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Portada de la novela El Destino De Jennie

El Destino De Jennie

Jennie Wilson, una joven de origen humilde, llega a la exclusiva Universidad de Arcadia con grandes sueños, pero se topa con un mundo de opulencia y hostilidad. En este entorno conoce a Vincent Ainsworth, un heredero impulsivo sumido en la depresión tras su ruptura con Eva Smith. A pesar de las amenazas de humillación y el acoso constante, Jennie asume el reto de rescatar a Vincent de su oscuridad. ¿Podrá sanar su corazón sin ser destruirse en el intento?
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Capítulo 3

Punto de vista de Jennie:

"Qué ocurrió, cuéntame despacio", le urgí.

Ella tragó agua de un sorbo.

"Ya... están los resultados... ¡Universidad de Hunsberg!", gritó emocionada.

"¡No lo puedo creer! ¿Cuándo? ¿Dónde?", le pregunté ansiosa.

"Y está en el sitio web, tenemos que comprobarlo ahora mismo", dijo visiblemente emocionada.

Estábamos muy ansiosas. Tomamos nuestros celulares de los bolsillos, desbloqueamos las pantallas y buscamos.

"Bien, aquí está el sitio web... Revisa tú primero", dijo Lisa.

"No, ingresa primero tu código de identificación".

"No, tú primero".

"Tú primero".

"Está bien... Lo haremos juntas en ambos celulares, ¿sí?", concluyó Lisa.

"¡Está bien, trato hecho!", respondí entusiasmada.

"A la cuenta de tres.

1… 2… 3… 4…".

"Vamos, Lisa", le animé con una palmada en el hombro.

"¡Qué nervios! Estoy tan asustada… ¡Está bien, a la cuenta de tres!", gritó.

"1…

2…

3. ¡Vamos, dale ya!".

Ambas nos fundimos en un chillido y pulsamos el botón de entrar.

Me emocioné mucho al ver mis resultados. Estaban mis notas y debajo decía: "Felicidades, fuiste seleccionada".

"¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Fui seleccionada! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!".

Salté de la emoción.

"¡Lisa, fui seleccionada! ¡No me lo puedo creer!... ¿Qué ocurre?". Mi felicidad se desvaneció en el instante que miré a Lisa.

Estaba pálida y la tristeza había invadido su rostro. Sus ojos se llenaron de lágrimas. ¡Ay, no! ¿Qué sucedió? No es posible, no puede ser. Ella es una estudiante excelente y había trabajado muy duro para esto. Mi corazón latía muy a prisa.

"¿Lisa…? ¿Qué ocurre, cuál es tu resultado?", pregunté en pánico. Ella se mantuvo en silencio y tenía la cabeza gacha.

"Lisa, dime algo, no me asustes así... Enséñame los resultados", la animé sacudiéndola para que entrara en sí. Guardó su celular y se alejó.

"No, por favor, déjame sola", respondió entre sollozos.

"Lisa, dame tu maldito celular", grité. Ella accedió.

Leí lo que había en su pantalla.

"Felicidades, fuiste seleccionada".

Me quedé asombrada. Esta... chica... Lisa reía como si estuviera ida.

"¡Caíste! ¡Qué tonta eres! ¡Caíste en mi trampa! Ahí te va", me decía sin parar de reír y comenzó a bailar.

"¡Vete al diablo, maldita! Tú… reina del drama, voy a acabar contigo", gruñí enojada.

"Mi actuación no es una broma, que alguien me dé el premio Oscar a la Mejor Actriz del mundo". Dicho esto, agitó su cabello y batió las pestañas como hacen las artistas.

"Pequeña idiota, ven aquí", grité mientras le lanzaba una almohada.

"No... No me alcanzarás". Huyó de mí cuando comencé a perseguirla y corrió hacia el pasillo. La atrapé fácilmente porque mi casa era pequeña. Ya estando encima de ella, le zarandeé la cabeza varias veces de manera juguetona.

"¿Sabes lo asustada que estaba? ¡Vete al diablo!", le dije en un gruñido.

Ella rio y gimió a la vez. "Suéltame... ¿Estás planeando aplastarme hasta la muerte? Soy la niña de los ojos de mi madre".

"Deberías haberlo pensado antes, reina del drama". Empecé a aplastarla y saltar sobre ella. De repente me abrazó y me acarició la espalda.

"Estoy tan feliz de que te hayan seleccionado", dijo mientras continuaba con sus caricias.

La solté y nuestros ojos se encontraron. Sonreímos y saltamos como niñas.

"¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!", era nuestro grito de celebración.

"¡Allá vamos, Universidad de Hunsberg!", exclamamos al unísono.

Luego de bailar y celebrar durante una hora, nos compusimos y les informamos a nuestros padres, quienes nos felicitaron y compartieron nuestra alegría. Después de todo el drama, fuimos al parque en busca de paz mental.

"Nuestro problema está resuelto... nuestros sueños se harán realidad", dije con una sonrisa optimista.

"Estoy ansiosa por ir a esa universidad. Escuché que hay muchos chicos guapos", dijo Lisa en un sube y baja de cejas.

La miré como si le dijese: '¿Estás loca?'

"¿Acaso esperas que sea una polilla come-libros nada más? Es la Universidad de Hunsberg... la gente disfruta también mientras estudia allí".

"Sí, tú y tus teorías", le respondí con sarcasmo virándole los ojos en blanco. Hablamos y reímos durante horas.

Pasó una semana.

Se escuchaba el melodioso canto de los pájaros y pude sentir el calor de la luz del sol.

Miré la hora…, '¡Oh, rayos! son las ocho.

