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Portada de la novela Kalila Eclipse de luna

Kalila Eclipse de luna

Kalila, una humana con alma de cazadora, se ve atrapada en una disputa ancestral entre cinco poderosos seres. Nuriel, el fénix primogénito del sol, la reclama como su destino eterno, mientras que Ikigaí, un híbrido de elfo y hada, jura protegerla tras quedar cautivado por su corazón. A ellos se unen tres licántropos rechazados que buscan redención y amor. En medio de esta guerra de deidades y deseos, Kalila deberá sobrevivir siendo el centro de una obsesión divina.
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Capítulo 7

Las clases transcurrieron quizás más lento que lo que Kalila quería, no se molestaría en asistir al baile de graduación, claro que no, ella solo quería marcharse de una vez, a tal punto que ya tenía sus maletas listas esperando por ella, por fin la campana sonó, y se dispuso a dar un último paseo por el bosque, debía hacer tiempo, sus padres pensaban que ella estaba en el estúpido baile, con sus amigos, y aunque en el fondo le hubiera gustado, no iría, estaba cansada de sus desplantes, de tener que cuidar su aroma, de tener que refrenar su propio instinto que a veces afloraba aun sin quererlo, miles de veces se preguntó si estaría mejor con su padre biológico, y luego caía en la realidad que ella tenía tres padres, que no mataban por gusto, como lo hacía su padre biológico, ellos solo lo hacían para cuidar a su gente, pero al final del día, ella era una cazadora, viviendo entre hijos de la luna. Le había prometido a su madre que terminaría la universidad y luego se uniría a Nuriel, pero incluso eso a veces se hacía difícil, no lo había visto en dos años, pero sabía que él la amaba, sin importar que fuera cazadora.

— Te lo dije, sigue el olor a pimienta y la encontraras. — la voz de Declan a su espalda la hizo sudar frio, la iban a golpear, una vez más, ni siquiera por el estúpido baile la dejarían en paz.

— ¿Qué quieren? — dijo incluso sin girarse, porque sabía que donde estaba el vampiro, estaban sus amigos, los guerreros de sangre pura como se hacían llamar.

— Arreglar cuentas contigo. — rebatió casi con odio el vampiro y ella quiso correr, ese fue su primer instinto, no debía pelear, si lo hacía, podía ser que su instinto de cazador se despertara al cien por ciento, y entonces podría arruinar todo, incluso atacar a sus padres, a esos tres hombres que ella adoraba, quienes la criaron y amaban, pero su fuga quedo en la nada, cuando un pequeño torbellino la atrapo, era Ukara, ese era su poder, el aire.

— ¡Déjame! — grito tratando de sonar intimidante, tenía ganas de gritar que ella era el destino de un hijo del dios sol, pero sabía que eso traería aún más problemas, si alguien supiera que ella era el destino del fénix, la podrían matar para acabar con Nuriel.

— Como gustes. — dijo el brujo y la dejo caer de casi tres metros de altura, sus tobillos y piernas, sufrieron el impacto, le dolía demasiado, no se había quebrado ningún hueso, pero seguro se había desguinzado un pie.

— ¡Maldito idiota! — grito con frustración, pensando que lo mejor que pudo hacer ese día era quedarse en el maldito baile de graduación, al menos al lado de Jana, Ukara no la molestaba.

— Aquí la única maldita eres tú. — Tahiel estaba frente a ella, con su metro ochenta y cinco, tapaba la poca luz que quedaba, el sol se estaba ocultando y la luna comenzaba a mostrar su cara, aunque lo que más podía ver Kalila eran los blancos ojos del lobo, que normalmente los tenía color miel, que los tuviera blancos demostraba que estaba enojado, más que eso, furioso y Kalila tembló de miedo.

— ¿Por qué me molestan? — dijo sintiendo el miedo recorrerla al completo.

— Hable con Maia, ¿sabes lo que dijo? — Kalila negó con la cabeza, incapaz de decir ni media palabra.

