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Portada de la novela El precio del Amor

El precio del Amor

El magnate Álex siempre ha considerado las emociones como una debilidad para sus negocios. Sin embargo, su mundo se tambalea al conocer a Elisa, una empleada brillante que despierta en él una pasión inesperada. El romance se complica porque ella guarda secretos oscuros que amenazan la estabilidad del empresario. Rodeado de peligros, Álex deberá decidir si protege su imperio o lo arriesga todo por un amor que podría costarle su fortuna.
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Capítulo 2

Elisa Rodríguez caminaba por los pasillos del edificio con paso firme, su maletín en mano, y su mente centrada en lo que tenía por delante. Era su primer día como asistente personal de Álex Martínez, el magnate detrás de la empresa que había estado observando desde lejos durante años. En su pecho, un sentimiento de ansiedad y emoción se mezclaba. Sabía lo que significaba estar cerca de él, y estaba preparada para enfrentarlo.

Al llegar a la oficina de Álex, levantó la mano para golpear la puerta, pero antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió de golpe. Un hombre de mediana edad, alto y de porte autoritario, salió apresurado. Elisa lo miró con curiosidad.

-¿Y tú quién eres? -preguntó el hombre, con tono seco y desconfiado.

-Soy Elisa Rodríguez, la nueva asistente de Álex Martínez -respondió ella, sin titubear, mientras le ofrecía un apretón de manos.

El hombre la observó de arriba a abajo, como evaluándola, y luego asintió.

-Marco Ruiz. Director de operaciones. -dijo sin mucha calidez, pero con cierto respeto. -No te hagas ilusiones, aquí las cosas no son fáciles.

Elisa sonrió, con confianza.

-Lo sé. No vine aquí a hacer amigos, vine a trabajar. -dijo mientras le devolvía el apretón, sin perder la compostura.

Marco la miró un momento antes de girarse y desaparecer por el pasillo. Elisa suspiró y tocó la puerta del despacho de Álex.

-Pasa -se oyó desde dentro, con la voz grave y autoritaria que siempre la había intimidado a distancia.

Elisa abrió la puerta y entró. Álex estaba de espaldas, mirando las pantallas de su ordenador. Al escuchar el sonido de sus tacones, giró lentamente la silla, pero no mostró ninguna expresión al verla.

-¿Elisa, no? -dijo Álex con voz neutra, como si estuviera diciendo el nombre de una persona cualquiera.

-Así es, Álex. -respondió ella, con una sonrisa tranquila pero decidida. -Estoy lista para lo que necesites.

Álex no mostró signos de interés. Su mirada era fría y distante, lo que era habitual en él. Elisa, sin embargo, no se dejó intimidar.

-Bien, quiero que te encargues de revisar estos informes. -dijo Álex, señalando una pila de papeles sobre la mesa. -Tenemos una reunión importante esta tarde. Quiero que todo esté en orden. No me gustan los errores.

Elisa asintió mientras se acercaba a la mesa. Tomó los papeles con rapidez y los hojeó con precisión, observando los detalles que otros tal vez habrían pasado por alto. Con una mirada crítica, comenzó a tomar notas en su libreta.

-Estos informes están bien, pero te sugiero revisar los resultados de la filial en Berlín. Hay discrepancias en los números, algo no cuadra. -dijo sin levantar la vista, con una naturalidad que sorprendió a Álex.

Él se quedó en silencio por un momento, observándola. No esperaba que su nueva asistente fuera tan observadora ni tan segura de sí misma. Su actitud calmada y decidida no hacía más que intensificar el interés de Álex.

-No me gustan las suposiciones, Elisa. ¿Estás segura de lo que estás diciendo? -preguntó, finalmente.

Ella lo miró de manera directa, sin miedo, pero con respeto.

-Sí. Estuve revisando los números y parece que hay una falta de concordancia con los datos que nos enviaron. No estoy sugiriendo nada sin bases, Álex. -respondió, casi retándole a refutarlo.

Álex frunció el ceño y se levantó de su silla, caminando hacia ella. Miró los papeles y luego a Elisa, sintiendo cómo un ligero interés comenzaba a crecer dentro de él. Esta mujer no era como las demás, y eso lo inquietaba.

-Te daré el beneficio de la duda. Revisa esos números y tráeme un informe detallado antes de la reunión. No quiero que se quede ni un solo error. -dijo finalmente, volviendo a su escritorio.

Elisa asintió, se dirigió hacia su asiento y se sumergió en el análisis de los papeles con una rapidez impresionante. Álex observaba cómo trabajaba, su mirada fija en sus movimientos. Había algo en ella que lo atraía, pero a la vez lo incomodaba. Elisa no era solo una empleada más; era alguien que claramente no tenía miedo de desafiarlo, lo que lo hacía sentir vulnerable.

Poco después, Clara entró en la oficina con una carpeta en las manos.

-Álex, los informes del departamento de marketing. Y aquí está el archivo que necesitabas sobre la expansión de la empresa en Asia. -dijo, dejando la carpeta sobre la mesa.

Elisa, sin apartar la vista de los papeles, se giró ligeramente hacia Clara y la observó con una sonrisa tímida.

-Hola, soy Elisa. Es un placer trabajar aquí. -dijo, extendiendo la mano para saludarla.

Clara la miró con una sonrisa cortés, pero había algo en su mirada que denotaba una ligera curiosidad. Parecía que estaba evaluando a Elisa de la misma forma en que ella había sido evaluada al entrar.

-Encantada, Elisa. Espero que no te cueste acostumbrarte al ritmo de trabajo aquí. No todos son tan... flexibles. -dijo Clara, mientras tomaba asiento frente a Álex, sin esperar respuesta.

Álex, que había estado escuchando la conversación de reojo, se recostó en su silla y se cruzó de brazos, observando cómo Elisa se desenvolvía con naturalidad en el entorno. Aunque su vida había estado dominada por el control absoluto, algo en la manera de Elisa de manejarse, sin preocuparse por las jerarquías y sin mostrar miedo, lo desconcertaba.

De repente, su teléfono sonó, interrumpiendo la conversación. Álex lo tomó, escuchó unos segundos y colgó.

-Elisa, me harás un favor. Necesito que coordines todo para la reunión de la junta a las 3:00. Asegúrate de que todos los asistentes estén listos, y que todo esté preparado. Asegúrate de que los informes estén a tiempo. No quiero sorpresas. -dijo, mirando a Elisa.

-Claro, Álex. ¿Algo más? -preguntó ella, ya de pie y lista para salir.

Álex la observó por un momento, evaluando su actitud. La forma en que le respondía, sin temor, lo sorprendía más de lo que admitía.

-Nada más. Hazlo bien. -dijo, y luego se giró hacia los papeles sobre su escritorio.

Elisa salió de la oficina y cerró la puerta detrás de ella. Mientras caminaba por el pasillo, sus compañeros la miraban con interés. La nueva asistente de Álex Martínez no era como las demás. Su forma de moverse, su actitud decidida y su seguridad parecían anticipar que no sería solo una empleada más.

Elisa no sabía qué tan lejos llegaría, pero algo en su interior le decía que esa oportunidad, de estar tan cerca de Álex, era la clave para lograr lo que siempre había deseado. Y no estaba dispuesta a dejarlo pasar.

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