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Portada de la novela La Sombra del CEO

La Sombra del CEO

La impecable trayectoria de Alejandro Rodríguez, magnate del sector hotelero, se tambalea tras el inesperado suicidio de un socio cercano. A raíz de esta muerte, una cadena de notas anónimas amenaza con revelar un oscuro episodio del pasado de su corporación. Rodeado de intrigas y traiciones, el empresario iniciará una carrera contra el tiempo para descubrir al culpable, proteger su legado y sobrevivir a una conspiración que busca destruirlo.
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Capítulo 3

El día siguiente llegó con la misma pesadez en el aire, como si todo alrededor de Alejandro estuviera suspendido en una atmósfera tensa y cargada. El amanecer apenas comenzaba a despuntar cuando él ya se encontraba en su oficina, revisando nuevamente los correos que había obtenido la noche anterior. Cada mensaje parecía ocultar más que lo que mostraba a simple vista, y la sensación de estar a punto de descubrir algo grande se apoderaba de él. Pero, al mismo tiempo, la desconfianza lo mantenía atrapado, como si estuviera dando pasos en un terreno cada vez más inestable.

Laura había enviado algunos documentos adicionales, pero nada que iluminara completamente el oscuro panorama que comenzaba a formarse en su mente. Sin embargo, algo en la manera en que Rodrigo había manejado las inversiones, algo tan sutil en su comportamiento de los últimos años, parecía apuntar hacia una verdad mucho más incómoda. Alejandro no podía dejar de pensar que su amigo y compañero, a pesar de haber muerto, aún jugaba un papel importante en este misterio. La pregunta seguía siendo la misma: ¿qué secreto tan grande había estado ocultando Rodrigo? Y, lo más perturbador, ¿por qué alguien querría vengarse de él ahora?

Alejandro se pasó la mano por el rostro, tratando de despejar las nubes de su mente. Sabía que tenía que actuar con rapidez, pero la desconfianza hacia su propio entorno lo hacía estar alerta a cada pequeño movimiento a su alrededor. El mensaje anónimo del día anterior había sido claro: "Ya no hay marcha atrás." El peso de esas palabras lo perseguía, lo acosaba. ¿Quién estaba detrás de todo esto? ¿Y por qué Rodrigo parecía ser la clave para entenderlo todo?

De repente, la puerta de su oficina se abrió, interrumpiendo sus pensamientos. Era Iván, uno de los ejecutivos más antiguos de la empresa, un hombre de mirada fría y calculadora, que había estado con él desde los inicios del negocio. Aunque la relación entre ambos siempre había sido profesional, Alejandro nunca había podido evitar una sensación de desconfianza hacia él. Iván siempre había jugado el papel del hombre pragmático, el que nunca se dejaba llevar por las emociones, pero sus ojos, como los de un lobo, parecían siempre estar vigilantes, esperando una oportunidad.

-¿Todo bien, Alejandro? -preguntó Iván, con su voz profunda, mientras cruzaba la puerta sin esperar una invitación.

-Todo dentro de lo esperado -respondió Alejandro, sin mirar a Iván, mientras pasaba la mano por la pantalla de su computadora con una rapidez que denotaba su impaciencia-. ¿Qué necesitas?

Iván se acercó a la mesa, observando los papeles y los informes esparcidos por toda la superficie, como si estuviera evaluando qué parte del trabajo de Alejandro le pertenecía. Su presencia era abrumadora, como siempre.

-He notado que has estado un poco... distraído últimamente -dijo Iván, sin ninguna señal de preocupación, como si el comentario fuera lo más natural del mundo-. Sabes que si necesitas tomar un descanso, no dudes en decirlo.

Alejandro levantó la vista, encontrándose con los ojos calculadores de Iván. Un escalofrío recorrió su espina dorsal.

-No estoy distraído, Iván. Solo estoy resolviendo unos asuntos pendientes. Nada que deba preocuparnos -respondió, con la voz más firme que pudo encontrar, aunque sabía que Iván no era fácil de engañar.

Iván lo observó en silencio durante unos segundos, como si estuviera decidiendo algo. Finalmente, sonrió con suavidad, pero de una manera que Alejandro no consideró en absoluto amigable.

-Si necesitas ayuda, sabes que puedes contar conmigo. La empresa es lo más importante, y todos debemos mantenernos unidos. No olvides eso, Alejandro.

