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Portada de la novela La sirvienta más sexy del CEO

La sirvienta más sexy del CEO

Una joven huérfana es rescatada de un burdel justo antes de ser entregada. Sin recursos, termina bajo el control del poderoso director de una gran firma nacional de infraestructuras. Obligada a servir en su lujosa mansión, debe portar un uniforme sugerente y acatar las estrictas reglas de su salvador. En este entorno opulento, la nueva sirvienta se ve forzada a participar en diversos juegos eróticos diseñados por el implacable y dominante CEO.
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Capítulo 1

—Ten Marilyn, —Elita me entrega una pequeña bolsa de papel— tu nuevo uniforme.

—¿Pero cabe ahí?, —Extiendo la mano para recogerla— ¡si esa bolsa es muy pequeña!

»¡Pero si esto es...!

—Lo siento Mari, pero el señor vuelve mañana de su viaje de negocios y ha ordenado que te lo entregue, pues a partir de mañana ese será el atuendo que deberás llevar.

—¿Y cómo pretende el señor que yo limpie el polvo o los cristales vestida solamente con esto, Elita? —Saco el minúsculo tanga de hilo negro que viene dentro de la bolsa y se lo muestro.

—Me temo que tus tareas a partir de mañana no van a ser limpiar el polvo o los cristales mi niña, creo que vas a tener que dedicarte a limpiar lo que él tiene entre las piernas. Después de todo, es para lo que te trajo a esta casa, ¿no?

Sí, es cierto, después de dos meses ya casi ni me acordaba.

Había quedado huérfana nada más cumplir la mayoría de edad y, sin casa ni trabajo, lo único que se me ocurrió fue ir a buscar refugio en un prostíbulo.

Allí la madame me recibió con los brazos abiertos, y las prostitutas con comentarios del tipo "¡Vaya, chica nueva! Pues con lo guapa que es seguro que vuelve locos a los clientes" "Nos va a hacer ganar muchísimo dinero" "Pues yo creo que lo que va a hacer es quitarnos los clientes porque es un bombón de niña...".

—¿Eres virgen? —preguntó la madame haciendo que yo dejase de escuchar sus comentarios.

—No. El año pasado tenía un novio y perdí la virginidad con él.

—Lástima, podrías sacar una buena tajada al vender tu virginidad, tengo clientes habituales que se vuelven locos con esas cosas y están dispuestos a pagar una buena suma por desvirgar a una chica tan bonita como tú.

—Lo siento. —Bajé la cabeza avergonzada por no ser virgen, aunque nunca antes había sentido vergüenza por ello.

—No lo sientas Marilyn. Que no seas virgen significa que tienes experiencia y que no te lo voy a tener que enseñar todo desde el principio. ¿Qué sabes hacer?

—Mmm, pues barrer, fregar, cocinar, lavar la ropa, planchar...

—Me refiero en la cama —me interrumpió la madame con una carcajada.

—Ah. Cosas sencillas, supongo.

—¿Alguna vez has hecho una mamada?

—Sí. —Sentí como el rubor teñía mis mejillas.

Sabía que a partir de ese momento, trabajando en un prostíbulo, ese tipo de conversaciones serían muy habituales, pero yo aún no me sentía cómoda admitiendo lo que había hecho en la intimidad de mi cama.

—¿Cómo lo haces?

—¿El qué? —pregunté confundida.

—Las mamadas, que como las haces. ¿Chupas, lames, besas, muerdes...?

—Pues, creo que todo a la vez: primero beso la punta del pene y toda su longitud, después paso la lengua por toda su superficie, la muevo en círculos alrededor del glande y, a veces, meto la punta de la lengua en el pequeñísimo orificio que tiene.

—Eso suele gustar mucho a los hombres.

—Supongo, a mi novio sí que le volvía loco. —Conforme veía la normalidad con que la madame hablaba del tema yo me iba sintiendo más cómoda con la conversación—. Lo siguiente que hago es abrir completamente la boca y abrazar el glande con los labios sin dejar de mover la lengua en círculos. Mientras tanto, pongo una mano en la base del pene y con la otra...

