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Portada de la novela La Mariposa Rota

La Mariposa Rota

"¿Estás segura, Valeria de unirte al ejército en lugar de ir a la universidad?" , la voz de mi director resonaba, llena de incredulidad. Para mí, la decisión ya estaba tomada, el sacrificio ya se había hecho y no por elección propia. Mi corazón se rompió al ver a Ricardo, mi prometido, entrar con mi hermanastra Camila, suplicándole que retirara mi solicitud. ¿La razón? Mi broche de mariposa, el mismo que Ricardo me regaló por nuestro primer aniversario, lo lucía ahora Camila en su cuello. Tirar mi broche a la basura fue fácil, nada comparado con la indiferencia en sus ojos. Al llegar a casa, la escena se repitió: ellos comiendo, yo relegada al rincón, y luego la bofetada de mi tío al anunciarles que me había inscrito en la academia militar. ¡Querían que trabajara en su taller, lavar su ropa sucia, y usar mi salario para las "medicinas" de Camila! El General Morales, amigo de mi padre, vino a interesarse, pero Camila, con un grito, simuló caerse, acusándome de empujarla. ¡Ella se cortó, a propósito! Me echaron de casa, mis tíos, Ricardo y Camila, la "víctima" en sus brazos. Queme sus recuerdos en una pira, con una amarga liberación. Al verlo, Ricardo me acusó de haber provocado la "depresión" de Camila. ¡Me propuso posponer la boda! Mi tía, con un odio tan visceral que quemaba, me gritó: "¡Nunca serás parte de esta familia! ¡Solo la hija de la desgracia!" Y yo, con una calma que los inquietó, acepté posponer la boda, indefinidamente. No me rendía, me liberaba de una atadura más. "¿Una víbora y un cobarde, verdad?" le dije a Ricardo, sonriendo. A la mañana siguiente, con el corazón roto y la voluntad de hierro, me subí al coche que me llevaría a una nueva vida, dejando atrás una historia de traición y abandono.
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Capítulo 2

"¿Estás segura de tu decisión, Valeria? Renunciar a la plaza en la Universidad Nacional para entrar a la Academia Militar no es cualquier cosa, es una oportunidad que miles desearían."

La voz del director de la preparatoria, el profesor Robles, resonaba en la pequeña oficina, cargada con un tono de incredulidad y preocupación, mientras sostenía el formulario de renuncia de Valeria con la punta de los dedos, como si fuera algo peligroso.

Valeria mantuvo la espalda recta, su rostro sin expresión, y asintió con una firmeza que no dejaba lugar a dudas.

"Sí, señor director, estoy completamente segura."

El director Robles suspiró, recargándose en su silla de cuero gastado, el ruido del mueble llenando el silencio.

"Valeria, tu desempeño académico es excepcional, podrías estudiar cualquier carrera, ser una gran profesionista, pero la vida militar es dura, es un sacrificio enorme y no hay vuelta atrás."

Él no entendía, nadie lo haría, el sacrificio ya lo había hecho, y no había sido su elección. En su mente, una imagen apareció con una claridad dolorosa: el rostro de su madre en la cama de un hospital, pálido y sin vida, y a su lado, su padre, un hombre quebrado por la pérdida. Luego, la imagen cambió a la de Ricardo, el hombre que amaba, el hombre al que le había entregado su corazón, prometiéndole un futuro juntos, un futuro que ahora se sentía como una broma cruel. Le habían arrebatado todo, su familia, su amor, su futuro, y ya no le quedaba nada por perder, solo un vacío que clamaba por ser llenado con disciplina y un propósito inquebrantable.

La puerta de la oficina se abrió de repente, sin previo aviso, y la figura de Ricardo apareció en el umbral, su rostro normalmente tranquilo ahora tenso por la ansiedad. A su lado, aferrada a su brazo como una enredadera delicada, estaba Camila, su hermanastra, con los ojos enrojecidos y llorosos, una imagen de fragilidad calculada. El corazón de Valeria se detuvo por un instante al ver el broche de mariposa que Camila llevaba en el cuello, un broche idéntico al que Ricardo le había regalado a ella en su primer aniversario, el que ella guardaba como su tesoro más preciado.

"¡Valeria! ¿Qué demonios estás haciendo?" , la voz de Ricardo era un reproche, una orden, no una pregunta, ignorando por completo la presencia del director.

Se acercó a ella, su mirada dura y acusadora, mientras Camila se escondía detrás de él, sollozando suavemente.

"Camila está muy afectada por tu actitud, no ha parado de llorar, ¿por qué tienes que ser tan egoísta y causarle tanto dolor? Retira esa solicitud ahora mismo, nos vamos a casa."

La palabra "casa" sonó extraña, vacía, ya no era su hogar, era una jaula donde ella era la espectadora silenciosa de la felicidad de otros. La mirada de Valeria se desvió del rostro furioso de Ricardo al broche en el cuello de Camila, y luego al que Ricardo llevaba puesto, uno a juego, un par que simbolizaba una unión que la excluía por completo. Sintió una frialdad extenderse por su pecho, apagando el último rescoldo de dolor. Lentamente, sin apartar la vista de ellos, metió la mano en el bolsillo de su falda y sacó su propio broche de mariposa, el original, el que alguna vez significó todo. Lo sostuvo en la palma de su mano por un segundo, y luego, con un movimiento tranquilo y deliberado, lo dejó caer en el bote de basura que estaba junto al escritorio del director. El pequeño sonido metálico al golpear el fondo fue el punto final de su historia con Ricardo.

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