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Portada de la novela Engañada, repudiada y de repente rica

Engañada, repudiada y de repente rica

Eleanor queda en la ruina y cargada de deudas tras ser suplantada por la verdadera heredera. Sin rendirse, emplea sus identidades ocultas para cambiar su destino: entrega un imperio a su hermano mayor, salva la trayectoria de su hermano actor y defiende el prestigio de su hermano diseñador. Pese a las constantes agresiones de su enemiga, Eleanor se consagra como la mujer más rica del planeta mientras huye de un jefe mafioso que vive obsesionado con ella.
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Capítulo 3

Al salir de la mansión de los Marsh, Eleanor se detuvo al borde de la acera para pedir un taxi. Había dejado su convertible; después de todo, no era suyo.

Contempló la casa que había sido su hogar durante dieciocho años y una sonrisa amarga se dibujó en sus labios. Lo absurdo de la situación la abrumaba: todo lo que había sacrificado, su entrega total a esa familia, solo para terminar rechazada y desechada.

Con un suspiro discreto, Eleanor sacó su teléfono y leyó el mensaje con la dirección de sus padres biológicos.

La dirección la llevaba a Dridsa. Los habitantes de Dridsa vivían al día, y no era extraño que muchos se fueran a dormir con el estómago vacío.

Si Pholis era la utopía de los privilegiados de Isonsea, Dridsa era su crudo contraste: un refugio de miseria para los desamparados.

Al llegar, el contraste entre ella y el entorno fue tan evidente que resultaba imposible ignorarlo. Las miradas curiosas de los transeúntes la recorrían, cargadas de una mezcla de confusión e intriga.

¿Qué hacía una mujer tan deslumbrante y con tanto aplomo en un lugar como ese?

Su porte refinado y su apariencia impecable los llevaba a suponer que provenía de una familia adinerada de Pholis, un mundo ajeno a la dura realidad de Dridsa.

Indiferente a las miradas, Eleanor caminó por el barrio hasta que se detuvo frente a una casa ruinosa. No pudo evitar sentir una punzada de compasión por la familia que seguramente vivía allí, al imaginar las penurias que debían soportar día tras día.

"Señorita, ¿a quién busca?". Una voz vacilante la sacó de sus pensamientos y la devolvió al presente.

Eleanor se dio la vuelta y vio a una mujer de pie frente a ella. Las profundas arrugas que surcaban su piel curtida eran testimonio de años de trabajo arduo y resiliencia.

La mujer la observó con detenimiento, y sus ojos se entrecerraron con un matiz casi imperceptible de reconocimiento. Un atisbo de sorpresa asomó a su rostro.

"Usted es...", comenzó, pero la voz se le quebró, como si luchara por encontrar el recuerdo.

"Mi nombre es Eleanor", respondió con serenidad, aunque sentía el peso del momento oprimiéndole el pecho.

Las manos de la mujer, antes firmes, comenzaron a temblar. El manojo de verduras que sostenía se le resbaló y cayó al suelo con un golpe sordo.

"¿Tú... eres Eleanor?". Su voz temblaba, cargada de incredulidad, asombro y un matiz de algo más profundo… quizás culpa. "De verdad eres tú".

Extendió la mano por instinto, como si quisiera tocarla, pero vaciló y su mano quedó suspendida en el aire. "Lo siento", tartamudeó, retirando el brazo bruscamente. "Debo haberla confundido con otra persona".

La mujer desvió la mirada con nerviosismo, se agachó con rapidez para recoger las verduras y se apresuró a entrar en la casa.

Eleanor permaneció inmóvil un instante y luego, con voz suave pero firme, volvió a hablar. "Quiero la verdad".

La mujer bajó la mirada al instante, y sus ojos se enrojecieron mientras las lágrimas comenzaban a brotar.

"Pasa", murmuró con voz débil y temblorosa, dándose la vuelta y caminando hacia el interior con pasos lentos y pesados.

