Portada de la novela Rashad, un Rey Perverso

Rashad, un Rey Perverso

8.3 / 10.0
Tras la traición, Rashad, un Rey Perverso, inicia una invasión implacable. La princesa Hadassa enfrenta su cautiverio en esta fantasy novel cargada de aventura. Descubre su destino en Babel con este web novel, donde el odio desafía la tiranía en una de las mejores fiction fantasy novels.
Resumen de Rashad, un Rey Perverso
El monarca Rashad, impulsado por una traición pasada, desata una ofensiva total contra sus adversarios. En medio de la caída de Radin, la princesa Hadassa es llevada como prisionera hacia la legendaria Babel, esperando lo peor de un soberano conocido por su malicia. No obstante, este encuentro fortuito entre el tirano y su cautiva genera una tensión inesperada. La esencia de la joven comienza a cuestionar la frialdad del rey, amenazando con transformar su oscuro legado.
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Rashad, un Rey Perverso Capítulo 1

Año 946 A.c.

3 días después de la conquista.

Hadassa.

Devastación…

Podía resumir mi condición y mi alrededor en esa palabra.

Ahora mismo no sentía mis pies, y si llevaba la cuenta exacta, este era el tercer día en que caminaba mientras esas escenas horribles ya no estaban expuestas delante de mis ojos, pero pasaban por mi mente cada segundo.

Quería llorar, en realidad era el deseo de mi cuerpo sediento y extremadamente cansado. Sin embargo, mis ojos estaban resecos y el aire en mi boca ya quemaba mi garganta.

Un tirón de aquella cuerda a la que estaba atada junto con otras personas en una fila, hizo que mis pies perdieran el equilibrio. En dos pasos torpes no pude controlar mi cuerpo por más tiempo, y mis brazos recibieron el mayor impacto de la caída.

Quizás en este momento tenía adormecido mis sentidos, porque ya no sentía nada a excepción de ese grito que retumbó mi tímpano.

—¡Levántate, esclava!

Lo intenté, no por hacerme la fuerte, sino porque que ya había hecho el intento más de una vez de no seguir las instrucciones, y eso en definitiva era lo que había alargado mi vida hasta ahora.

Si lo hubiese sabido antes, habría hecho hasta lo imposible por ocultarlo y mi muerte quizás hubiese sucedido el primer día en que me tomaron, al igual que a mi familia.

Habían descubierto mi identidad, ahora era para ellos cómo un trofeo que debía ser llevado ante el mismísimo demonio.

Mis brazos temblaron en el suelo cuando intenté levantarme, pero era tiempo perdido, mis fuerzas ya no daban para más.

—No puedo hacerlo… —Mi voz sonó como un lamento bajo y allí es donde pude divisar borrosamente unos pies forrados en cuero, que se paraban delante de mí, alzando el polvo hacia mi rostro.

—¡Levántate maldita! No morirás aquí, tu cabeza debe ser cortada por el mismo soberano públicamente… y te lo juro, ¡Él no tendrá misericordia de ti!

Misericordia…

La primera palabra que aprendí cuando era niña, y la misma que recuerdo en la boca de mi padre desde que tuve conciencia. ¿Dónde estaría eso ahora y, qué pensaría mi padre antes de morir cuando se dio cuenta de que habían invadido su país y fue asesinado como un perro?

Extrañamente, tenía mis ojos nublados por las lágrimas nuevamente, mientras mi pecho se quemaba lentamente al recordar su rostro y su mirada.

Un sollozo, uno imposible de contener en mi garganta salió hacia el ambiente mientras las manos del hombre sujetaron mi cuello levantándome de un solo tiro como un pedazo de trapo.

—¡Camina! Estás demorando nuestra llegada…

Después de que fui empujada, mi cuerpo se estrelló con algunas personas en la fila, que ahora mismo no me miraban porque estaban en una condición incluso peor que la mía.

Mi cuerpo titiló, aunque la mañana estaba comenzando, el hielo de la noche aún estaba en mis huesos.