Con esas palabras, Iván salió de la oficina sin hacer más ruido, dejando atrás una extraña sensación de incomodidad. Alejandro volvió a mirar la pantalla de su computadora, pero ya no podía concentrarse en los números ni en los informes. La interacción con Iván lo había dejado inquieto. Algo en su actitud le había recordado a las señales de alarma que había aprendido a reconocer a lo largo de los años: alguien que estaba demasiado interesado en lo que ocurría en su mente.

¿Iván también estaba involucrado en esto? La idea rondaba en su cabeza, cada vez más presente. ¿Qué pasaba si él, al igual que otros miembros cercanos de la junta, estaba utilizando la muerte de Rodrigo para su propio beneficio? En ese momento, Alejandro se dio cuenta de que había estado mirando el problema desde el ángulo equivocado. No solo debía buscar al culpable, sino también a las motivaciones. Y esas motivaciones podían estar mucho más cerca de lo que pensaba.

Decidió que era hora de tomar una dirección distinta. No podía esperar a que las respuestas llegaran a él de manera pasiva. Tenía que ser proactivo. Sabía que Laura había estado investigando a la junta, pero necesitaba algo más concreto. Necesitaba hablar directamente con las personas involucradas.

Esa misma tarde, Alejandro convocó una reunión extraordinaria. Los principales ejecutivos de la empresa fueron citados en la sala de conferencias, todos con el mismo aire de incertidumbre que él sentía. Al entrar, Alejandro notó las miradas curiosas que se cruzaban entre sí, pero no dijo nada. Se sentó al frente, en su habitual lugar, y esperó a que todos tomaran asiento.

-Como saben -comenzó Alejandro, su voz resonando en la sala-, estamos atravesando tiempos difíciles. La muerte de Rodrigo ha dejado un vacío en nuestra empresa, y necesitamos esclarecer todos los aspectos relacionados con su fallecimiento para poder continuar con nuestro trabajo. No dejaremos que esto se convierta en un escándalo. Necesitamos ser cuidadosos.

Los presentes se miraron en silencio, pero nadie dijo nada. Alejandro continuó, decidido a no dar tregua.

-Quiero que todos respondan con sinceridad a mis preguntas. Si alguien sabe algo sobre las últimas acciones de Rodrigo, o cualquier información que me ayude a entender por qué terminó en esta situación, ahora es el momento de hablar.

Hubo un par de movimientos incómodos entre los presentes. Alejandro sabía que muchos de ellos no se sentirían cómodos en esa situación, pero no importaba. Necesitaba presionar. La tensión en la sala era palpable, y por un momento, solo se escuchó el susurro de la respiración de los ejecutivos.

-Rodrigo había estado trabajando en varios proyectos en secreto, y no todos me habían sido informados -siguió Alejandro-. Ahora quiero saber si alguien de aquí tiene conocimiento de esos proyectos, si alguien sabía algo de las inversiones que estaba realizando. No quiero suposiciones, quiero hechos.

Nadie respondió de inmediato. Sin embargo, Alejandro notó la mirada esquiva de uno de los ejecutivos más jóvenes, Lucas, el director de relaciones públicas. Lucas había trabajado con Rodrigo durante años, y aunque su rostro mostraba una calma aparente, Alejandro pudo ver que había algo oculto en sus ojos.

-¿Tú sabes algo, Lucas? -preguntó, mirando fijamente a los ojos del joven.

Lucas se tensó, pero antes de que pudiera responder, Alejandro fue interrumpido por Iván, quien estaba sentado en el extremo opuesto de la mesa.

-Alejandro, creo que estás siendo un poco apresurado. Todos sabemos lo difícil que ha sido esta situación, pero no creo que acusar a tus propios ejecutivos sin pruebas sólidas sea la mejor forma de manejar esto -dijo Iván, con una calma que solo aumentó las sospechas de Alejandro.

Pero Alejandro no iba a ceder tan fácilmente.

-¿Qué sabes tú, Iván? -respondió Alejandro, sin apartar la mirada de su viejo amigo. La sala se quedó en silencio, el aire cargado de tensión.

Los ojos de Iván brillaron con algo que Alejandro no pudo descifrar. Sin embargo, la pregunta ya estaba hecha, y la respuesta parecía estar mucho más cerca de lo que él imaginaba.

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