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Portada de la novela Embarazada de mi mejor amigo

Embarazada de mi mejor amigo

Al cumplir los treinta años, Ana Reegan siente la urgencia de cumplir su anhelado deseo de ser madre. En plena celebración de su cumpleaños, toma la valiente decisión de revelar sus sentimientos más íntimos a Alejandro Miller, su amigo más cercano. Tras recibir una propuesta totalmente imprevista, Ana se ve obligada a cuestionar si realmente conoce al hombre que siempre la ha acompañado y si su sueño de formar una familia podrá concretarse junto a él.
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Capítulo 3

- ¿Qué? ¿Vienes a invitarme a tu fiesta? –me pregunta Ale en cuanto me ve apoyada en la barra

- Tú siempre estuviste invitado ¿recuerdas?

Él me mira fijamente y me sonríe de tal forma que hace que mis mejillas se sonrojen de inmediato.

- Entonces ¿has venido a pedir más tragos?

- No, he venido porque tengo que preguntarte algo –le digo decidida

- No importa las formas de soborno que encuentres, no haré de striper para ustedes

- No, Ale, no es eso, de hecho, es algo de suma importancia, podría cambiar tu vida

Él no dice nada, pero se me queda mirando expectante, a la espera de que acabe de decirle de qué se trata todo esto. Creo que todavía se piensa que es alguna travesura de mi parte porque está sonriendo pícaramente.

- La verdad, he estado pensando en ello por mucho tiempo

- Ya, sabría de qué me estás hablando si me lo contaras todo de una vez –me dice impaciente

- Quiero tener un bebé

Al escuchar mis palabras, la expresión de Ale cambia instantáneamente. La sonrisa pícara que tenía se borró y sus ojos se agrandaron en respuesta a la sorpresa. No dice nada, solo me agarra del brazo y comienza a caminar arrastrándome detrás de él.

- Ale, ¿qué estás haciendo?

- Necesito hablar contigo a solas, lejos de todo el bullicio del bar

Le sigo sin decir una sola palabra más. El apartamento de Ale queda justo en la esquina del bar en el que estábamos y, luego de unos pocos minutos, entramos en su interior.

Una vez ahí, me soltó el brazo y clavó sus ojos en los míos. Hay algo extraño en su expresión, algo que nunca antes había notado. Está demasiado serio y confundido.

Ahora la idea de plantearle que sea el padre de mi hijo no parece tan buena como hacía solo unos minutos ¿Quién me habrá mandado a beber tanto alcohol? y, lo que es peor aún ¿por qué le hice caso a Tania?

- Entonces… -me dice después de unos segundos en silencio

- Entonces ¿qué?

- ¿Qué era lo que me estabas diciendo?

Vamos Ana, ya has venido hasta aquí, es la oportunidad perfecta, no te acobardes ahora.

- Bueno –digo tomando aire- ya sabes que yo siempre he querido ser madre

- Sí, siempre lo has dejado claro –dice cautelosamente

- En realidad, siempre he querido todo el paquete, casarme, tener un matrimonio feliz, formar mi familia, pero creo que ha es un poco tarde para todo eso, la vida no me ha sonreído como quería que lo hiciera

- No digas eso, todavía hay tiempo, puedes esperar –no le respondo con palabras, solo niego con mi cabeza- ¿en serio no quieres esperar un poco más? Tener un hijo es una gran responsabilidad Ana, no es algo que debas pensar a la ligera

- Ale, me conoces más que nadie, sabes perfectamente bien cómo soy ¿crees que he tomado esta decisión a la ligera? Nunca he sido realmente feliz, no he tenido tu suerte. Nunca me he podido enamorar de ningún chico con el que he salido, nadie me ha pedido matrimonio. Siento que esta es mi mejor oportunidad para ser realmente feliz

Me aseguré de seleccionar correctamente mis palabras para que le quedara clara la situación. No he podido enamorarme de ningún chico con el que he salido porque ninguno ha sido él.

