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Portada de la novela El Destino De Jennie

El Destino De Jennie

Jennie Wilson, una joven de origen humilde, llega a la exclusiva Universidad de Arcadia con grandes sueños, pero se topa con un mundo de opulencia y hostilidad. En este entorno conoce a Vincent Ainsworth, un heredero impulsivo sumido en la depresión tras su ruptura con Eva Smith. A pesar de las amenazas de humillación y el acoso constante, Jennie asume el reto de rescatar a Vincent de su oscuridad. ¿Podrá sanar su corazón sin ser destruirse en el intento?
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Capítulo 2

Punto de vista de Jennie Wilson:

Me detuve frente al espejo y con mucho cuidado comencé a desnudarme y a analizar mi reflejo en detalle. Estaba completamente cubierta de moretones y tenía marcas en la mandíbula y el cuello, justo por donde me había agarrado.

De forma inconsciente mis manos fueron hasta allí y todo lo que sucedió la noche anterior se repitió en mi mente una vez más. Un sollozo se escapó de mi garganta cuando recorrí las marcas con mis dedos.

¿Quién era él? ¿Por qué me había llamado Eva? ¿Y por qué me acusaba de engañarlo? ¿Qué demonios quería?

Toda esta situación era un misterio. Nunca antes me había sucedido algo así. Yo era una persona prácticamente invisible para el resto del mundo, llevaba una vida aburrida, no era ni remotamente popular en la escuela y todos me catalogaban de rarita.

Bueno, tampoco podía permitirme el lujo de divertirme como los demás debido a toda mi situación familiar. Mi principal objetivo en la vida era estudiar mucho para poder obtener un trabajo decente y así poder vivir feliz con mis padres.

Fruncí los labios al detallar bien las marcas. ¡Así no podría salir!

¡Mi madre definitivamente me interrogaría para saber qué me sucedió! Y Lisa me hará la vida imposible con sus preguntas.

Decidí ponerme una sudadera con capucha que ocultara bien todas las marcas.

'No te preocupes… No te lastimaré, cariño… ¡Eres mía! ¡Y te tendré muy pronto!'.

Esa voz no paraba de sonar una y otra vez en mi cabeza.

¿Regresaría él acaso?

Incluso aquí, en el Café, sentía miedo y su recuerdo me acechaba el tiempo. No me pareció tan mayor, quizás solo unos años más que yo, como un universitario.

¿Y por qué me acusaba de todas esas cosas, cosas que yo no había hecho en lo absoluto? Y ese rostro, como si hubiese llorado o viviera bajo un constante tormento.

Mis dedos se aferraron a la mesa de madera y mis uñas se clavaron en la rígida superficie, toda esta situación en la que me encontraba me estaba afectando mucho más de lo que yo creía.

"Disculpe, quisiera un capuchino, por favor", pidió alguien, y sacudí la cabeza para aclarar mis pensamientos.

"Lo siento, en un minuto estará listo señor". Me disculpé una vez más y entré a prepararle el café. ¿Qué me pasa? Ahora ni siquiera podía concentrarme en el trabajo.

Muy pronto se hizo de noche y examiné con cautela el lugar para ver quiénes estaban. Sentía que el corazón quería salírseme del pecho y ni siquiera sabía por qué. ¿A quién esperaba ver?

Comencé a limpiar las mesas, incapaz de calmar mi respiración agitada y toda esa recién descubierta mezcla de desdicha, confusión y agotamiento pareció cubrirme como un velo.

Me dirigía al mostrador cuando alguien me agarró la parte superior del brazo con fuerza y dejé escapar un grito de miedo.

"¡Oye, Jennie! Solo soy yo, Lisa. ¿Qué te sucede? ¿Por qué te asustaste así?", me dijo ella entre risas.

"¡No vuelvas a hacer eso!", le reproché algo aliviada y me solté de su agarre.

Lisa se rio de mí otra vez. Me rodeó el cuello con su brazo y me apretó. "Escuché que lo más probable es que nos digan los resultados del examen de ingreso en dos o tres días. Estoy tan nerviosa. ¡No sé qué nos pasará!".

¿Los resultados del examen de ingreso a la Universidad de Hunsberg estarían en los próximos días?

Hunsberg era la universidad de mis sueños, había estudiado muy fuerte desde el décimo grado para lograr entrar.

Quería desesperadamente estudiar allí a cualquier precio, porque el futuro de mi familia dependía de ello. Quería poder darles a mis padres todo tipo de comodidades. Dado que la Universidad de Hunsberg era una de las mejores del mundo, graduarse en ella era muy importante para mi futuro.

Lisa y yo terminamos el trabajo y nos despedimos, porque íbamos en distintas direcciones.

¡Oh, demonios! Había olvidado comprar ese veneno para ratas que mamá quería.

Como de costumbre, teníamos un problema con las ratas en casa. El nuestro era un apartamento barato porque era todo lo que nos podíamos permitir.