— Kalila tiene razón, “quien te ama, te acepta, mis padres aceptaron a mi mamá y ya vez como me aman” — recito con odio el lobo, mientras la joven veía a los demás, los ojos de Declan eran rojos, el único que se mantenía en calma era el brujo, Kalila tenía miedo, demasiado, como para recordar controlar su aroma a pimienta que comenzó a intensificarse.

— Yo no sabía que era tu compañera. — trato de defenderse, pero el lobo le dio un golpe en la mejilla que la hizo rodar y luego otro más, lo único que provoco que el aroma a pimienta aumentara, desequilibrando aún más al animal que Tahiel llevaba dentro.

— ¡Basta! — grito frustrada, y fue cuando lo vio, el punto débil de Tahiel, con un movimiento rápido de su mano golpeo la garganta del lobo, y este cayo luchando por respirar, fue entonces cuando los ojos de Ukara se tornaron verdes brillante, estos jóvenes más que amigos, eran hermanos, se cuidaban entre ellos.

—¡Maldita cazadora! — con una sonda de aire, lanzo a la joven a tres metros de distancia, pero antes que Kalila pudiera levantarse y tratar de huir, Declan ya había llegado a su lado, y es que la velocidad de un vampiro no tenía comparación, la levanto de su blusa, la cual se rasgó dejando sus pechos al aire.

— La maldita no usa sostén. — informo divertido y la giro para que sus amigos la vean.

— ¡Déjame! ¡basta! — grito y trato de cubrirse. — Sino me dejas Nuriel te destruirá. — tenía miedo, tenía pánico y solo dijo lo primero que se le ocurrió, pero estos hombres aun eran jóvenes como para saber a qué Nuriel se refería y sus palabras más que amenaza, sonó como una provocación a sus oídos.

— ¿Nuriel? — dijo Ukara con confusión.

— La maldita encontró compañero, debe ser por eso que mañana partirá a las tierras de Aysel. — lo sabían, ellos sabían que ella se iría, no fue coincidencia que se encontraran, la asechaban, y Kalila comenzó a plantearse que eso ya no era por ser cazadora, esa conducta iba más allá de cualquier lógica.

Aun en desventaja quiso llegar a los ojos de Declan, su punto débil y la fuente de su don, lucharía, por primera vez lo haría, pero el hombre reconoció su intención y antes que pudiera hacer cualquier cosa la paralizo, ese era el poder del vampiro, podía paralizar y someter a cualquier hijo de la luna e inclusive a los humanos, siempre que fuera de a uno a la vez, Declan tenía el poder de convertir en títeres a quienes él quisiera.

— Mira Tahiel, no solo te ataco a ti, también quiso hacerlo conmigo, es una cazadora, una que enveneno la mente de tu mate, y ahora piensa ir en búsqueda de su compañero, mientras que tú te quedas solo, por siempre, ¿piensas que es justo? — el cuerpo de Tahiel temblaba, sus manos se convirtieron en garras, y Kalila lo único que podía hacer era llorar, tirada entre la hierba, con los pechos expuesto, sabía que tan locos eran los lobos cuando perdían el control, lo había visto con su padre Kek y como solo su madre lo podía controlar cuando eso sucedía. Tahiel avanzó y termino por arrancar la ropa que quedaba en la joven, incluso sus bragas.

— Creo que es suficiente. — dijo Ukara con miedo por la dirección que todo estaba tomando, y Declan rompió el contacto visual con Kalila para verlo a él.

— ¿Eres parte del grupo o no? — rebatió mostrando sus ojos rojos y Ukara suspiro derrotado, él quería ser parte del grupo, se habían propuesto dejar el pueblo y fundar el propio, los tres eran de raza pura, guerreros, y aunque no tenían nada en contra de los demás, no les parecía justo que solo los nietos de la luna cambiante Aysel pudiera gobernar cada pueblo de seres sobrenaturales que existía e imponer leyes a su gusto.

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