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Portada de la novela El CEO que me enamoró

El CEO que me enamoró

Gina Adelson, una estudiante ejemplar marcada por un pasado de carencias y maltratos, vive volcada en sus metas profesionales, rechazando cualquier romance. Su disciplina se tambalea al conocer a Robert Scott, un CEO tan perfeccionista como asediado por la prensa debido a su vida disipada. Acostumbrado a la sumisión ajena, Robert se obsesiona con Gina. Ahora, el magnate deberá esforzarse para ganar el afecto de una mujer que no se deja deslumbrar por su fortuna.
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Capítulo 2

Tan pronto como había terminado su viaje y llegado a casa, su teléfono no paró de sonar. Toda la semana le habían llegado notificaciones con las imágenes que le habían tomado junto a esa chica. Y los más descarados le habían llevado la revista hasta su oficina. Haciendo comentarios desagradables e insolentes.

E incluso se habían aparecido con un bolígrafo para que él les firmara la portada de aquella infame publicación, como dándoles su autógrafo. Se había molestado tanto, que a uno de sus amigos le lanzó la revista a la cara y casi lo hace sacar con el personal de seguridad de la empresa. Incluso lo amenazó con no volver a dirigirle la palabra si continuaba haciéndole aquel tipo de bromas.

Había hecho recoger al personal de limpieza todo lo que consiguieran en el edificio respecto a ese tema y que lo desecharan inmediatamente. Qué vergüenza, su trasero había quedado expuesto al mundo entero y también su gusto excesivo por aquel tipo de actividades tan placenteras.

Lo habían tildado de mujeriego, de depravado, de adicto al sexo, de calenturiento, habían dicho incluso que tenía las hormonas tan alborotadas como las de un adolescente. Habían dicho también que él sería un genio en los negocios, pero que no era capaz de tener su polla guardada el tiempo suficiente dentro de sus pantalones.

Que era un hombre que no tenía dominio propio, ni el control suficiente sobre su cuerpo, o sus gustos más privados. Que no era capaz de resistirse ante la presencia de ninguna mujer, y que se tiraba todo lo que se le pasara por el frente, incluso a una escoba con patas.

Inclusive, en algunos medios de comunicación estaban diciendo que, si llegaba hacer un mal negocio y quedaba en bancarrota, siempre podría solicitar empleo como actor porno en las películas de cine para adultos.

Y, que si la forma tan irresponsable en como tomaba decisiones en su vida privada era tan descontrolada, también sería igual de incapaz de continuar al frente de semejante empresa tan poderosa. Que él sería su ruina de su propia compañía.

Pero ¿cómo sería él la ruina de su propia empresa si siempre había trabajado tan duro para construir lo que tenía ahora? Él la había empezado desde cero, y ahora le salían con esto. Por favor, pensaba, que esto no lo leyera la junta directiva o lo removerían de la presidencia.

Para ser sinceros, él no se había llevado la peor parte, la peor parte se la había llevado esa chica, quien se veía prácticamente desnuda en esas fotos, afortunadamente el fotógrafo estaba retirado y las imágenes no tenían buena resolución o ella habría quedado más expuesta de lo que ya estaba, tal cual como el sol de mediodía. ¡Qué desastre!

Cynthia lo había llamado y le había explicado, con lujo de detalles y expresiones bastante airadas e irrepetibles, que ese error le costaría caro, que debía indemnizarla por haberla arruinado.

Pues había echado a perder su carrera. Que sería mejor que moviera sus hilos para arreglar todo este asunto. Porque si no, ella lo demandaría y argumentaría que todo había sido su culpa, y que ella había sido utilizada por él y manipulada.

— Resuelve este maldito asunto de una buena vez, — le había dicho. —Tú conoces mucha gente, tienes contactos. Por favor para ya este escándalo. Llama a tus abogados y demanda a esa revista de quinta.

— Eso estoy haciendo, ya mis abogados están intentando parar todo este asunto y mi relacionista público está trabajando con los medios para contener este desastre. — Le dijo.

