba.

-Sí, ¿qué pasa? -Julián no parecía haber notado su tono cortante.

Sofía respiró profundamente y bajó la mirada.

-Nada -respondió, casi automáticamente, y se dirigió a la alacena a sacar la avena. Mientras lo hacía, se dio cuenta de que, a pesar de todo, estaba sorprendida de lo fácil que había sido para él adaptarse. No estaba haciendo preguntas innecesarias ni quejándose de las reglas que ella le había impuesto.

Julián terminó su café en silencio, observando la escena, y luego se levantó para ir al baño. Sofía no había terminado su ritual de organización, así que la pequeña conversación se deshizo en el aire. Él no comprendía del todo por qué ella actuaba de esa manera, tan rígida, tan distanciada. Pero lo aceptaba. La rutina de Sofía era importante para ella.

En su tiempo libre, Sofía comenzó a ver la televisión mientras comía. Julián se acomodó en el sofá, dispuesto a ver algo que no le interesaba. El zumbido del televisor llenó el aire con algo de tensión, pero ninguno de los dos habló de la incomodidad que flotaba entre ellos.

Poco después, el sonido del teléfono de Julián interrumpió el pequeño respiro de paz que había logrado crear.

-¿Vas a contestar? -preguntó Sofía, algo más tensa de lo que pensaba.

Julián levantó el teléfono, miró la pantalla y luego lo dejó de nuevo sobre la mesa.

-No es importante -respondió, pero su mirada había cambiado. Sofía se dio cuenta de que lo había visto muy poco concentrado en su teléfono. La sensación de que algo en su vida estaba aún por resolverse la inquietó de inmediato.

-Está bien -respondió ella, concentrándose de nuevo en la pantalla, sin más palabras. La comunicación entre ellos no fluía con la misma naturalidad que con un amigo cercano. Había algo ahí, algo que no se podía entender.

En la tarde, mientras Sofía estaba en su oficina trabajando, Julián decidió hacer algo que a él le parecía normal, pero que para ella fue un choque directo a su sentido de orden. Se estaba tomando una siesta en el sofá.

Cuando Sofía salió de la oficina y vio su teléfono a un lado de la mesa, vio un par de calcetines y una camisa tirados sobre el sillón. Sintió una punzada en el estómago al ver el caos que Julián había dejado. Se acercó rápidamente a la sala, recogió las prendas y las dobló de manera ordenada, como si eso fuera a calmar sus pensamientos.

En ese momento, Julián apareció detrás de ella.

-¿Tienes algo en contra de mis cosas? -preguntó, sin maldad, pero con cierto aire desafiante.

Sofía se detuvo y lo miró por un instante, sintiendo una mezcla de incomodidad y frustración.

-No, no tengo nada en contra. Solo... -dudó por un momento, mirando los calcetines doblados en su mano-. Solo que no soy una persona muy desordenada.

Julián la observó, entendiendo la tensión en su voz. No dijo nada durante unos segundos, hasta que decidió ir por su parte.

-¿Te molesta tanto? -preguntó suavemente.

Sofía suspiró y dejó caer las prendas sobre la mesa.

-No es que me moleste. Es que... todo esto es raro. Necesito controlarlo, Julián. Todo. Mi vida, mi espacio. Y tú, aquí, haciendo todo lo contrario, lo complicas.

Julián la observó en silencio por un momento. Entonces, en lugar de argumentar, simplemente levantó los brazos en un gesto de rendición.

-Está bien, lo intentaré. Pero, ¿puedes prometerme que no me convertiré en el enemigo? -dijo, con una sonrisa irónica.

Sofía no supo cómo responder. No era un enemigo. Solo alguien que venía a hacerle la vida más impredecible. Un contraste en cada rincón, en cada decisión, en cada mirada. Pero, por alguna razón, la idea de que él estuviera allí, viviendo a su lado, no la incomodaba tanto como ella pensaba.

-Lo intentaré -respondió al final, sin mucha seguridad.

Y de esa forma, empezaron a compartir el espacio. Aunque no estaba claro quién cedía más, la tensión seguía allí, sin resolverse, solo esperando a explotar cuando menos lo esperaran.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela El ajuste de cuentas de la heredera
8.4
Kristian Dobson se casó con Laura Clarke por interés tras años de relación, manteniéndome cautiva bajo una falsa apariencia de bienestar. Su ambición y desprecio lo llevaron a forzarme a saltar desde un piso diecisiete solo para complacer a su cónyuge. Sin embargo, ambos desconocen mi verdadera identidad y el poder que poseo. No soy la víctima que ellos creen, sino la heredera legítima de la fortuna más grande de la ciudad y busco justicia.
Portada de la novela El Contrato del Heredero Prohibido
8.6
Mila Vane cumplió su pacto: un año de matrimonio con el frío Caleb Thorne sin sentimientos ni hijos. Tras divorciarse, escapó a Londres para proteger un embarazo secreto. Tres años después, su carrera como fotógrafa peligra cuando el magnate la localiza. Al ver a su heredero, Caleb despliega su poder financiero para reclamar lo suyo. Bajo amenazas legales, obligará a Mila a regresar a su lado, dispuesto a todo por recuperar su familia y su lugar en su cama.
Portada de la novela La obsesión del Ceo
9.0
Addison Carter enfrenta un gran desafío: escribir un relato erótico sin haber vivido el deseo. Ante su bloqueo, su mánager la envía al exclusivo hotel Opulent Haven para inspirarse. En este refugio conocerá al propietario, un multimillonario altivo conocido como Mr. Sexo. Aunque Addison busca distanciarse de su aura seductora, él la arrastrará a una realidad llena de pasión que desafiará su voluntad. ¿Sucumbirá la autora ante la tentación de este magnate?
Portada de la novela La promesa que casi la quiebra
8.4
Camila Bravo ha dedicado cinco años a proteger al gélido Gastón Montenegro por un juramento del pasado. Sin embargo, tras ser humillada públicamente durante el compromiso de Gastón con la despiadada Shantal, descubre que él solo la ve como un objeto sustituible. Ante la traición familiar y el desprecio del hombre que amparó, Camila simula su fallecimiento en el océano para liberarse. Su objetivo es borrar su antigua vida y resurgir lejos de los Montenegro.
Portada de la novela La Venganza de Sofía Romero
9.0
Sofía Romero recibe una segunda oportunidad tras ser asesinada en el desierto por Elena, su codiciosa tutora. Al despertar diez años atrás, justo el día en que su enemiga llegó para robarle su legado, Sofía decide cambiar el destino. Con el respaldo de su abuela Isabel, la joven deja atrás la ingenuidad para transformarse en una mujer implacable. Movida por el rencor, ejecutará una fría estrategia para proteger su herencia y destruir a quien la traicionó.
Portada de la novela Matrimonio por contrato.
8.1
Isabella se esfuerza cada día por ganarse el afecto de Damian en un matrimonio pactado por puro interés. Aunque ella se entrega con total devoción, solo recibe frialdad de su esposo. Sin embargo, una petición imprevista altera el curso de su relación y sacude la indiferencia del millonario. El desapego de Damian se convierte de pronto en una obsesión posesiva, transformando su vínculo en un torbellino de emociones intensas cuando el verdadero deseo despierta.