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Portada de la novela Esposa de un hombre cruel

Esposa de un hombre cruel

La existencia de un poderoso empresario se desmorona al descubrir a su prometida drogada y armada frente al cuerpo de su amante. El caos de la escena no solo revela una traición devastadora, sino que deja a su abuela gravemente herida. Consumido por un rencor implacable, el influyente CEO se transforma en un hombre cruel y calculador. Ahora, su único propósito es someter a la mujer que destruyó su paz a una fría y despiadada venganza.
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Capítulo 2

Se preguntó ¿Qué hacía ella en prisión? ¿Cómo llegó hasta ese lugar? Sonriendo y cerrando los ojos dijo:

—Es una broma, ¿verdad?

—¡No! —escupió con Irá Marcos, ella abrió los ojos y tragó grueso, jamás lo había visto tan furioso y tembló al momento de su gritó.

—¿Qué sucede? Marcos, ¿por qué te comportas así? —habló Maite temerosa.

Él sonrió con desagrado.

—Eres una cínica, ya no te hagas la víctima —gritó enfurecido.

Maite jamás había sido tratada de esa manera, sintiendo temor por la actitud de Marcos, ella no comprendía qué pasaba. ¿Por qué él se comportaba así?

Suspiró y trato de calmar a su corazón que destilaba dolor en lo más profundo.

La mirada de Marcos la aterrorizaba, ella no encontraba respuestas del por qué estaba en prisión, y siguió pensando que todo era una broma.

Tomó valor y preguntó:

—¿Qué hice? Dime —él rio con desgano—. No comprendo, ¿qué significa esto? Se supone que hoy es el día de nuestra boda ¿No crees que debemos estar en la iglesia? ¿Qué hacemos aquí?

Marcos tragó saliva y la miró con desprecio.

—¿Nuestra boda? —rio nuevamente— ¿Cas a seguir fingiendo que no sabes qué sucedió? —haciendo pausa y sacando el celular de su bolsillo dijo: —Te lo recordaré.

Puso el celular frente a Maite mostrando el video grabado, un frio recorrió el cuerpo de Maite haciendo que sintiera vergüenza de lo que estaba viendo.

Se estremeció su corazón de dolor al ver que el sueño o mejor dicho la pesadilla que ella había tenido en la noche era real, estaba grabado en un video donde ella estaba teniendo sexo con otro hombre que no era su futuro esposo.

—No, y no puede ser —escupió nerviosamente llevando sus manos a la cabeza—. Aquello no puede ser verdad, yo nunca haría eso en mi sano juicio.

—Ja… —se mofó Marcos con desprecio— En tu sano juicio tal vez no, te emborrachaste hasta el punto de perderte y te revolcaste con otro en mi casa como una zorra.

—Marcos, no me ofendas —dijo Maite con lágrimas en su ojos. Jamás, nunca nadie la había tratado e insultado, algo que hizo enfurecer más a Marcos.

—Cállate —gritó él fuertemente, e hizo una pausa—. No sólo me engañaste con otro. Si no que al verte descubierta por mi abuela la atacaste hasta el punto de dejarla en coma y luego asesinaste a tu amante.

Aterrorizada Maite por lo que acababa de escuchar se defendió.

—¡Mientes! —gritó, invadida de miedo y temor— Yo jamás lastimaría a Elisa, ni muchos menos mataría a alguien… Todo es mentira, o una broma —decía mientras llevaba sus manos a su cabeza y alborotaba su cabello—. No tengo amante —gritó desesperada esperando que Marcos le crea.

—No mientas más —esbozó Marcos con amargura apretando sus puños y sus labios contra sus dientes—. Te encontré desnuda y a él también, el video muestra lo que hiciste, eres tan p… —se tragó las demás letras y continuó— Para grabar un video teniendo relaciones con otro —Maite quería defenderse pero la voz de Marcos era más fuerte—. Además se encontró el arma en tu mano y tus huellas en el bastón con el que atacaste a mi abuela.

Maite que no podía asimilar lo que estaba escuchando, lloraba con desesperación y a la vez reía con disgusto, todo eso le parecía una broma de mal gusto.

—No… No, no puede ser cierto —decía llevando sus manos a su cabeza y rodándolas por su cara fuertemente, parecía loca desesperada esperando que Marcos le diga que todo era una maldita broma.

—Nunca te perdonaré que hayas intentado matar a mi abuela, tu padre se ha de estar retorciendo en su tumba con lo que acabas de hacer —dijo él con furia.

Lo que nunca Maite permitía era que usen el nombre de su padre para ofenderla, así que furiosa le gritó:

—¡Deja a mi padre en paz! Él no tiene nada que ver en todo lo que me acusas.

Maite reía con asombro y lloraba al mismo instante no podía creer todo aquello, sin embargo un video comprobaba lo zorra que era ella, se rehusaba a creer lo que había pasado.

—Te pudrirás en prisión Maite. Te lo juro —dijo Marcos encaminándose a la salida, no aguantaba un instante más con aquella mujer.