Nunca se atrevió a pedirme una cita, o nunca le gusté, no sé bien ya cuál de las dos opciones es. Lo único que sí me queda claro es que he estado enamorada de él toda mi vida y así, es imposible que mis relaciones con otros chicos funcionen.

Ale me observa de forma diferente. Tiene una sonrisa dulce y creo que, de alguna forma, le he hecho comprender cómo me siento.

- Bueno, tengo que aceptar que, por esta vez, tienes la razón. En muchas ocasiones nos toca perseguir la felicidad y no esperar de brazos cruzados a que nos toque a la puerta, pero, si no tienes pareja ahora, entonces ¿quién será el padre?

Ahí estaba, la pregunta clave a la que no sé si responderle con total sinceridad. Quiero decírselo, pero ¿y si lo asusto y consigo todo lo contrario a lo que realmente quiero?

Proponerle que sea el padre de mi hijo no es nada fácil, más cuando él mismo acaba de decirme que no es una decisión que se deba tomar a la ligera ¿Cómo se me ocurre?

Ana, esta es lo más cerca que has estado de tenerlo. Creo que, a pesar de las consecuencias que pueda traerme, seguir la idea original puede ser bueno para mí. Si se asusta pues, por fin saldrá para siempre de la ecuación y podré vivir mi vida y, si se lo toma bien, será parte de mi familia, tal y como siempre he querido.

- En realidad, comencé a contarte todo esto porque estaba esperando que tú fueras el padre

Las palabras salen de mi boca sin darme cuenta. No sé en qué momento mi subconsciente decidió que esto era una buena idea, pero ya está, ya se lo he dicho.

Sus ojos se abren de par en par y con una larga zancada, se aleja de mí rompiendo la burbuja en la que estábamos.

- Perdón, creo que no te he escuchado bien

- Yo creo que sí lo hiciste, Ale

No dice nada, simplemente se me queda mirando fijamente, buscando algo en mis ojos que no comprendo. Sin que me lo esperara y para mi total sorpresa, una sonrisa comienza a dibujarse en su rostro.

- Eso quiere decir que aún no estás embarazada

- Pero, si yo lo que dije fue que quería tener un bebé, no que ya lo tenía

- Lo sé, pero pensé que recién habías descubierto que estabas en estado, como vi la prueba de embarazo que Tania te dio, quizás te lo estabas planteando

En cuanto me doy cuenta de todo lo que estaba pensando, comienzo a reir.

- La prueba de embarazo fue el regalo de cumpleaños de Tania, dijo que este sería mi año para salir embarazada y como sabe que es algo que deseo mucho, pues…

- Ya veo –termina diciendo él

De repente, la habitación comienza a darme vueltas. Supongo que ahora me está saliendo todo el alcohol que me tomé en el bar. Estoy demasiado mareada que no soy capaz de percatarme de la situación, lo único de lo que soy consciente es que siento como el suelo se acerca a mí, solo los brazos de Ale evitan que me caiga.

- ¿Ana, estás bien?

No tengo fuerzas para contestarle, solo puedo ser consciente de que todo comienza a oscurecerse, hasta que ya no puedo ver nada.

(…)

Abro los ojos sintiendo cómo la cabeza se me quiere explotar. Sí, definitivamente, anoche me pasé de tragos. Justo cuando veo los enormes cristales frente a mí, me percato de que no estoy en mi casa.

- ¿Ale?

Llamo con el tono de voz más alto que mi cabeza me permite y, de inmediato, él se aparece en la habitación y se acuesta a mi lado con una amplia sonrisa.

- ¿Cómo te sientes?

- Mi cabeza me está matando, ya estoy demasiado vieja para estas resacas

Bajo la vista hasta su pecho desnudo, intento con todas mis fuerzas volver a mirarle a la cara, pero me es imposible, está jodidamente precioso.

¡Espera! Ale está en bóxer y yo estoy en su cama ¿Acaso nosotros?...

- Ana, tenemos que hablar sobre anoche…

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