El rostro de Eleanor permanecía sereno, pero su mente era un torbellino de emociones encontradas. Había esperado sentir ira, resentimiento o incluso rabia al encontrarse con su madre biológica. Sin embargo, lo único que sentía era una calma profunda e inesperada.

Al entrar, su mirada recorrió los muebles humildes, mientras percibía el persistente olor a aire viciado y una atmósfera de carencia que lo impregnaba todo. Casi podía palpar el peso de las dificultades de aquella familia.

Justo en ese momento, un hombre salió de una de las habitaciones. "Lily, ya regresaste. Kane ha estado trabajando hasta tarde de nuevo; tal vez deberías prepararle un poco de sopa esta noche". Su voz se extinguió en cuanto vio a Eleanor de pie allí, y sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa. "¿Y ella quién es?".

La mujer, Lily Harris, respondió en un susurro casi inaudible: "Maverick, ella es… Eleanor".

El rostro de Maverick Harris se contrajo con incredulidad, y un fugaz destello de pánico brilló en su mirada antes de que lograra disimularlo.

"¿Eleanor?", repitió, con la voz temblorosa por la conmoción. "¿Qué hace aquí? No la conocemos. Tú…".

Los hombros de Lily se hundieron. Se secó una lágrima y se volvió hacia Maverick. "Ya no tiene caso seguir ocultándolo", dijo en voz baja, pero con un tono resuelto. "Eleanor vino por respuestas y seguramente ya sabe la verdad. Este secreto nos ha atormentado a los dos por demasiado tiempo. Me oprime tanto que a veces apenas puedo respirar. Es hora de contarlo todo".

Miró a Eleanor, con el rostro bañado en lágrimas y la voz reducida a un susurro mientras el peso de la revelación la abrumaba.

Ver a Lily tan destrozada conmovió a Eleanor profundamente. La calma que había logrado mantener hasta entonces se le escapaba como arena entre los dedos. Las emociones que se arremolinaban en su interior eran más complejas de lo que jamás había anticipado.

Maverick dio un paso adelante y posó una mano firme sobre el hombro de Lily. "Tienes razón", dijo con un suspiro profundo, su voz teñida de arrepentimiento. "Este secreto nos ha consumido durante años. Ya es hora de enfrentarlo".

Se volvió hacia Eleanor, con una expresión cargada de culpa y remordimiento. "Te debemos mucho más que una simple disculpa".

Eleanor exhaló lentamente, sintiendo el peso de todos esos años sobre sus hombros, mientras por fin formulaba la pregunta que la había atormentado por tanto tiempo. "¿Por qué me abandonaron?".

La crudeza de la pregunta de Eleanor los dejó visiblemente conmocionados. Ambos palidecieron al instante. Tras un largo y tenso silencio, compartieron de mala gana la dolorosa verdad.

Dieciocho años atrás, la hija de Chloe desapareció, lo que la sumió en una espiral de locura. Para aliviar su dolor, Louis tomó la decisión de llevarse a la hija de los Harris a su casa para criarla como propia.

Los Marsh acogieron a Eleanor porque había nacido débil y enfermiza. La familia Harris, que ya tenía dificultades para criar a sus tres hijos y sobrellevar la carga económica, no podía hacerse cargo de ella. En su desesperación, habían confiado a Eleanor al cuidado de Louis.

La verdad le cayó como un balde de agua fría. Eleanor se quedó inmóvil en el viejo sofá, con la mente en blanco, luchando por procesar lo que acababa de escuchar. La habitación pareció encogerse a su alrededor y las paredes comenzaron a desdibujarse.

Lily y Maverick intercambiaron miradas incómodas, sin saber cómo continuar y temerosos de romper el frágil silencio. Sus rostros reflejaban una profunda aprensión, pero ninguno de los dos se atrevió a hablar.

Finalmente, la voz de Maverick rompió la tensión, vacilante pero sincera. "Eleanor… ¿cómo ha sido tu vida con la familia Marsh?".

Su pregunta quedó suspendida en el aire, una interrogante silenciosa y pesada que revelaba tanto su preocupación como su inquietud.

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