«Solo será un momento…», mi mente gritó y solo pude llevar mis manos a mi collar colgante que era la única cosa de valor que habían dejado en mi cuerpo. Por supuesto este collar, con el sello de Radin, mi pequeño país devastado, había sido el punto clave para que ellos supieran mi identidad.

Yo era la princesa. Quizás la única que quedaba con vida.

Lo apreté en un puño fuerte y solo reprimí mis ojos sabiendo que incluso moriría con dignidad. Ahora no me importaba si mi cabeza sería expuesta ante una multitud de malvados; habían asesinado a mi padre y a mi madre, aún no sabía si lograron atrapar a mi hermano, el heredero del trono, pero solo quería cerrar mis ojos para siempre y no ver esas miradas que me observaban con desesperación. Porque ellos asesinaron a miles de hombres inocentes, junto con sus mujeres y… sus niños…

Sacudí mi cabeza para borrar las imágenes, pero creo que esto nunca iba a suceder.

Sus llantos y lamentos, solo hacían arder mi piel con fuerza.

Saquearon mi país, el reino más feliz de todos, y el que incluso promovía la paz a todos sus vecinos, fuimos realmente ultrajados por ladrones que llegan por la noche con sed de poder…

“El poder… debe haber un equilibrio para esto, Hadassa… porque no hay otra forma más corrompida que tener ambición, y en cuanto se tiene algo, se comienza a querer más, y allí es donde nuestro dominio propio debe accionar para no llevar nuestra persona a una desgracia…”

Esto me dijo mi padre una vez, y ahora lo estaba viviendo en carne propia…

Pero lo que él nunca predijo ni imaginó, es que esta tragedia le estuviera sucediendo a Radin. Ni en su peor pesadilla.

Un rayo de luz fuerte hizo que de forma obligada levantara mi rostro.

No pude sino abrir mi boca ante la impresión, estaba viendo a solo unos kilómetros como llegábamos a la sede principal de Babel. Desde lejos podía ver su enorme y lujoso palacio, con grandes muros impenetrables, y con la ostentosidad despotricando en cada rincón.

Jamás había visto una estructura como la que tenía delante, ni un pueblo a su alrededor tan organizado. El palacio era enorme, con fuentes de agua en sus cuatro esquinas, y grandes estatuas como las que mi padre nos había relatado a mi hermano y a mí, cuando éramos unos niños.

Ellos tenían muchos dioses a los que adoraban, y por lo que estaba viendo, los tenían en alta estima dejándolos a la vista de cualquier espectador en sus estructuras.

Solo pude tomar el aire cuando giré hacía alrededor y vi las casas de la gente fuera del palacio organizado en líneas, pero a esta altura en donde estábamos caminado, pude detallar como la gente estaba arremolinada como si intentara a toda costa, entrar a ese castillo amurallado, que parecía celebrar una fiesta.

—Babel… —escuché como uno de los hombres susurró colocando su mano en una palma hacia el lugar y haciendo una referencia—. Hemos llegado a ti… gracias a nuestros dioses…

Fue inevitable no sentir el escalofrío que recorrió mi cuerpo, porque al instante y como lo esperaba, todas aquellas personas fueron desamarradas, y a continuación apartadas de mí.

—Sujeta muy bien a nuestro trofeo… sé que nuestro soberano nos recompensará por este premio.

Otro de los hombres se rio de forma asquerosa, mientras vino a apretar más las cuerdas de mis manos, y luego me empujó hacia el frente con fuerza.

—Camina… princesa… estamos a unos minutos de beber tu sangre azul.

No pude entender a qué se refería con “beber”, pero me obligué a no mirarlo y a comenzar a caminar solo deseando una cosa.

Que me asesinaran con prontitud.

No sé cuantos minutos pasaron, pero en cuanto estuve con los hombres sujetada de las cuerdas, y con una multitud que nos abarrotaba y decía cosas que no podía entender, levanté la mirada al escuchar el estruendo de las enormes puertas abrirse de forma lenta, y el hombre que era líder del grupo, llegó muy cerca de nosotros con agitación.

