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Portada de la novela El Grimorio del Cristal Azul

El Grimorio del Cristal Azul

Fátima cuida la Biblioteca de las Cuatro Llaves en la ciudad de Murra Kish, un lugar tranquilo hasta que Alfonso aparece. El forastero busca un antiguo libro perdido, iniciando un romance marcado por secretos profundos. Él esconde su verdadera identidad mientras ella desconoce que tiene en su poder una gema mítica buscada por muchos. Rodeados de intrigas y peligrosas ambiciones, ambos sufrirán traiciones que desafiarán su amor y el futuro de sus vidas.
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Capítulo 3

La plaza central estaba congestionada, la gente disfrutaba del atardecer escuchando música tradicional y bebiendo té de menta que perfumaba los alrededores de las terrazas. Mientras el cielo se pintaba de colores cálidos, me encontraba observando su vestimenta: bermudas y camisa manga larga beige, zapatos de cuero marrón y una mandíbula cuadrada que lo hacía verse muy varonil. No se había dado cuenta de mi llegada, y eso me dio el tiempo necesario para calmar mis pulsaciones.

Giró como si hubiese sentido mi presencia, y varios centímetros más abajo me vio. Sus ojos se acristalaron y una gran sonrisa iluminó su rostro. 

-¡Fátima! Ya me estaba poniendo triste, pensé que no vendrías -expuso extasiado-. Mira esta maravilla -dijo señalando al cielo.

-Estuve a punto de no venir, pero luego algo me impulsó y quise darme la oportunidad de conocerte.

-Te lo agradezco mucho, no tengo amigos en la ciudad y tengo muchas ganas de conversar contigo. 

Parecía tan honesto que me sentí culpable por toda la basura que había metido en mi cabeza.

-Yo tampoco tengo amigos, mi vida transcurre de la casa a la biblioteca. Ahora que lo dices, también me hace falta hablar. No me había percatado de que la mayoría de mis diálogos son mentales y qué conflictos me armaba en la cabeza -añadí-. Estuve a punto de perderme todo esto, por hacerle caso a mis miedos.

-Valoro que seas honesta conmigo, prometo abrirte mi corazón. Puedes preguntar lo que gustes de aquí en adelante -extendió su mano estrechando la mía para sellar el acuerdo-. Vayamos de paseo y comamos algo delicioso. Quiero que elijas el lugar, ¿te parece?

-Está bien, ¿cuántos días tienes que llegaste?

-Hoy es el segundo día, ¿eso qué tiene que ver?

-Porque me pregunté dónde te hospedas, si vas a ir seguido a la biblioteca debes quedarte cerca.

-Mi padre me reservó un hotel, no me quejo, es un lugar hermoso. Se llama Royal, es tan grande que me pierdo, ya cuando me ven llegar me acompañan a mi Riad. 

-Tu padre debe tener mucho dinero porque es el mejor hotel del país: puro lujo.

-El lema en mi familia es discreción y sencillez, pero como es mi primer viaje solo, la seguridad fue clave a la hora de elegir. 

-A pesar de que eres extranjero, tu fisionomía es parecida a los lugareños, no creo que tengas problemas en mezclarte entre nosotros. 

-Mi color de piel y este cabello rebelde es herencia de mi madre, ella es africana y mi padre es europeo.

Me quedé mirándolo fijamente mientras me hablaba y sonreí al asociar el color de sus ojos con el de los dátiles maduros que tanto me gustaban.

-Doble raza, eso es especial. Yo, en cambio, soy árabe, creyente. Mi familia no acepta extranjeros para matrimonio.

-¿Tienes compromiso afectivo, estás comprometida? No quiero problemas -una sonrisa coronó su comentario, que pareció más un intento de aproximación hombre mujer.

-Los tiempos han cambiado. Ahora podemos elegir, ya no se dan los matrimonios arreglados, al menos entre el pueblo no sucede. Eso queda para los millonarios.

Alfonso se me adelantó y cruzó hacia una calle marcada con hexágono, no le dije nada y seguí alcanzando su paso.

La conversación fluida nos llevó a aproximarnos, para escuchar mejor y porque era una señal de estar a gusto.

-¿Por qué te ríes?, te noto pícara, ¿pasa algo? 

-Creo que te has perdido.

Alfonso miró a los lados en el callejón y no estuvo convencido. 

-Pensé que en esta calle quedaba una terraza para beber el té, puede que esté confundido.

-La calle no tiene salida, es calle cerrada.

-¿Lo sabías desde el inicio? -sus ojos me miraron hasta que me sentí incómoda.

-Quiero que aprendas por ti mismo, las calles de la ciudad son laberintos para los turistas. Por eso es mejor que te consiga un hospedaje entre los locales, aprenderás a orientarte con mayor facilidad, integrarte.

Nos sentamos a tomar el té en la terraza que sirvió de testigo de algunas confesiones.

-Voy a ser directa: ¿cómo alguien preparado como tú cree en la magia?

Di un sorbo al té de menta para quitar la presión de mi mirada.

-Te voy a responder con otra pregunta: ¿Cómo me enfrentaré a las preguntas de los estudiantes si desconozco el tema?

-¿Eres profesor?

-Me gradué de historiador con la idea de dar clases en la universidad de mi país. Mi padre sugirió que antes me preparara bien y que hiciera una Maestría en Londres. Las opciones no me llamaron la atención hasta que apareció aquella opción: Maestría en Magia y Ciencias Ocultas. Ese día encontré mi pasión, investigo el tema día y noche, esa es la verdadera razón para venir acá. 

-La magia no existe.

-Pienso igual, pero como historiador tengo que saber todo al respecto. ¿Cómo te explicas que desde siempre la magia haya formado parte de los relatos humanos? Nuestro encuentro fue mágico.

Me sonrojé con la manera en que cerró su comentario.

-La experiencia fue mágica, pero no fue consecuencia de un ritual o conjuro, apenas fue el destino.

-Nos estamos entendiendo Fátima, a eso me refiero. 

-Entonces, de qué te va a servir encontrar un libro que hable de magia, si la ves a diario, en cada amanecer, en el canto de los pájaros, esa magia de la que hablamos forma parte de la vida diaria.

-Porque ese libro existe y la magia que contiene es la que han querido imitar sin conseguirlo. Allí no te indica cómo hacer magia, el libro mismo es mágico.

-Estoy segura de que no existe, creo que es mejor que dejes de perder el tiempo y vuelvas a casa.

-No te enojes conmigo, por favor.

-Es que he perdido horas revisando en la biblioteca y no está aquí, lo juro, no quiero que te ilusiones y pierdas el tiempo, sigue una nueva pista.

-Dejemos el tema, porque creo que genera conflicto entre tus creencias y las mías.

Me estaba desanimando, esa era la verdad y antes de hacerme ilusiones con un extranjero preferí cortar comunicación, total él se iría de un momento a otro.

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