—¡No me dejes aquí! —gritó y corrió desesperada, aferrándose a él por su espalda, lo apretó con fuerzas mientras ríos de lágrimas rodaban por sus mejillas.

Al sentir sus manos temblorosas, y como sus lágrimas mojaban su espalda, el corazón de Marcos se estremeció; Maite lo ponía muy débil. Ella sólo era una joven de veinte años, estaba sola en el mundo, y él prometió cuidarla, pero no podía perdonar su engaño y el daño que le causó a su abuela.

Cerró los ojos, y por un instante quiso abrazarla y decirle que todo estaba bien, que trataría de solucionarlo, pero recordó que la persona que estaba en coma era su abuela, su única familia.

¿Cómo iba a perdonar lo que esa mujer le había hecho a su abuela?

Apretó con fuerzas las manos de Maite que lo sujetaban, y se soltó de su agarre. Una vez liberado la lanzó al suelo.

—¡No quiero que vuelvas a tocarme, mucho menos que me digas “amor”!, ¡puedes morir si deseas! —expresó con odio. Dicho eso, Marcos se dio la vuelta y caminó a la salida.

Maite, que estaba en el suelo se volvió a sujetar fuerte de sus piernas.

—¡Por favor! ¡Por favor, amor!, no me dejes aquí, te lo suplico —lloraba desgarradamente, su corazón estaba en agonía, sentía pánico de pensar en quedarse sola en ese lugar, y perder para siempre al hombre de su vida.

—¡Quítenmela de encima! —su grito, hizo que los policías que estaban cerca agarraran a Maite de ambas manos, para que así el señor Heredia pudiera irse.

Una vez liberado, Marcos Heredia, sin mirar atrás, aferrándose a mantener el odio en su corazón, se marchó del lugar mientras Maite lloraba y pedía que no la abandone. Cuando Marcos se marchó los policías cerraron la reja y ellos también desaparecieron.

Quedando Maite sola, tendida en el suelo y mirando a las cuatro paredes que la acompañaban. Lloró hasta que sus ojos se irritaron, sentía miedo, estaba completamente sola en un país y una ciudad que era dominada por Marcos.

Nadie la conocía, ¿quién querría ayudarla? Seguro todos temían enfrentarse al hombre de rostro amargado.

Se sintió sola como un perro abandonado, su padre había muerto y su madre hace años la había abandonado. Pero se llenó de satisfacción al recordar a su padre, porque había sido el mejor padre del mundo, nunca le faltó amor ni atención, él hacía de todo para que ella fuera feliz. Si él estuviera vivo nadie la lastimaría, ni mucho menos estaría en prisión.

Abrazó sus piernas con sus brazos y se quedó en el frío piso, recordando a su amado padre y cuánto amor le brindaba.

—Papito, ¿por qué me dejaste? —sollozaba en el suelo.

Marcos se dirigió a la mansión, de camino el teléfono de Maite sonó con un mensaje de Emma que decía “¡Lo siento, cariño! No podré estar presente en tu boda, pero prometo estar en la fiesta. ¡Mi vuelo se retazo!”. Marcos apretó con fuerzas el teléfono quiso lanzarlo pero lo guardo para la evidencia no descansaría hasta hundir en prisión a Maite.

Al llegar vio cómo sus empleadas despendían cada arreglo que llegaba a la mansión, pasó de largo sin voltear a ver a nadie. Todos recogieron sus cosas cuando Marcos lanzó el enorme pastel al suelo.

—¡No hay boda! ¡Desaparezcan de mi hacienda! —dicho esto entró y se dirigió a la sala, sacó una botella de whisky y empezó a beberla sin parar.

Pasó toda la tarde bebiendo, perdido en sus pensamientos del porqué había sido tan estúpido en enamorarse de una mujer, juró nunca más amar a nadie.

—Mi corazón estará muerto, Maite, como un día te lo prometí —murmuraba con la lengua pesada.

Por la noche Emma llegó y sonrió con placer al ver que no había nada en la mansión, cuando las empleadas abrieron ella esbozó unas palabras de asombro y preocupación.

—¿Qué sucedió? ¿Por qué no hay nada aquí? —las empleadas dieron la vuelta y se marcharon, ellas no eran quién para hablar de lo que había sucedido, y más Emma no era de su agrado.

Al ver la actitud de las empleadas Emma sintió rabia, pero dejó pasar ya que estaba feliz por haber logrado su cometido.

Entró a la sala y encontró a Marcos sentando con la cabeza inclinado nombrando una y otra vez a Maite.

—Marcos, ¿estás bien? —preguntó Emma—. ¿Qué sucedió? ¿Por qué estás así y borracho? —Marcos rio de lo borracho que estaba— ¿Y Elisa con Maite dónde están?

Cuando Marcos escuchó el nombre de Maite se paró y empujó a Emma en el sillón, agarró su cuello y lo presionó rechinando los dientes.

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