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Portada de la novela La Chica Volviera de Infierno

La Chica Volviera de Infierno

Lo que Sofía imaginó como una pedida de mano en sus veinticinco años terminó en una pesadilla orquestada por Alejandro Vargas. Él la sometió a una humillación pública y al desempleo por un delito que su hermano jamás cometió. Tras un intento de suicidio fallido, ella descubre que fue víctima de una farsa cruel. Con una confesión grabada y su hermano encarcelado, Sofía regresa con fuerzas renovadas para exponer la verdad y obtener justicia contra sus verdugos.
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Capítulo 2

La música llenaba el pequeño departamento, un ritmo alegre que chocaba con el latido ansioso de mi corazón. Era mi cumpleaños número veinticinco, y todo parecía perfecto, casi como un sueño. Las luces de colores parpadeaban en las paredes, mis amigos reían y bebían, y en el centro de todo estaba Alejandro Vargas, el hombre con el que había pasado los últimos tres años de mi vida.

Lo miraba desde el otro lado de la habitación, su sonrisa era la luz que guiaba mi mundo. Estaba tan segura de que esta noche sería la noche. Elena, mi mejor amiga, me dio un codazo suave.

"Mira cómo te ve. Te juro que hoy te lo pide, Sofía."

Le sonreí, sintiendo el calor en mis mejillas. Todo apuntaba a eso. La forma en que había organizado la fiesta, la manera en que sus ojos no se apartaban de mí. Llevábamos tres años juntos, tres años en los que me había convencido de que era el amor de mi vida.

De repente, Alejandro bajó el volumen de la música y se paró en medio de la sala. El murmullo de las conversaciones se apagó. Todos los ojos se posaron en él. Mi corazón empezó a latir con más fuerza. Este era el momento.

"Quiero agradecerles a todos por venir esta noche a celebrar a una persona muy especial," comenzó, su voz era profunda y clara. Me miró directamente y me sonrió. "Sofía."

Le devolví la sonrisa, sintiendo que flotaba.

"Estos últimos tres años a su lado han sido… muy instructivos," continuó. Hubo un cambio sutil en su tono, algo que no pude identificar, pero que me provocó un escalofrío. "Me han enseñado mucho sobre la paciencia. Sobre la planificación."

La gente a nuestro alrededor sonreía, pensando que era el preámbulo de una declaración romántica. Yo también quería creerlo.

"Pero sobre todo," dijo, y su sonrisa se desvaneció, reemplazada por una máscara de frialdad que nunca antes le había visto, "me han enseñado que la venganza es un plato que se sirve frío."

El silencio en la habitación se volvió pesado, incómodo. Nadie entendía. Yo tampoco. Lo miré, confundida, buscando una explicación en sus ojos, pero solo encontré un vacío helado.

"¿Alejandro? ¿De qué hablas?" mi voz salió como un susurro.

Él soltó una risa corta y amarga. "¿De verdad no lo sabes, Sofía? ¿De verdad eres tan ingenua?"

Me quedé paralizada. Esto no podía estar pasando.

"Hace tres años," dijo, su voz ahora cortante como un cuchillo, "tu hermano, Ricardo, le arruinó la vida a la mujer que yo amaba. A Camila."

El nombre me golpeó como un puñetazo en el estómago. Camila. Su exnovia. La razón por la que mi hermano estaba en la cárcel. La historia que Alejandro siempre se había negado a discutir en detalle, diciendo que era demasiado doloroso. La historia que yo, estúpidamente, había aceptado sin cuestionar, creyendo en la inocencia de mi novio y en la culpabilidad de mi propio hermano.

"Tu hermano la agredió," escupió las palabras. "La destrozó. Y por tu familia, ella lo perdió todo. Así que pensé, ¿qué sería justo? Un ojo por ojo. O en este caso, una hermana por un amor."

El aire se me escapó de los pulmones. Las caras de mis amigos se habían transformado en máscaras de horror y confusión. Elena intentó acercarse a mí, pero estaba congelada en mi sitio.

"Cada beso, cada 'te amo' , cada noche que pasamos juntos," continuó Alejandro, saboreando cada palabra, "fue una mentira. Cada momento fue parte de un plan para hacerte sentir exactamente lo que sentí yo cuando vi a Camila destrozada. Quería que te enamoraras perdidamente de mí, que construyeras todo tu mundo a mi alrededor."

Hizo una pausa, mirando mi rostro descompuesto con una satisfacción cruel.

"Para poder destruirlo todo en tu día más feliz. Así como tu hermano destruyó a Camila."

Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, pero no podía moverme ni hablar. Era una pesadilla. Una cruel y elaborada pesadilla.

"Tú… tú no puedes estar hablando en serio," logré decir. "Alejandro, por favor, detente."

"¿Detenerme?" se rio. "Apenas estoy empezando. Quiero que sientas una fracción del dolor que ella sintió. Quiero que esta humillación te marque para siempre. Feliz cumpleaños, Sofía."

Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta, dejando tras de sí un silencio sepulcral roto solo por mis sollozos ahogados. La gente empezó a murmurar, a mirarme con una mezcla de lástima y morbo. Me sentía desnuda, expuesta, destrozada en mil pedazos frente a todos los que conocía.

Elena corrió a mi lado y me abrazó, pero yo era un cuerpo sin alma. No sentía sus brazos. No sentía nada más que el eco de sus palabras, rompiendo cada recuerdo feliz que habíamos construido, convirtiendo tres años de mi vida en cenizas.

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