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Portada de la novela Kalila Eclipse de luna

Kalila Eclipse de luna

Kalila, una humana con alma de cazadora, se ve atrapada en una disputa ancestral entre cinco poderosos seres. Nuriel, el fénix primogénito del sol, la reclama como su destino eterno, mientras que Ikigaí, un híbrido de elfo y hada, jura protegerla tras quedar cautivado por su corazón. A ellos se unen tres licántropos rechazados que buscan redención y amor. En medio de esta guerra de deidades y deseos, Kalila deberá sobrevivir siendo el centro de una obsesión divina.
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Capítulo 8

Kalila vio su oportunidad de huir, cuando Declan dejo de verla, corrió como pudo, apenas el vampiro dejo de tenerla bajo su poder, pero de nada sirvió, el aire una vez más se convirtió en su enemigo, y la arrastro hasta los pies de Declan, solo podía ver sus botas, el vampiro siempre llevaba un estilo de motoquero y rebelde, botas negras, pantalón negro, chaqueta de cuero, lo único claro era su cabello rubio, Kalila cerro sus ojos, esos que eran su única salvación en una pelea, ya que podía localizar los puntos débiles en sus atacantes, pero no se quería arriesgar a estar bajo el poder de sometimiento de Declan una vez más. Peleo, con uñas y dientes, pero cuando sintió que separaban sus piernas, no lo pudo evitar y abrió los ojos, solo para encontrarse con los ojos rojos que serían su sentencia y su condena.

Declan la recorrió de pies a cabeza, había algo en ella que siempre lo inquieto, odiaba sentirse así, su rostro de niña buena era lo que más odiaba este vampiro, pensando que Kalila sería la perdición de todos, que los hijos de la luna aceptaran a una cazadora entre ellos, era inaceptable, más si esta se podía camuflar como una blanca ovejita, sin pensarlo más, arremetió contra ella, sorprendiéndose al distinguir la débil barrera de Kalila, y es que él era un vampiro, no necesito tomar más empuje, solo la penetro, sin compasión, porque eso se le había enseñado, eso llevaba gravado en su genética de guerrero, a los cazadores no se les tiene piedad, y él no la tendría con Kalila, no había placer en su rostro, solo odio, mientras Kalila solo podía llorar, su boca estaba cerrada, era lo que Declan quería, estaba bajo su poder, y aunque podía sentir como algo en su cabeza le ordenaba dejar de llorar no podía, sus lágrimas cayeron, sin descanso, incluso cuando el vampiro salió de ella, para descargar su semen a un lado.

—Tu turno Tahiel, solo sácala antes de acabar, no querrás que una maldita como esta lleve a tu hijo. — Kalila vio con terror y suplica al lobo, pero este solo sonrió.

— No sería tan estúpido de dejar preñada a esta bastarda, aun así, me asegurare que tu compañero te rechace, dejare tu cuerpo tan marcado que nadie te querrá. — la joven vio a la luna, suplicante, creyendo más que nunca en ella, que poco a poco se fue ocultando tras las nubes, como si ni ella misma quisiera ver lo que su descendencia estaba haciendo.

Tahiel haciendo uso de su tamaño y fuerza, ato las manos de Kalila a su espalda, con los trozos de la ropa de la joven, ahora no estaba bajo los efectos de la mirada de Declan, pero por más que era dueña de su cuerpo no podía moverse, el lobo tenía una de sus garras sobre su cabeza, y con la otra la obligó a empinar su trasero.

— ¡No lo hagas! ¡por favor Tahiel! ¡ya no!

Podía gritar, podía suplicar, pero Tahiel estaba fuera de sí, el odio que sentía por Kalila era el reflejo de su dolor, ser rechazado lo estaba llevando a la locura, eso era lo que le esperaba al joven, y a cualquier hijo de la luna que fuera rechazado por su compañero destinado, la locura.

Los pechos de Kalila, raspaban contra la hierba, provocando heridas en ellos, mientras Tahiel la penetraba, como el animal que era, aun así, luchaba para no convertirse en lobo al completo, sus garras se enterraban en la cadera de la joven, y en un momento, cumplió su promesa, araño la espalda de Kalila, dejando la marca de sus cinco uñas en ella, tan profundas que la sangre comenzó a deslizarse.

— ¡Detente estúpido! — Declan como siempre era el que lideraba, golpeo a Tahiel, y por un segundo Kalila creyó que al fin se daba cuenta de lo que estaban haciendo, del daño irreparable que habían hecho. — Casi te vienes dentro, idiota. — Tahiel estaba tan fuera de sí que se había olvidado lo que debía hacer, o mejor dicho dónde.

— Tu turno. — le dijo a Ukara, con voz rasposa y es que estaba a mitad de su transformación, su lobo peleaba por salir, quería matar a la que él creía la responsable de perder a su mate.

— Por… favor…ya… no, Ukara… te lo suplico. — Kalila, ya no sentía dolor, no sabía si era la pérdida de sangre, el dolor de su cuerpo o la desesperación, fuera lo que fuera, solo quería dormir, cerrar sus ojos y no abrirlos más.

— Yo… yo no… no me vean así, yo tengo a mi media alma. — dijo como si aquello fuera la mejor de las escusas, y es que el brujo nunca estuvo en contra de Kalila, incluso cuando eran niños, recordaba que estaba enamorado de la pequeña de ojos raros.

— Y yo tengo a mi vida, ambos debemos esperar para marcarlas, porque así lo dictamino Aysel, la gran luna cambiante, ¿no estas cansado de vivir bajo sus reglas? ¿no quieres ser parte del futuro, de nuestro propio pueblo? — Ukara vio el rostro de Kalila, como pidiendo disculpas, y a la joven solo le quedaba fuerzas para negar con su cabeza y dejar caer más lágrimas.

— No me veas… por favor, no lo hagas. — le susurro en su oído, aun sabiendo que sus amigos lo escucharían, Kalila, sin embargo, fijo sus ojos llorosos en él, aun suplicantes, pero Ukara tampoco se detuvo, tres envestidas y se obligó a ver a otro lado, no quería esos ojos tan hermosos viéndolo de esa forma, Kalila tenía heterocromia, un ojo azul como su madre y uno marrón como su padre. Ukara levantó su rostro tratando de que el rostro de Kalila no quedara en su mente y fue cuando la vio.

— Mi media alma. — dijo en un susurro cargado de dolor, y salió de Kalila de inmediato, provocando que los otros dos giraran a ver, lo mismo que él veía.

— ¿Que hicieron?

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