—Ya he dado la información… entraremos a la zona privilegiada.

Uno de los hombres tomó mi hombro con rudeza, y haló mi brazo para caminar, mientras mis pies reunían la fuerza para seguir con el camino, entre tanto mis ojos se posicionaban hacia todas partes de forma alterada.

A este punto sentía que podía desmayarme en cualquier momento, porque mi boca jamás había estado tan seca como ahora.

Un patio enorme que ni siquiera pude ver su final, columnas gigantes y gruesas, y todo tipo de estatuas que tenían cabezas de animales en sus extremos, solo deslumbraban alrededor.

De un momento a otro, la multitud se excitó cantando en coro un solo nombre:

¡Rah! ¡Rah! ¡Rah!

Pero un sonido de trompeta, proveniente de un cuerno de carnero, hizo que me detuviera ante el estruendo.

Era muy parecido a ese sonido glorioso cuando mi pueblo estaba de fiesta o cuando hacíamos un rito religioso a nuestro Dios.

Sin embargo, cuando mis ojos se fueron directo al ruido, mi corazón se aplastó para que todo mi ser, sufriera como nunca.

La cabeza de mi padre, junto con otras, estaban colgadas en lo alto, mientras unos hombres alzaban una tela roja, resonando victoriosos, y vociferando con la voz más alta.

¡Rah! ¡Rah! ¡Rah!

No pude hacer otra cosa, mis piernas flaquearon y mis rodillas dieron contra el piso mientras un sollozo desesperado del dolor salió de mi boca, al ver un pedazo de mi padre, expuesto ante esta multitud de malvados…

—Papá… no… —estaba a punto de llevar mis manos al rostro, pero mi brazo derecho fue alado con brusquedad sin dejar que al menos por un minuto, pudiera llorar a mi padre con amargura.

Dos hombres se desentendieron del grupo en que veníamos, y casi parecían correr mientras mi cuerpo fue arrastrado a su paso.

Y entonces, sucedió.

Fui lanzada hacia delante y caí recibiendo los rasponazos en mis brazos.

Mi respiración ya era muy lenta, pero la ira hervía dentro de mi pecho, y el dolor de alguna manera me hizo levantar la cabeza. No iba a demostrarle a nadie mi miedo, ni mucho menos el sufrimiento que esto me estaba causando.

Y en cuanto posicioné los ojos adelante, allí llegó un hombre corpulento. Parecía un guerrero con las manos y el rostro ensangrentado, pero que despedía una fuerza incalculable de su forma.

Pude notar como la extrañeza arropó su rostro al verme tirada frente a él, pero lo entendió todo cuando el hombre a mis espaldas dijo:

—Es la princesa de Radin… y pensamos que sería un regalo que nuestro señor debía tomar con sus propias manos… —el hombre al que todos les rendían esa especie de culto, asomó una sonrisa, que solo hizo que mi mandíbula titilara.

Él era el demonio, y ahora mismo lo estaba viendo en carne propia.

Vi como sus pisadas fueron determinantes, y como el tiempo se detuvo en cuanto comenzó a caminar hacia mí.

Parecía que la multitud se había silenciado, la verdad ahora solo pude mantener mi vista en esos ojos azules que estaban quitándome la vida con cada paso. Y, por si fuera poco, tomé mi última fuerza, quité el velo que arropaba mi cabeza, y me paré firmemente delante de él, solo esperando mi fin.

Decidida a recibir mi deceso.

El sonido de su espada saliendo del cuero donde reposaba, hizo que abriera los ojos de golpe, y que solo el palpitar de mi corazón, retumbara en mi garganta.

El demonio era enorme cuando se detuvo delante de mí, pero lo único que no pude entender, fue el sonido de su respiración, cuando sus ojos bajaron a los míos, y su pupila se dilató de un momento a otro…

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Tabla de contenidos de Rashad, un Rey Perverso

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