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Portada de la novela El precio del Amor

El precio del Amor

El magnate Álex siempre ha considerado las emociones como una debilidad para sus negocios. Sin embargo, su mundo se tambalea al conocer a Elisa, una empleada brillante que despierta en él una pasión inesperada. El romance se complica porque ella guarda secretos oscuros que amenazan la estabilidad del empresario. Rodeado de peligros, Álex deberá decidir si protege su imperio o lo arriesga todo por un amor que podría costarle su fortuna.
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Capítulo 1

Álex Martínez se encontraba en su oficina del último piso, mirando por la ventana panorámica que ofrecía una vista impresionante de la ciudad. El sol de la mañana brillaba sobre los rascacielos, reflejándose en las aguas del río que cruzaba la metrópoli. Su imperio empresarial se extendía por todo el país, y desde ese alto despacho, podía sentir el peso de su éxito. No había sido fácil llegar hasta allí, pero ahora estaba en la cima.

El sonido del teléfono interrumpió sus pensamientos. Sin apartar la mirada de la ventana, levantó el auricular.

-Álex -dijo con voz firme.

-Buenos días, señor Martínez. Es Clara, de Recursos Humanos. Solo quería confirmar que está listo para la reunión de la junta a las 10:00. También tenemos que revisar los informes trimestrales y la expansión de la nueva división en Europa.

Álex asintió aunque Clara no podía verlo, siempre le había gustado que las cosas estuvieran bajo control.

-Todo listo, Clara. Que no falte nada. -colgó sin esperar respuesta.

En ese momento, entró en su oficina el director de operaciones, Marco Ruiz. Álex ni siquiera lo miró al principio, pues estaba concentrado en el informe que tenía sobre su escritorio. Marco cerró la puerta detrás de él y caminó hasta el escritorio de Álex con paso firme.

-Todo está en orden para la reunión, pero hay algo que necesitamos discutir -dijo Marco, con la habitual confianza de alguien que sabía que su opinión sería tomada en cuenta.

Álex levantó la vista, sus ojos grises como el acero reflejaban la determinación que siempre lo había caracterizado.

-¿De qué se trata, Marco?

-Es sobre la expansión en Asia. Los números no cierran como esperábamos. Hay algunas políticas locales que están retrasando el proceso. No va a ser tan fácil como pensábamos. -dijo Marco, frunciendo el ceño.

Álex dejó el informe sobre la mesa y se cruzó de brazos, pensativo.

-¿Tienes alguna propuesta para solucionarlo? -preguntó, sin perder la compostura.

Marco lo miró con una leve sonrisa.

-Siempre tenemos soluciones, Álex. Solo necesitamos tiempo. Pero hay algo más que quería mencionar. Estuve revisando el equipo de ventas, y creo que necesitamos reforzar algunos puntos.

-¿Reforzar? -Álex se inclinó hacia adelante, prestando atención-. ¿Qué te hace pensar que necesitamos reforzar nada? Nuestro equipo ha entregado resultados constantes.

-Es cierto, pero estamos en un punto en que necesitamos algo más. El mercado está cambiando, y la competencia está ganando terreno. No es suficiente con ser buenos. Tenemos que ser los mejores.

Álex asintió lentamente, consciente de la presión que tenía sobre él para mantener el liderazgo del mercado.

-Haz lo que tengas que hacer, pero no pierdas tiempo -dijo con tono autoritario.

Marco asintió y salió de la oficina. Álex se quedó solo, sumido en sus pensamientos.

La vida de Álex había sido una constante de trabajo y sacrificio. Desde que se había hecho cargo de la empresa familiar, había luchado por cada logro. No creía en el amor. Nunca lo había hecho. Para él, el amor era una distracción, una debilidad que no tenía cabida en su mundo.

La puerta de su oficina se abrió nuevamente, esta vez sin previo aviso. Era Clara, con un montón de papeles en las manos.

-Álex, aquí están los informes que pediste. Y los resultados de las negociaciones con la empresa en Berlín -dijo, entregándoselos.

Él los tomó sin mirar, pues no necesitaba leerlos para saber que todo estaba en orden.

-Perfecto, Clara. ¿Hay algo más? -preguntó, comenzando a ordenar unos papeles sobre su escritorio.

-Hay algo personal... Si no te molesta, me gustaría saber si estarás presente en la fiesta de esta noche. Es un evento importante, ya sabes... algo relacionado con la imagen pública de la empresa.

Álex levantó la vista y la miró por un momento. La mirada en sus ojos era fría, pero no despectiva.

-¿Una fiesta? ¿Para qué? No tengo tiempo para esas tonterías. Si crees que mi presencia va a cambiar algo en la imagen de la empresa, estás equivocada.

Clara frunció el ceño, pero no dijo nada. Sabía cómo era Álex, y había aprendido a no insistir.

-Entendido. Si cambias de opinión, avísame.

Cuando Clara salió, Álex se quedó mirando el teléfono una vez más. De nuevo, las redes sociales se llenaban de fotos de los empresarios más poderosos, posando con sus parejas, en eventos glamorosos. Un suspiro escapó de sus labios mientras se reclinaba en su silla, mirando la foto de un par de amigos con los que alguna vez había compartido algo más que negocios. Todo eso parecía un mundo lejano ahora.

De pronto, la puerta de su oficina se abrió sin que Álex la hubiera escuchado. Esta vez era alguien más joven, una mujer que parecía decidida y segura de sí misma.

-Disculpa, Álex. Soy Elisa, la nueva asistente. El director de marketing me dijo que debía entregarte estos reportes antes de la reunión -dijo con voz firme y clara, colocando un par de carpetas sobre la mesa.

Álex la miró sin mucho interés al principio, pero algo en su postura le llamó la atención. Era diferente a las demás. Había algo en su manera de hablar, en su actitud, que no coincidía con la típica empleada que pasaba por la oficina. La mirada de él se detuvo por un momento en ella.

-¿Y tú eres...? -preguntó, sin levantar la vista de los papeles.

-Elisa Rodríguez. La nueva asistente del departamento de operaciones. -respondió ella, sin vacilar, manteniendo la calma ante la frialdad de Álex.

Álex la miró ahora, evaluándola de arriba a abajo con una mirada calculadora. Era joven, pero parecía tener la determinación que pocos mostraban a su edad.

-¿Sabías que en este lugar la gente suele ser más... discreta? -dijo Álex, en tono casi desafiante.

Elisa no se inmutó. Respondió con la misma seguridad.

-Sí, claro. Pero creo que hay ocasiones en las que un poco de audacia es necesaria. Después de todo, si uno no arriesga, ¿cómo va a ganar?

Álex la observó por un momento. Había algo en esa respuesta que le hizo pensar. ¿Realmente era tan audaz, o solo sabía cómo vender una imagen?

-Bueno, veo que tienes carácter. -dijo finalmente, sin mostrar ninguna emoción.

Elisa sonrió levemente, pero no respondió. Se dio la vuelta y se dirigió a la puerta.

-Nos vemos en la reunión, entonces. -dijo sin más, cerrando la puerta tras ella.

Álex se quedó mirando la puerta cerrada. Algo en él se había removido, pero no entendía qué era exactamente. Volvió a mirar por la ventana, observando la ciudad con una mirada distante.

"No tengo tiempo para distracciones", pensó.

Pero, por alguna razón, las palabras de Elisa resonaron en su mente: "Si uno no arriesga, ¿cómo va a ganar?"

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