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Portada de la novela El Testamento. Dada en Matrimonio

El Testamento. Dada en Matrimonio

Tras el fallecimiento de Don Américo del Corral, la fachada de su linaje se desmorona ante una revelación oculta en su herencia. El testamento priva a sus sucesores de la fortuna familiar, imponiendo una condición extrema para recuperarla. Julietta y Marcos, sus bisnietos, se ven obligados a aceptar un matrimonio concertado con los Di Cavalcanti, una poderosa dinastía italiana. Este pacto antiguo los arrastra a un mundo de intrigas, mafia y deberes ineludibles.
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Capítulo 1

El entierro

Hoy enterramos al abuelo...

Miraba mi reflejo en el espejo, y lo que observaba era un total desastre, mi maquillaje había desaparecido con las lágrimas, mis ojos tan azules, como el cielo en un día soleado, hoy se veían grises como mi estado de ánimo. Mi largo cabello castaño lo tenía recogido en un moño desordenado, y mi piel se veía más blanca de lo normal, por la ropa negra que usaba.

Dejé de mirarme en el espejo y superarlo, por más que tratara de mejorar mi imagen, seguía igual.

Esta mañana enterrábamos al abuelo, quien era en realidad era mi bisabuelo, pero por orden de él, todos le decíamos abuelo.

Pensé en maquillarme de nuevo, pero opté por unas gafas de sol. Sabía que no tardaría en volver a llorar y quedaría peor de lo que estaba.

Salí de mi cuarto en la gran casa de los abuelos, y baje donde se encontraba mi familia, todos vivíamos en la misma casa, el abuelo se encargó de construir una casa lo suficiente grande y espaciosa como un edificio. Mi primo Marcos y yo le decíamos de cariño a la casa "La Ratonera". Se preguntarán ¿Por qué ese nombre? Simple, en una ratonera viven muchos ratones juntos, formando una gran familia y conviviendo generaciones enteras, y así es esta casa 4 generaciones de la familia viven en ella.

Desde las escaleras vislumbre a mi familia. Mi padre se encontraba sentado en uno de los tantos muebles de la casa con la mirada perdida, mi madre se encontraba a su lado enfrascada en su celular.

Se que el abuelo no era la persona favorita de mi madre, pero sería más agradable si fingiera que le duele su muerte por lo menos.

Deje de mirar a la bizarra de mi madre y me fije en mis abuelos que se encontraban sentados en otro mueble, mi abuela abrazaba a mi abuelo, mientras este le sonreía, a pesar que mi bisabuelo falleció me siento afortunada de que mis abuelos y tíos abuelos aun estén con vida, somos una familia donde la cuarta generación, tiene el privilegio de conocer a la primera, como fue la mía que conocí a mi bisabuelo.

Me imagino que estarán algo extrañados, pero les explicare mi bisabuelo se casó a los 15 años creció en esa época donde se casaban muy jóvenes. Tuvieron a su primer hijo a los 16 años quien resultó ser mi abuelo José Ignacio, que tiene actualmente 64 años de edad y mi abuelo se casó joven también, pero por motivos que no se, mi padre tardo unos 4 años en venir al mundo ya que nació cuando mi abuelo tenía 24 años. Y si mi papa es un cuarentón muy joven que me tuvo a mí a sus 17 años, según palabras de mi propia madre, resulte ser el fruto de una loca noche de tragos. Se casaron cuando yo tenía 5 años y bueno a mi punto de vista al parecer son felices, y actualmente tengo 23 años. Mis otros primos son algunos contemporáneos conmigo como Marcos que es de mí misma edad e hijo de una de las hermanas de mi padre, que en mi opinión también se gastó su noche de trago como mis padres, aunque nadie sabe quién es el padre de mi primo Marcos, dado que mi tía no lo quiere decir.

Terminé de bajar las escaleras y corrí a la cocina, no me gusta estar rodeadas de tantas personas, todos sabían que era la favorita del abuelo, y les juro que perdí la cuenta de cuantas veces me han preguntado que como me siento.

No lo tomen a mal quería el abuelo, más que nada, era mi confidente. Pero también me enseño muchas cosas como a superar las muertes y también estoy cumpliendo la promesa que le hice de que el día que el muera yo no lloraría no la cumplí al principio debo de ser clara pero luego de que me recupere me trague mis lagrimas una promesa es una promesa y yo siempre cumplía sus deseos.

Al llegar a la cocina di gracias a Dios de que estaba sola y me disponía a comerme algo. (Soy el ser humano que siempre tiene hambre, confundo el estrés con hambre, depresión con hambre, euforia con hambre, en si siempre tengo hambre) cuando un hombre en traje me interrumpió.

Disculpe, ¿es usted Julietta? —genial que querrá. Me quede con medio bocadillo en camino a mi boca

Si ¿por? —pregunte con un claro tono de fastidio y sin mirar al susodicho que para mí desgracia tenía acento italiano. Odio los italianos bueno, en especial a mi ex novio que era italiano y me hizo querer odiarlos a todos.

Mucho justo soy Paulino Di Cavalcanti, hijo de Lorenzo Di Cavalcanti—se presentó ofreciéndome su mano, se la estreche mientras el continuaba con su explicación—vengo en representación de mi padre, tanto para darles el pésame como por la lectura del testamento de su abuelo.

La verdad que no se de donde salió, ni porque se presenta ante mí y me dice a qué viene. Lo que menos que me interesa es la lectura del testamento.

Mucho gusto—le conteste--- puede pasar al comedor o sala el resto de la familia está allí—le indique con indiferencia.

En realidad, me gustaría platicar con usted, si no es mucha molestia—me dijo colocándose al frente mío obligándome a verlo, era un hombre como de un metro con ochenta, ojos claros, cabello oscuro y como de unos 45 años de edad. Creo a ver puesto cara de extrañada o confundida porque se dispuso a explicarme cuando el grito de mi padre nos interrumpió.

¡Julietta! Sal de la cocina ahora mismo—me ordeno.

--Pero... papa el señor Pau...—trate de explicarle, pero en lo que vi su rostro me quede muda, estaba furioso y eso en él es raro, es muy pacifico.

El señor no tiene nada que hablar contigo—me interrumpió mi padre—ve donde tu madre, te está buscando para irnos al cementerio todos juntos.

Salí de la cocina sin decir esta boca es mía, mi padre no es de alterarse, pero cuando lo hace, es mejor huir antes de que exploté. ¡Pero pude escuchar claramente cuando le grito "! ELLA NO SABE NADA ESTAS LOCO ¡".

De qué diablos habla mi padre, ¿qué es lo que no sé? ¿qué sabrá ese hombre y pensaba decirme? Me disponía regresar me para espiar y tratar de escuchar algo más, pero fui atrapada en el acto por mi pretenciosa y plástica madre y me vi siendo guiada al auto que nos llevaría al cementerio.

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