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Portada de la novela Engañada, repudiada y de repente rica

Engañada, repudiada y de repente rica

Eleanor queda en la ruina y cargada de deudas tras ser suplantada por la verdadera heredera. Sin rendirse, emplea sus identidades ocultas para cambiar su destino: entrega un imperio a su hermano mayor, salva la trayectoria de su hermano actor y defiende el prestigio de su hermano diseñador. Pese a las constantes agresiones de su enemiga, Eleanor se consagra como la mujer más rica del planeta mientras huye de un jefe mafioso que vive obsesionado con ella.
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Capítulo 2

Eleanor respiró hondo, esforzándose por contener la marea de tristeza y resentimiento que crecía en su interior.

En otro tiempo, habría estallado en furia, pero ahora comprendía la inutilidad de hacerlo. Aquel hogar, que se suponía debía ofrecerle calidez, no había sido más que un lugar frío e indiferente. Quedarse solo serviría para profundizar su humillación y sufrimiento.

La voz burlona de Camila la arrancó de sus pensamientos justo cuando una hoja de papel cayó a sus pies.

"Aquí tienes el detalle de todo lo que gastaste mientras viviste bajo el techo de los Marsh", dijo Camila con una autoridad gélida. "El total es un millón de dólares. Y tienes que devolverlo".

Eleanor parpadeó, atónita por un momento, y luego se inclinó con lentitud para recoger la hoja. Mientras repasaba las cifras, una fría incredulidad la invadió. Cada partida era un registro exacto del dinero gastado: clases de piano a quinientos dólares la hora, cursos de etiqueta a ochocientos por sesión…

No podía concebir qué clase de familia llevaba una contabilidad tan minuciosa, como si cada centavo invertido en su crianza hubiera sido contado, rastreado y, ahora, exigido.

Al ver el rostro estupefacto de Eleanor, Camila se le acercó con una sonrisa triunfante.

"Para que lo sepas", dijo con aire condescendiente, "esta lista la prepararon mamá y papá con sumo cuidado. Ah, y por cierto, escuché que tus padres biológicos andan con problemas de dinero. Cuando se enteren de que nos debes un millón, lo más probable es que también te echen. ¿No es gracioso?".

El veneno en las palabras de Camila encendió en Eleanor una furia que ya no pudo contener. En un instante, su puño impactó contra el rostro de Camila.

"¡Ay!", gritó Camila de dolor, y trastabilló hacia atrás hasta caer al suelo.

"¡Camila!". Chloe Marsh, su madre, corrió a su lado y la ayudó a levantarse con una ternura exagerada.

En cuanto Camila estuvo de pie, Chloe se volvió bruscamente hacia Eleanor, con el rostro contraído por la furia. "¿Cómo te atreves a golpear a mi hija, mocosa malagradecida?".

De inmediato, Camila adoptó una expresión dolida, ocultando su malicia tras una fachada de víctima.

"Mamá, no culpes a Eleanor. Me equivoqué al entrometerme, diciéndole que no se quedara fuera toda la noche. Entiendo por qué se comporta así: mi regreso debió de haber destrozado su vida perfecta, y ahora me odia por eso".

Eleanor ignoró la mentira descarada de Camila y se centró en las palabras "mocosa malagradecida". La punzada de esas palabras, viniendo de quien había sido su madre durante dieciocho años, la hirió profundamente.

Con una risa amarga, Eleanor desestimó aquel disparate. No tenía energías para discutir con semejante embustera. En su lugar, levantó la lista, apretando el papel entre sus dedos mientras miraba a Chloe.

"¿Entonces esta es la lista que usted y papá prepararon y ahora esperan que pague?", preguntó con voz incrédula.

"Eleanor", la interrumpió Camila, con una falsa preocupación en la voz, "mamá y papá hicieron esta lista solo como un recordatorio de la generosidad que la familia Marsh te ha demostrado. No debiste hablarles de esa manera".

"¿Qué fue lo que dijo?". La furia de Chloe se intensificó. Entornó los ojos, reflejando la indignación de su hija.

En ese momento llegó Louis Marsh, el patriarca de la familia. Con el rostro ensombrecido por el disgusto, se dirigió a Eleanor con una frialdad glacial.