— Lamento que esta situación haya pasado, no fuimos lo suficientemente cuidadosos y estamos pagando las consecuencias de ello. — Le recordó.

— Tuve una junta esta mañana, mis socios están dudando de mi buen juicio y mi capacidad para dirigir la empresa. Después de la reunión me los encontré en el pasillo, conversaban sobre reemplazarme.

Cynthia lo escuchó y se le hizo un nudo en la garganta. Entre sollozos le contó que su agente la había llamado para regañarla y advertirle que esta situación sería perjudicial para ella. Y que lo más recomendable era que no se vieran más para intentar mitigar los daños.

— ¿Escuchas lo que te digo Robert? — le había preguntado.

La chica había sido afectada, se sentía violentada y vulnerada. Era verdad. Pero en ese momento no se estaba portando como una persona llena de bondad o de virtudes.

Su representante y agente le había dicho: — Cynthia, cariño, esta es tu oportunidad, a ti nadie te conoce, tienes que hacerte a un nombre. Usa toda esta sobre exposición en los medios a tu favor. Date a conocer, tienes que parecer una víctima. — Cómo si en realidad ella no lo fuera.

— Voy a organizarte entrevistas en los programas más vistos de la televisión y cuando vayas debes representar muy bien tu papel y llora si es necesario. Debes convencerlos de que Robert te utilizó y te manipuló. Decirles que todo es su culpa. — Le había aconsejado.

— Di cuan enamorada estabas del hombre y que por eso no fuiste capaz de pensar en los actos que estabas cometiendo, porque tú confiabas en que él te protegería y nunca terminarías exhibida o arruinada —. Le dijo.  

— Además, debes decir después, que cuando todo salió en los medios masivos de información, él te abandonó. Que tú pensabas que él te amaba y bla, bla, bla…

Ese era el consejo de la persona que la manejaba y le conseguía contratos, y quien velaba por su carrera de modelaje, así que aun cuando no fuera muy honesto de su parte, ella haría tal cual como su “amigo” le había orientado, y si en el proceso obtenía algún beneficio económico, cuanto mejor. 

Entonces, ella obedeció al pie de la letra y de esa manera procedió a decirle a Robert. — Me estoy viendo arruinada por esto, te demandaré civilmente por la suma total de todos los contratos que he perdido, porque todo esto es tú culpa. — Le gritó. 

— Si no te gustara tanto atraer la atención sobre ti mismo, nada de esto habría pasado, pero te fascina llamar la atención como lo hace una estrella de rock — Y paso seguido le colgó la llamada para no darle oportunidad a que él le refutara, se negara o le dijera algo más.

Pobre Rob, para colmo de males, ya ni en sus citas podía confiar. Todo el mundo iba detrás de su dinero, querían fama y sacar la mejor tajada de él. Y ahora la junta directiva quería destituirlo. Si no fuera un hombre adulto, se sentaría a llorar en cualquier rincón.

Existe ese seudo periodismo amarillista. Este resulta ser tan perjudicial. Y Robert lamentablemente había resultado afectado de nuevo, no era la primera vez que esto le sucedía, ya debería estar acostumbrado. Pero ver su trasero en una portada era el colmo, esto era un exceso. Y ahora, Cynthia también se volvía parte del problema.

Los excesos de Robert se habían vuelto notorios. Ahora todos conocían hasta sus más íntimos secretos e intereses, pues se habían hecho del dominio público, y cuando eso sucede, las personas suelen pensar que solo por haber escuchado hablar de alguien, o haber visto sus fotos ya los conocen, y sobre todo si esas personas son famosas, ya sabes, ese tipo de personas que han visto por algún motivo a través de los medios.

Que son reconocidos por sus logros o por sus carreras artísticas, el público suele pensar que por este motivo pueden meterse en la vida particular de estos extraños y opinar al respecto de su existencia. Como lo disgustaba.

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