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Portada de la novela La diva inalcanzable que dejó su mundo en ruinas

La diva inalcanzable que dejó su mundo en ruinas

Tras un divorcio amargo, una mujer decide mostrar su verdadera identidad ante el hombre que siempre la menospreció. Mientras su exmarido idolatra a una piloto de leyenda y a un joyero prestigioso, descubre impactado que ella es la genio tras esos títulos. La arrogancia del sujeto se quiebra cuando su empresa colapsa bajo el control de su antigua esposa. Ignorando sus súplicas de perdón, ella lo abandona para forjar un futuro con un influyente magnate.
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Capítulo 3

"¿Me estás tomando el pelo? ¿Cómo es que no reaccionas a eso?", dijo Wilbur, mirando a Elías, que parecía completamente tranquilo.

Al fin y al cabo, Asclepio era el único médico con una posibilidad real de curar las piernas de su amigo.

La verdad era que Elías solo parecía sereno por fuera. Por dentro, no estaba nada calmado. Bajo la superficie, sus pensamientos se agolpaban.

Wilbur se encogió de hombros.

"No eres nada divertido". No se molestó en alargar más el asunto y continuó: "La historia es esta: Asclepio por fin ha reaparecido. El problema es que va a elegir a un paciente al azar con un caso complicado en el hipódromo más grande de Oticester. Solo una persona recibirá el tratamiento. Imagínate cuánta gente desesperada se presentará allí. Las probabilidades de que te elijan son mínimas, en el mejor de los casos...".

Wilbur miró de reojo a su amigo y dejó escapar un largo suspiro.

Con unas probabilidades tan bajas, era difícil mantener el optimismo; una mala noticia, sin duda.

"Es mejor tener una pequeña posibilidad que ninguna", respondió Elías con voz fría y serena.

Wilbur asintió, tratando de sonar optimista.

"Tienes razón. Solo tendremos que esperar lo mejor cuando llegue el momento. Quizá tengas suerte". Luego, empezó a empujar la silla de ruedas por el pasillo. "Hay que tener agallas para llamarse Asclepio...".

Elías, con una mirada distante, preguntó: "¿Crees que se ha ganado ese título?".

"Si alguien lo ha hecho, es él. Las habilidades de ese hombre son legendarias, especialmente con casos difíciles", respondió el otro, con energía y una mirada llena de admiración. "Lo digo en serio, está en otro nivel".

Una ligera arruga apareció entre las cejas de su amigo, casi imperceptible, mientras el rostro decidido y gélido de Emilia pasaba por su mente. Todo lo demás que dijo Wilbur pasó a un segundo plano.

...

Mientras tanto, en una suite privada del hospital, Rodger estaba de pie junto a la cama de Violeta, con la preocupación nublando su expresión cuando contemplaba sus pálidos rasgos.

De repente, Sebastián irrumpió en la habitación, con la frustración grabada en el rostro.

"¡Rodger! ¡Emilia ha ido demasiado lejos esta vez! ¿Dónde está? ¿Acaso no ha empezado ya a causar problemas?".

Rodger le lanzó una mirada cortante, silenciándolo en un instante. "Basta, Sebastián".

El aludido retrocedió, pero no pudo evitar murmurar: "¿Ella es la razón por la que Violeta está así, y tú sigues defendiéndola?".

"No la estoy defendiendo. ¡Solo quiero que te calles para que Violeta pueda descansar!". La paciencia de Rodger se agotó, y las venas le palpitaban en las sienes.

Sebastián se dio cuenta y su tono se suavizó. "Oh, lo siento, Rodger. Entendí mal".

En ese momento, las pestañas de Violeta temblaron y abrió los ojos despacio.

Lo primero que hizo fue agarrar el brazo de Rodger, con pánico en la voz. "Rodger, ¿dónde está Emilia? Me resbalé y terminé en la piscina, ella no tuvo nada que ver...".

La mujer bajó la mirada, mordiéndose el labio, creando una imagen de inocencia y dolor.

En ese instante, la frustración de Sebastián estalló. "¡Violeta! ¡Yo vi cómo te empujaba! ¡Casi mueres por su culpa! ¿Por qué sigues defendiendo a Emilia?".

Parecía que Violeta quería defender a Emilia, pero lo único que hizo fue morderse el labio y fingir una fragilidad desgarradora.

La expresión de Rodger se suavizó. La acercó y la envolvió en un abrazo reconfortante.

"Mientras yo esté cerca, no te pasará nada malo. Localizaré al médico milagroso y haré que te cure. Te lo prometo".

Una sonrisa temblorosa se asomó en los labios de Violeta.

"Siempre has sido tan bueno conmigo, Rodger. Nunca quise dejarte, es solo que...". Su voz vaciló como si la emoción la abrumara, los recuerdos eran casi demasiado para soportarlos.

En aquel entonces, Rodger podría haber quedado en estado vegetal para siempre, por lo que ella lo abandonó y se fue al extranjero.

Su estancia en el extranjero comenzó sin preocupaciones, pero hace un año su vida dio un vuelco. Una rara enfermedad la atormentaba, dejándola en agonía cada vez que se manifestaba.

Todos los médicos que la atendieron fracasaron, hasta que escuchó rumores de que Asclepio era el único que podía ayudarla.

Con la esperanza de curarse, Violeta volvió a casa, ya que los últimos rumores sobre el doctor milagroso lo situaban en esta ciudad.

En el camino, decidió que también podía recuperar a Rodger, ahora completamente sano, y usarlo para encontrar a Asclepio.

"No tienes que explicar nada. Nunca te guardé rencor por nada de eso". El hombre le secó las lágrimas.

De repente, su celular vibró. Irritado, contestó, pero mientras escuchaba, su frustración desapareció, sustituida por un estallido de esperanza.

Sebastián se acercó, ansioso. "¿Qué pasa, Rodger? ¿Ocurrió algo?".

Sonriendo, el aludido tomó la mano de la mujer.

"¡Asclepio reapareció! Violeta, por fin tenemos una oportunidad real. No dejaré que sufras más. Haré lo que sea necesario para salvarte".

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