"Tu madre y yo concebimos esta lista inicialmente como un amable recordatorio", dijo con un tono implacable. "Pero tu falta de respeto hacia tus padres y tu agresión a tu hermana lo cambian todo. Ahora le debes a la familia Marsh un millón de dólares. Si no pagas esta deuda, tomaremos medidas legales".

A Eleanor se le encogió el corazón. Una sonrisa amarga se dibujó en su rostro mientras asimilaba aquellas palabras. Dieciocho años bajo ese techo para que, en un instante, la convirtieran en la villana, todo por las palabras manipuladoras de Camila.

Sin energías para discutir, respondió con calma, su voz firme pero cargada de una profunda tristeza: "Señor y señora Marsh, les agradezco los años que me acogieron y criaron. En cuanto al dinero, lo devolveré. Pero a partir de hoy, no tengo ningún vínculo con la familia Marsh".

El rostro de Louis se contrajo y su voz adquirió un tono severo y definitivo. "Muy bien. Pero recuerda que, una vez que salgas de esta casa, sin el respaldo de la familia Marsh, no eres nada".

Eleanor bufó con frialdad, recogió una mochila del suelo y se dio la vuelta. Se marchó sin mirar atrás.

En todos esos años, nunca había sentido el cálido afecto de los Marsh. Ahora, al marcharse, sus padres adoptivos no le dejaban más que una deuda abrumadora, la prueba definitiva de su crueldad.

Mientras la figura abatida de Eleanor desaparecía de la vista, una sonrisa de satisfacción se dibujó en los labios de Camila. Al fin, todo sería solo para ella.

"Papá", dijo con una dulzura cargada de falsa preocupación, "no te enojes. Cuando se calme un poco, entrará en razón y se dará cuenta de la generosidad de la familia Marsh. Volverá arrastrándose, rogando por nuestro perdón".

Sus palabras, cargadas de malicia, solo avivaron la ira creciente de Louis.

"Bah", murmuró él, con la voz llena de resentimiento. "Aunque se arrepienta, ya no hay lugar para ella en esta familia. Una hija malagradecida como esa no merece más que el repudio".

Cuanto más resentimiento vertía Louis, más se regodeaba Camila en su interior. Sabía que aquello aseguraría el exilio permanente de Eleanor; nunca más volvería a ese hogar.

"Camila", continuó Louis, con voz ahora autoritaria, "ella ya no es tu hermana. Alguien como ella no merece ese título. Ahora ve a cambiarte. Tenemos un invitado importante y no podemos darnos el lujo de perder esta oportunidad para impresionarlo…".

"¿Qué invitado?", preguntó Chloe, al percibir la seriedad en la voz de su esposo. Comprendió de inmediato que debía de ser alguien muy importante.

"Es Elijah Campbell", respondió Louis, con la voz baja, casi reverente. "El rey de los bajos fondos de Isonsea".

Al oír el nombre de Elijah, Chloe se quedó helada; el corazón le dio un vuelco.

Aquel hombre era infame, con influencias tanto en los bajos fondos como en la alta sociedad. Sus escasas apariciones públicas eran legendarias; conocerlo era un privilegio excepcional y codiciado. ¿Y ahora la familia Marsh había conseguido una visita así?

"En efecto. Esta vez, todo se lo debemos a Camila. ¡El señor Campbell pidió específicamente conocer a nuestra hija!". Louis habló con una sonrisa de orgullo y posó una mano con suavidad sobre la cabeza de Camila.

Camila se detuvo un instante, con los pensamientos arremolinándosele.

¿Cómo era posible que alguien como él la conociera? ¿Acaso sería que, durante el tiempo que luchó por sobrevivir en Dridsa, una zona empobrecida de Isonsea de condiciones precarias, el señor Campbell se había fijado en ella? No pudo evitar pensar que su belleza, combinada con el dramático contraste de sus circunstancias, podría haber llamado su atención.

Se le escapó una risa nerviosa mientras hablaba, con un tono teñido de sorpresa. "Creo que nos cruzamos una vez, cuando estuve en Dridsa. Nunca imaginé que el señor Campbell pudiera recordarme".

"¡Espléndido, sencillamente espléndido!". Louis rio con evidente satisfacción y le dio a Camila un apretón de aprobación en el hombro. "Camila, realmente eres una bendición para esta familia. Si conseguimos ese terreno en Dridsa, el Grupo Marsh alcanzará un éxito sin precedentes".

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