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Portada de la novela El lamento de amor

El lamento de amor

Después de tres años de indiferencia y un matrimonio vacío, Kaitlin abandona a Alan tras ser ignorada en su peor momento de salud. Al recuperar su estatus como heredera de un imperio joyero, se convierte en una diseñadora de fama global. Convertida en madre de gemelos, su nueva vida despierta el interés de otros hombres y el tardío remordimiento de su exesposo. Aunque Alan suplica una oportunidad y conocer a sus hijos, Kaitlin ya no es la mujer sumisa de antes.
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Capítulo 2

Pero, ¡Kaitlin sí era la esposa de Alan!

A pesar de su falta de cariño, ¿realmente podía quedarse tan indiferente ante su firme dedicación durante todos los últimos tres años?

Alan la rescató del océano y, al recobrar el conocimiento, ella le confesó su amnesia, lo que provocó que él la acogiera.

Quizá el hombre pensaba que se había casado con él porque no tenía a dónde ir, y que no podía valerse por sí misma; sin embargo, ignoraba que ella se enamoró de él desde su primer encuentro, como si estuviera hechizada.

Kaitlin se negaba a compararse con alguien fallecido, pero Ashley era una fuente continua de dolor en su matrimonio, apuñalando su corazón una y otra vez y, tras tres años aguantando, lo único que tenía para mostrar era un corazón destrozado.

"¡Maldita sea! Dices que eres la esposa de Alan Hewitt, ¡y sin embargo ni siquiera responde a tus llamadas!".

El líder del grupo la tiró del pelo y la golpeó en la cara con una fuerte bofetada. "Temíamos que los Hewitt tomaran represalias, pero está claro que no les importas, ¡así que somos libres de hacer lo que queramos! Vengan, chicos, ¡a disfrutar! ¿A quién le importa si esa perra es la esposa de Alan Hewitt?".

El agudo dolor en el cuero cabelludo provocó un gemido de parte de la muchacha y, al ver las sonrisas viles en los rostros de sus secuestradores, cerró las manos en puños.

Estaba decidida a resistirse, aunque eso significara su muerte y, cuando se acercaron, se abalanzó sobre el hombre más cercano y lo golpeó en el abdomen. Aprovechando el momento, corrió hacia una ventana parcialmente abierta, y lo siguiente que supo fue que la sangre le nubló la vista, la cabeza le daba vueltas y le goteaba sangre de una herida en la frente mientras perdía el conocimiento...

"La situación de la paciente está estable, pero tiene un traumatismo craneal grave. No sabemos cuándo recuperará el conocimiento".

"Menos mal que las fuerzas especiales ya estaban tras su pista, si no, quién sabe...".

Voces suaves e indistintas la rodeaban y, luchando por recobrar el sentido, Kaitlin abrió los ojos y vio un borrón blanco.

El penetrante olor a desinfectante inundó sus sentidos y, a través de la bruma, captó el murmullo del asistente de Alan. "Gracias, doctor".

¿Aún estaba viva?

Poco a poco, recuperó la conciencia. El dolor la recorría como si le hubieran destrozado el cuerpo.

"¡Señora Hewitt, ¿está despierta?!". El asistente se percató de que se agitaba y se apresuró a acercarse, inquiriendo con voz preocupada: "¿Está bien?".

Kaitlin echó un vistazo a la estéril habitación del hospital, su voz era apenas un susurro al decir: "¿Dónde está Alan?".

La cara del ayudante se tensó y, tras un momento de vacilación, murmuró: "Él… tuvo que ocuparse de algo. Puede que venga más tarde".

Kaitlin se sintió abrumada por la decepción.

¿Había algo más urgente?

¿De verdad no le importaba en lo absoluto?

¿Podía serle tan indiferente a que ella sobreviviera en tal accidente?

Con voz áspera, murmuró: "Ya veo… Puedes irte... Gracias por venir".

El asistente se detuvo, como si quisiera añadir algo más, pero recordando las severas órdenes de su jefe, guardó silencio y salió de la habitación.

Al quedarse sola, Kaitlin yacía en la cama del hospital, con el corazón oprimido por una escalofriante tristeza que se extendía por todo su pecho, enfrentándose a la dura realidad de que su esposo no la amaba, a pesar de que intentaba convencerse de que tal vez estaba ocupado con algo urgente.

Sin embargo, en ese momento, la puerta de su habitación se abrió de nuevo, la chica pensó que era el asistente que volvía. Para su sorpresa, era Lilliana.

Kaitlin entornó los ojos y cerró los puños. "Señorita Willis, ¿qué haces aquí?".

La voz de Lilliana fue suave, teñida de una dulzura burlona. "Me enteré de tu secuestro y tus heridas, Kaitlin. Me preocupé tanto que tuve que venir a ver cómo estabas. Me recuerdas tanto a mi hermana… Siempre he sentido un vínculo especial contigo".

El mensaje era claro para Kaitlin: Lilliana le recordaba sutilmente su lugar como mera sustituta de su hermana.

"Si ella pudiera verte ahora, fingiendo ser dulce e inocente delante de su prometido, me pregunto qué pensaría tu querida hermana", respondió con sarcasmo. "Apenas somos conocidas, así que no hace falta tu visita".

Un destello de sorpresa y fastidio pasó por el rostro de Lilliana, pero rápidamente enmascarado por una expresión de pena. "Kaitlin, ¿te molesta mi cercanía con Alan?".

Puso una expresión inocente. "Solo somos amigos. Me está cuidando por mi hermana, así que no le des demasiada importancia".

Su fachada le dio náuseas a Kaitlin.

Al principio, la creía de verdad y no sentía ninguna animosidad hacia ella; no obstante, con el paso del tiempo esta chica usó sin cesar el nombre de Ashley, manipulando a Alan y sembrando la discordia con planes mezquinos entre la pareja. ¿Cómo no pudo ver la intención de la mujer?

"No me interesa saber cuál es tu relación con él", afirmó con un tono escalofriante. "Te agradecería que te marcharas ahora y que te guardaras tus actuaciones para tus admiradores, pues a mí no me sirven de nada".

Las lágrimas brotaron de los ojos de Lilliana, mostrando un profundo dolor agraviado.

Se levantó y dejó caer a propósito su celular, que aterrizó frente a Kaitlin.

Entonces la pantalla se iluminó, mostrando un chat, y apareció una imagen que mostraba a Lilliana siendo llevada por Alan mientras entraban en un hotel al amparo de la noche.

Parecían estar impecablemente hechos el uno para el otro, y los mensajes que siguieron a la imagen fueron igual de impactantes. "¿No es ese su novio, señorita Willis? ¡Es muy guapo!".

"¿Qué? ¿La señorita Willis tiene novio? ¡Me acaban de romper el corazón!".

Kaitlin sintió un escalofrío recorrerle los dedos.

¿Así que se fueron a un hotel después de visitar la tumba de Ashley la noche anterior?

Mientras ella luchaba por su vida, ¿qué hacía su esposo? ¿Se acostó con Lilliana?

¿La usaba como sustituta de Ashley mientras se enrollaba con la hermana de esta?

La idea le dio asco y, temblando sin control, levantó la cabeza para encontrarse con la mirada de Lilliana, sus ojos ardiendo de ira y dolor.

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