—Espera un momento, ¿por qué no dices polla?

—Porque no me siento muy cómoda con esa palabra.

—Bien, eso tendremos que cambiarlo, pero continúa. Me estabas diciendo que ponías una mano en la base de la polla y que con la otra mano...

—Con la otra mano sujeto sus testículos y...

—¿Por qué no dices huevos? Ah, sí, —La madame río— por lo mismo que no dices polla. Sigue, por favor.

—Sujeto sus testículos y muevo las dos pequeñas bolitas mientras me meto el pene todo lo que puedo en la boca y empiezo a mover la mano con la que lo sostengo al mismo tiempo. Alterno chupar con besar y lamer, pero no muerdo.

—Exacto, nada de dientes. Pues al parecer lo haces muy bien. ¿Se lo hacías así a tu ex novio?

—Sí, es al único al que se lo he hecho.

—¿Y puedo saber porqué ya no estáis juntos?

—Porque el muy cerdo se acostó con otra.

—Qué imbécil, con lo que tenía que disfrutar con tus mamadas...

»En fin, ¿te lo tragas entero, hasta la garganta?

—No —dije horrorizada.

—Pues aquí tendrás que hacerlo, y tragarte la corrida también, eso les encanta.

Yo no estaba nada cómoda con esa idea, pero por un lado no tenía ni una familia que me ayudase ni un hogar al que volver, y por otro la madame me ofrecía comida y refugio. Dada la situación no podía pedir nada más, así que supuse que no era tan malo si me veía obligada a hacer cosas en la cama que siempre había considerado mal vistas o depravadas. La idea de pedir trabajo en un prostíbulo había sido únicamente mía y dudaba mucho que admitieran en él a una trabajadora sexual que se negase a hacer según qué cosas.

—¿Por el culo lo has hecho alguna vez?

—¿Sexo anal? —Me atraganté con la pregunta de la madame—. No, tampoco.

—Entonces en eso sí que eres virgen... —Se puso la mano en el mentón—. Perfecto, por eso sí que puedes sacar un buen pellizco. Lo organizaré para la semana que viene.

—¿Y no me dolerá? —pregunté, aunque en el fondo lo que quería era negarme en rotundo.

—Si te folla el culo alguien con mucha experiencia y delicadeza no te tiene porqué doler. Es más, te aseguro que te encantará. El señor Ruiz es perfecto para eso, a mí misma me ha follado el culo más de una vez y me ha hecho subir al cielo gritando de placer. Estoy deseando que vuelva de su viaje de negocios para que me folle el culo de nuevo —Se puso la mano al lado de la boca haciendo pantalla como si quisiese hacerme una confidencia— y a mí me lo hace gratis.

Yo le seguí el juego para no perder la posibilidad de tener un lugar en el que quedarme, al menos aquella noche, pero tenía la firme opinión de que el sexo anal era algo doloroso y asqueroso.

—Para que vayas practicando —Sacó un pequeño consolador anal y una botellita con lubricante de un cajón de uno de los muebles que había en el pasillo— prueba esta noche con esto. Quiero oír tus gemidos de placer Marilyn, tómatelo como un examen. En un rato voy a preguntarte cómo te has sentido. ¿Eres capaz de hacerlo sola o le pido a una de las chicas que te ayude?

—Creo que podré hacerlo sola, pero gracias.

Me moría de vergüenza de pensar que una de esas prostitutas podía introducir ese objeto en mi ano.

—Sígueme, voy a enseñarte tu dormitorio. Va a ser el lugar en el que a partir de mañana recibirás a los clientes.

—¿A partir de mañana? —pregunté extrañada.

—Sí, esta noche tienes que practicar. —La madame me abrió la puerta de una bonita habitación—. En un par de horas vendré a verte, pero ahora —Me dio una sonora palmada en el trasero— pon a trabajar ese culo tan bonito que tienes.

»Ah, y es una orden Marilyn, si sospecho que no lo has hecho te follaré yo misma el culo con eso.

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