Por lo tanto, me di la vuelta para ir a comprarlo. La tienda estaba un poco lejos, debería haber ido antes, pero había estado demasiado distraída para recordarlo.

La calle estaba prácticamente desierta, tal vez porque era algo tarde. Hice las compras bien rápido y salí con paso apresurado, mi única intención era llegar a casa lo antes posible sana y salva.

Apenas había dado unos pasos cuando sentí a alguien acercarse y mi corazón comenzó a latir a toda velocidad. Nunca antes había tenido miedo de caminar sola en la noche, pero ahora, después de lo que había sucedido, estaba muy asustada.

Miré atemorizada hacia atrás, pero no había nadie. Sacudí la cabeza para olvidar mis miedos cuando de repente choqué con alguien y fue como si golpeara una dura pared de roca. Levanté la mirada y sentí mis mejillas arder, con toda la piel de gallina me obligué a tragar saliva.

El desconocido con el que había chocado usaba una máscara y una gorra negra, de hecho, todo lo que llevaba puesto era negro. Sudadera, pantalón, zapatos, guantes, todo era de color negro y con aspecto de ser caro.

Un segundo después, mis ojos se sintieron atraídos hacia el rostro de esa persona y mi corazón dio un vuelco al encontrarme con su intensa mirada. Un dolor sordo y punzante pareció extenderse por mi pecho. No podía ver sus detalles con claridad debido a la máscara y la gorra casi le ocultaba el resto del rostro, pero estaba completamente segura de que me miraba fijamente.

"Lo… siento mucho… Yo… Yo… no me percaté por dónde venía, discúlpeme", le dije vacilante y cerré los ojos ante la fuerza de su mirada. No podía estar tan enojado conmigo solo porque tropecé con él. ¿O sí? Pero él solo continuó con esa mirada fija en mí, como si yo fuese alguna especie de extraterrestre.

Como no reaccionaba ni tampoco se movía decidí alejarme, parecía ser un sujeto algo raro, por no mencionar que además era un total desconocido.

Me moví a un lado torpemente, pero él me bloqueó el camino. Su repentino movimiento me tomó por sorpresa y quedé paralizada, todo lo que pude hacer fue devolverle la mirada.

"¡Podría quitarse, por favor! ¡Está usted en medio de mi camino!", le dije tratando de parecer calmada, pero mi voz me traicionó y salió toda chillona y temblorosa.

Estudió mi rostro por unos segundos que me parecieron eternos y en los que casi no pude respirar. Había un silencio tal que podía sentir el rápido latir de nuestros corazones.

Él tenía ahora los ojos fijos en algún punto a lo lejos, con una mirada perdida que le hacía parecer ausente, como si estuviese en algún otro lugar.

"Per… Permiso… está… usted... en medio… de mi… camino, señor… Necesito… pa… pasar", tartamudeé y volví a cerrar los ojos casi con ganas de llorar.

Esta vez él inclinó la cabeza a un lado, como un psicópata, lo que hizo que hasta mis huesos temblaran de miedo. Parecía como si tratara de comprender el significado de mis palabras.

Me miró fijamente una vez más, como si quisiera acceder a mis más profundos secretos. De repente agarró mi mano y me estremecí completamente.

Todo en mí pareció detenerse. Mi pecho pareció inflarse al sentir el calor y la aspereza de su mano sobre la mía.

Me colocó algo sobre la palma de mi mano y me soltó por completo. Bajé la mirada y era mi brazalete.

¿Acaso se me había caído sin darme cuenta?

Me quedé sorprendida al ver el objeto y comprendí lo equivocada que había estado al pensar que él era algún pervertido. Quizás solo me siguió para devolvérmelo. Estúpida que había sido al pensar otra cosa.

"Graci…". Pero mis palabras quedaron en el aire porque el desconocido echó a andar abruptamente en dirección opuesta. Ni siquiera me miró, solo se alejó rápidamente.

Vaya, eso sí que había sido raro.

Al día siguiente…

No podía dejar de pensar en mi encuentro de anoche mientras miraba el brazalete. Era un hombre extraño, pero nunca antes lo había visto en la calle, ¿sería nuevo por aquí?

Estaba inmersa en mis pensamientos cuando, de repente, escuché a Lisa gritar.

Me asomé y vi que corría… en dirección a mi cuarto.

"Jennie… Jennnnieeeeee".

"¿Qué sucede, Lisa? ¿Estás bien? ¿Por qué estás tan asustada?", le pregunté, la preocupación bien clara en mi tono de voz.

"Los…". Estaba jadeante, se le entrecortaba la voz y apenas podía respirar. Trató de hablar nuevamente, pero empezó a toser.

"¿Qué fue lo que pasó? Vamos cálmate, bebe un poco de agua…". Le di un vaso de agua, ella estaba a punto de entrar en pánico. Solo de verla ya me sentía nerviosa.

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