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Portada de la novela Luna Perdida

Luna Perdida

En un mundo regido por licántropos, el festejo por la unión sagrada de un alfa y su mate termina en tragedia. Una violenta incursión enemiga desata el caos, resultando en el rapto de la compañera del líder. Herida y sin recuerdos de su pasado, ella debe subsistir en territorio hostil mientras su pareja emprende una misión desesperada para rescatarla. Entre peligros constantes y traiciones, ambos lucharán por reencontrarse y restaurar su vínculo perdido.
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Capítulo 2

El sol apenas se alzaba cuando Kael reunió a los miembros sobrevivientes de la manada en el centro del claro. El aire estaba impregnado con el olor metálico de la sangre y la ceniza de las antorchas apagadas. Los lobos, algunos en forma humana y otros aún en sus formas animales, mostraban signos de agotamiento y dolor. Sin embargo, en sus rostros también se reflejaba algo más profundo: la pérdida de su luna, el símbolo de su fuerza y unión.

Kael, con el torso desnudo cubierto de arañazos y un rastro de sangre en la sien, levantó la voz con una autoridad que resonaba incluso en el corazón más abatido.

-No descansaremos hasta que Lyara vuelva con nosotros -declaró, su voz ronca pero firme-. Esta noche no fue solo un ataque, fue una declaración de guerra.

Los ojos de la manada se posaron en él, buscando dirección y fortaleza. Darius, el anciano de la manada, dio un paso adelante, su mirada cargada de preocupación.

-Kael, antes de actuar necesitamos entender lo que ocurrió. Esto no fue improvisado. Ellos conocían nuestro territorio, sabían cuándo atacar y cómo.

Kael asintió, apretando los puños. Darius tenía razón, pero su paciencia se desgastaba con cada segundo que Lyara permanecía lejos de él.

-Entonces empecemos por el principio. ¿Quiénes son? ¿Qué quieren de nosotros?

Un joven lobo, Eron, que había sobrevivido al enfrentamiento con heridas superficiales, levantó la voz desde el círculo.

-Reconocí a algunos de ellos, Alfa. Son de la manada de las Montañas Sombrías. He oído historias... dicen que han estado buscando expandir su territorio y tomar recursos. Pero esto... esto fue personal.

Kael frunció el ceño. La manada de las Montañas Sombrías era conocida por su agresividad y su falta de escrúpulos, pero nunca se había atrevido a adentrarse tanto en territorio ajeno. Que lo hubieran hecho justo en el momento de la ceremonia solo confirmaba que sus intenciones iban más allá de una simple expansión.

-Si realmente es la manada de las Montañas Sombrías, entonces tienen un nuevo líder -intervino Darius, cruzando los brazos-. Su anterior alfa jamás habría planeado algo tan meticuloso.

Kael permaneció en silencio un momento, dejando que las piezas comenzaran a encajar en su mente. Aunque había liderado a su manada por años, sabía que el equilibrio de poder entre los territorios podía cambiar rápidamente, y cualquier debilidad podía ser utilizada en su contra.

-Sea quien sea su líder, cometió un error al subestimarnos -respondió finalmente, su voz cargada de una ira contenida-. Lo encontraremos y lo destruiremos.

Sin embargo, en lo más profundo de su mente, Kael no podía ignorar la imagen de Lyara siendo llevada al bosque. Su fragilidad en ese momento, el golpe que la dejó inconsciente... el recuerdo era una daga constante en su pecho.

-Prepararemos un equipo de búsqueda -ordenó-. Necesito a los mejores rastreadores. El resto se quedará para proteger a los heridos y reforzar nuestras defensas.

Eron y otros dos jóvenes lobos se ofrecieron como voluntarios. Aunque Kael apreciaba su lealtad, sabía que el camino por delante requeriría algo más que valentía.

-Darius, tú liderarás la búsqueda conmigo -decidió.

El anciano asintió con una leve inclinación de cabeza. Aunque su edad le había robado parte de su velocidad, su sabiduría era un arma invaluable.

Horas después, Kael y su equipo se adentraron en el bosque, siguiendo el rastro dejado por los lobos enemigos. Las huellas eran claras al principio, pero a medida que el terreno se volvía más rocoso y denso, las señales se desvanecían, como si los enemigos hubieran previsto ser perseguidos.

-Son astutos -murmuró Darius mientras inspeccionaba unas ramas rotas-. Pero no lo suficiente. Aquí hay un rastro.

Kael se arrodilló junto a él, inspeccionando los indicios. El olor era débil, pero todavía estaba allí. Un olor mezclado con algo que reconoció de inmediato: sangre de Lyara.

Su mandíbula se tensó mientras contenía el impulso de transformarse y lanzarse en persecución inmediata. Cada paso debía ser calculado, o arriesgaba caer en una trampa.

-Sigamos adelante, pero con cautela -ordenó, levantándose.

El grupo avanzó en silencio, sus sentidos alerta a cada crujido de las hojas o movimiento entre las sombras. La tensión era palpable, pero también lo era la determinación de Kael.

En otro lugar, lejos del territorio de la manada, Lyara comenzó a recuperar la conciencia. Abrió los ojos lentamente, su visión borrosa al principio. El techo de madera tosca y el olor a humo y humedad le indicaron que estaba en algún tipo de cabaña. Cuando intentó moverse, un dolor punzante atravesó su cabeza.

-No te esfuerces -dijo una voz desconocida.

Lyara giró la cabeza, encontrándose con un hombre de cabello desordenado y ojos oscuros que la observaba desde una esquina. Su mirada no era amable, pero tampoco agresiva.

-¿Dónde estoy? -preguntó, su voz apenas un susurro.

El hombre no respondió de inmediato. En lugar de eso, se acercó con un cuenco de agua y lo colocó frente a ella.

-Bebe. Lo necesitarás.

Aunque su instinto le decía que no confiara, la sed era demasiado fuerte para ignorarla. Bebió lentamente, sintiendo cómo el líquido fresco aliviaba su garganta seca.

-¿Quién eres? -insistió, esta vez con más fuerza.

El hombre esbozó una sonrisa ladeada, pero sus ojos seguían siendo fríos.

-Eso no importa. Lo único que necesitas saber es que estás aquí porque alguien te quiere viva. Por ahora.

Lyara intentó recordar qué había pasado, pero su mente era un caos. Fragmentos de imágenes: una ceremonia, un ataque, un lobo de ojos dorados... pero todo se desvanecía antes de tomar forma.

-¿Por qué estoy aquí? -susurró, más para sí misma que para él.

El hombre no respondió. Simplemente se levantó y salió de la cabaña, dejándola sola con sus pensamientos confusos y el miedo creciente de no saber quién era ni en qué mundo se encontraba.

En el bosque, Kael detuvo al grupo al llegar a un claro que mostraba signos recientes de actividad. Había cenizas de una fogata y restos de comida, junto con huellas que indicaban que los lobos enemigos habían estado allí no hacía mucho tiempo.

-Estamos cerca -dijo, sus ojos dorados brillando con intensidad.

Aunque el camino era peligroso, Kael sabía que no podía detenerse. Lyara lo necesitaba, y no permitiría que nada, ni siquiera el miedo, se interpusiera en su camino.

El juego de la caza había comenzado, y Kael estaba dispuesto a ganar.

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