Hoy tengo que matricular en la Universidad de Hunsberg. Son tres horas para llegar desde aquí', pensé. Llamé a Lisa.

"Hola, ¿estás ahí? Tenemos que irnos ahora, ¿dónde estás? ¿Qué estás haciendo?", le pregunté casi sin respirar.

"¿Qué?... Déjame dormir. No voy a ninguna fiesta", dijo entre bostezos. Esta niña… si yo soy descuidada, ella es diez veces más...

"Idiota, tenemos que ir a la Universidad de Hunsberg para la matrícula, tonta".

"¡Oh, rayos! ¡Por Dios! Lo había olvidado... Alístate rápido, Jennie. Te recogeré en quince minutos", dijo en un santiamén y cortó la llamada.

Me levanté apresuradamente de la cama, me di una ducha rápida y me vestí con una camiseta y unos pantalones de mezclilla negros largos. Luego me miré al espejo.

Pude percibir que mis marcas de agarre se habían desvanecido. Sin embargo, todavía se podía notar el chupetón en mi cuello.

Ha pasado una semana desde el incidente. ¡Creo que él ni se acuerda ya de mí! ¿Dónde estará ahora? ¿Por qué piensas en eso Jen? Olvídalo, es por tu propio bien.

Escuché el claxon de un auto afuera. Me recogí el pelo haciéndome una coleta y agarré mi bolso que contenía archivos importantes para la admisión y dinero para pagar la matrícula.

Me apresure por el pasillo y le di un abrazo a mis padres.

"Estoy apurada. Regresaré después de la admisión, los quiero, adiós", dije tomando la tostada que estaba en la mesa.

"Hasta luego, cariño, cuídate... ya nos contarás cómo te fue", dijo papá, con una sonrisa.

"Entra, perdedora, nos vamos a la Universidad de Hunsberg", dijo Lisa con sarcasmo.

"¿Cuándo vas a dejar de ver tantas películas?", bromeé, moviendo la cabeza de un lado a otro.

"Jamás", respondió Lisa, sacándome la lengua como una niña pequeña.

El chófer de Lisa condujo a la Universidad de Hunsberg.

Tres horas más tarde

"¡Ya llegamos!", gritó Lisa, emocionada, mientras pasábamos por la puerta de piedra y entrabamos al campus.

El campus era exactamente igual a como habíamos visto en los folletos y en internet. Impresionaba bastante. Era una de esas universidades elegantes, donde van los niños ricos. El campus era inmenso.

Estaba anonadada viendo todo aquello. Caminamos hacia el departamento de admisión y llenamos nuestra matrícula. Como se nos fue otorgada una beca solo tuvimos que pagar la mitad. Terminamos todos los trámites y por fin lo habíamos logrado. ¡Estábamos oficialmente admitidas en la Universidad de Hunsberg!

La secretaria nos entregó la tarjeta de admisión y nos informó con una agradable sonrisa que las clases comenzarían en una semana.

Le agradecimos y salimos del edificio. Nos quedamos admirando el campus. Los estudiantes iban y venían. La mayoría de ellos eran adinerados, se podía notar por la manera en que vestían.

Me quedé mirando el edificio desde afuera. Estaba realmente impresionada.

De pronto, una voz se alzó a nuestras espaldas.

"¿Lisa? No me lo puedo creer".

Yo estaba distraída admirando los alrededores por lo que no miré atrás.

"¡Lisa, eres tú! ¡¿Vas a estudiar aquí?!".

"¡Rosé!".

"¡Ay, que sorpresa, Jennie, tú también estás aquí! ¡Ahora esto es lo que yo llamo destino!".

"¿Destino?", dijimos Lisa y yo al mismo tiempo.

"Eh... bueno yo... quiero decir... que las tres vamos a asistir a la misma universidad. ¡Hurra!", aclaró la chica, con una sonrisita nerviosa.

"¿Tú también fuiste seleccionada para la beca?", pregunté, emocionada.

"¿Qué? No... yo no soy un cerebrito como ustedes. Me uní a través de la cuota de gestión porque mi padre tiene un contacto aquí", aclaró ella, con timidez.

Rosé era asquerosamente rica. Su padre era el dueño de varios negocios. Sin embargo, ella siempre tenía los pies sobre la tierra, nunca alardeaba sobre eso. Ella iba a nuestra clase en la secundaria. Siempre fue muy amable y alegre. Aunque no salíamos mucho, era una buena amiga nuestra.

"¡Gracias a Dios! Por lo menos tengo a mis amigas aquí... no estaré sola", chilló la chica, apretujando a Lisa.

"Entonces, ¿dónde se quedarán?", preguntó Rosé, parpadeando dos veces con rapidez. Ella es tan tierna.

"Cada una en su casa, por su puesto", respondió Lisa, poniendo los ojos en blanco.

"Ay, no. Va a ser muy agotador tener que ir y virar todos los días, son tres horas de viaje".

"Es cierto, pero no podemos permitirnos pagar la residencia", expliqué, soltando un suspiro.

"Bueno, hay otra opción. Pueden quedarse conmigo. Mi padre me compró una casa para poder estar cerca de aquí. Ustedes pueden vivir allí también si quieren", dijo la chica, con una amplia sonrisa.

"¿Estás segura? ¡Sin pagar nada!", soltó Lisa, con los ojos como platos. Yo la golpeé con el codo.

"¿Qué? Era una broma", aclaró mi amiga, pasándose la mano por el hombro.

"Sí, claro. Yo soy la dueña de la casa ahora, no hay alquiler. No me vendría mal tener unas compañeras de piso. No quiero quedarme en el departamento de mi primo hermano. Él está loco", dijo Rosé entre risas.

¡Loco! Esa palabra me recordó a alguien...

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