
La venganza de la heredera genio oculta bajo la máscara
Capítulo 3
Janice salió de la mansión de la familia Edwards. Su mirada estaba vagando por la silenciosa y vacía calle. A pesar del dolor que la aquejaba, una peculiar ligereza floreció en su pecho.
Al reflexionar sobre su año con la familia Edwards, tuvo que reconocer que había estado viviendo en un ambiente sofocante. Como ansiaba tener calor familiar, había encadenado sus propios deseos, esperando en vano una pizca de su afecto.
Pero lo único que encontró fue apatía y exigencias implacables.
Janice le dio una última mirada a la mansión, cuyas paredes exudaban un esplendor altivo, un testimonio de su orgullo aristocrático.
"Veamos cuánto dura su grandeza sin mí", susurró y giró la cabeza. Mientras avanzaba hacia su nueva libertad, una voz la detuvo inesperadamente:
"Señorita Edwards, estás realmente llena de sorpresas".
Janice se dio la vuelta. Frente a ella, guiado por un guardaespaldas, estaba un hombre en una silla de ruedas.
Sus rasgos eran sorprendentemente atractivos. Los marcados contornos de su rostro llamaban la atención y su presencia dominaba la luz que lo rodeaba, a pesar de encontrarse sentado.
No obstante, era un hombre que tenía una discapacidad. Esa era la razón por la que Delilah lo despreció, forzando a los Edwards a traer a Janice de regreso para ocupar el lugar de su hija menor en ese matrimonio arreglado.
"Señor Green, ¿qué estás insinuando?", preguntó Janice. Sus ojos se entrecerraron con una intensidad que sugería un peligro inminente.
Aiden Green alzó ligeramente una ceja y la miró con curiosidad. "Debo reconocer que estoy desconcertado. No esperaba que alguien tan dócil como tú revelara un lado tan formidable. Es bastante inesperado".
"¿Me has estado observando?", espetó Janice. Sus puños se apretaron sutilmente mientras se preparaba para alguna confrontación.
Pero Aiden no se inmutó y le hizo un gesto sutil a sus guardaespaldas para que se quedaran en su lugar. "Teniendo en cuenta que eres mi prometida, me parece bastante normal que me interese por tus asuntos. ¿No te parece?".
"Sí". Janice suavizó su postura mientras se acercaba a él. "¿De verdad quieres aceptarme como tu prometida? Si mal no recuerdo, tu actitud hacia mí era indiferente, como si me despreciaras".
"Eso era antes", respondió Aiden con la voz entrecortada mientras observaba a Janice, cuya mirada ya no mostraba vulnerabilidad. Fue entonces cuando percibió un cambio en ella, como si fuera una persona completamente diferente. "Ahora creo que eres la indicada para estar a mi lado".
La sonrisa de Janice bailaba con la brisa de la tarde y su cabello se agitaba como hilos de seda. Aunque tenía una sonrisa hermosa, se veía gélida. "Señor Green, vamos al grano. ¿Qué es lo que realmente quieres?".
Intrigado, él arqueó las cejas. Los cambios de esa mujer eran más grandes de lo que había imaginado. "Hagamos un trato", sugirió.
"Muy bien, continúa", declaró Janice mientras lo miraba con aplomo.
"Has roto tus lazos con la familia Edwards. Una vez que Connor regrese, no te lo perdonará", murmuró Aiden. "Puedo protegerte de ellos y darte el apoyo que necesitas para perseguir tus ambiciones. Ahora los odias, ¿no? Supongo que quieres vengarte".
Janice entrecerró los ojos mientras se daba cuenta de la situación. Aiden había visto a través de ella. Los Edwards habían considerado un acto de caridad traerla de regreso. Pero le demostraría que estaban equivocados. Les demostraría que eran unos ignorantes, y que habían perdido una inmensa riqueza y prosperidad.
"¿Y qué es lo que quieres a cambio?", preguntó.
"Vayamos a registrar mañana nuestro matrimonio".
Janice se quedó atónita, pero luego esbozó una sonrisa. "Trato hecho".
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