
El CEO que me enamoró
Capítulo 3
Pero quién era ese famoso CEO del que todos estaban hablando últimamente, y que estaba saliendo en ese momento en todos los medios de comunicación por un muy gordo y sonado escándalo. Y ¿de qué manera se le había enredado la vida?
Pues bien, Robert Scott, era blanco, de cabello castaño, con un par de hebras más claras, tenía sus ojos en forma ovalada y de un hermoso y profundo color azul, perfilados por negras pestañas, largas y espesas, cejas pobladas en forma de arco, nariz delgada y recta, y labios generosamente llenos y besables, pero sin resultar femeninos.
Tenía un bello rostro, una cara viril, y muy varonil, mandíbula cuadrada, y pómulos salientes, con una mirada suave y cálida, que hacía derretir a cualquier mujer que se sumergiera en ella.
Era, además, alto y bien formado, con una complexión atlética, ancho de hombros. Se mantenía en forma porque le encantaba el deporte, además, de hacer ejercicio en el gimnasio, abdominales, practicar boxeo, correr, y todo aquello que lo exprimiera hasta quedar agotado y así asegurarse el cuerpo del que hacía gala. En otras palabras, era tan apuesto como solo los ricos saben serlo.
Un hombre seguro de sí mismo, de eso no cabía la menor duda, nunca se rendía, perfeccionista, obsesivo, inteligente, creativo, carismático, encantador, ambicioso, egocéntrico, famoso y multimillonario. Además, de ser el dueño de una compañía tecnológica exitosa, muy bien posicionada en el mercado.
Tenía reputación de mujeriego. Había salido con una muy larga lista de chicas hermosas, no todas famosas, punto a su favor. Y una igual de larga lista de escándalos que lo acompañaba, generalmente, junto a sus citas. Como les gusta a los tabloides amarillistas para tener éxito en ventas.
Perseguido por los paparazzi. No sabía cómo, pero a donde fuera allí lo acosaba algún fotógrafo de prensa especializado en tomar fotos indiscretas de personas famosas.
Y la pregunta que tanto él, como la mayoría de las personas se hacía, era ¿Cómo se las arreglaba este hombre para terminar en la mayoría de las portadas de revistas chismosas? Quién lo sabía. Pero, definitivamente, era como un imán para ese tipo de enredos.
Gina, lo leía todo en una revista experta en chismes que su compañera de habitación le había facilitado, en la residencia universitaria donde se quedaba.
Ese, definitivamente, no era para nada su pasatiempo favorito, pero es que esa misma semana se presentaría ese hombre, Robert Scott, en su universidad para reclutar a los estudiantes más brillantes y sobresalientes de las carreras tecnológicas, informáticas, y afines, para unas pasantías que otorgaría su compañía. El hombre estaba a la caza de talentos.
El señor Scott estaba emprendiendo un proyecto en ese momento, que estaba orientado a la robótica de alta gama. Y como ese precisamente era su interés, ella quería ir a escuchar lo que él tenía para decir, y con mucha suerte, la cual consideraba que no tenía. Aplicar, y hacer todo lo que estuviera a su alcance por obtener una de las plazas vacantes.
Gina haría lo que fuera necesario para sacar su cabeza del hoyo donde siempre había vivido. Desde luego, ella siempre había sido una buena chica, y además, muy aplicada. Así que, sus propósitos los conquistaría con estudio y trabajo duro. Como debe de ser.
Su compañera de residencia le había aconsejado que, su deber, si quería sobresalir y llamar su atención por encima de la competencia, era informarse bien a cerca de la persona que se presentaría para otorgar las pasantías.
Así, que ella, como la chica linda que era, y además, muy obediente, ahí estaba empapándose de la vida del hombre al que admiraba profesionalmente. Y habiendo tomado la revista que la otra chica le dejó sobre la cama antes de salir.
La estudiante comenzó a leer, con la idea de que leería en la publicación todos los logros obtenidos por ese sobresaliente empresario. Ella no tenía idea de lo que se encontraría cuando la comenzara a hojear.
Esa era la principal razón, y no otra. No era de su interés particular el hecho de que Robert Scott fuera guapísimo, o de que tuviera todos los millones del mundo, o que en ese preciso momento lo podía apreciar en la portada de la revista que tenía en sus manos, bastante ligero de ropa.
Gina, era realista y entendía perfectamente que semejante espécimen estaba completamente fuera de su liga. Así que ella no solía hacerse a ideas fantasiosas o construir castillos en el aire. Era una chica honesta con los pies sobre la tierra.
Lo que si la sorprendía por completo era lo que sus ojos observaban en ese momento, y lo que estaba leyendo. Era un gran escándalo. Se llevó la mano a la boca para cubrírsela, por la sorpresa. Además, de la impresión que le causó lo que estaba viendo.
Cómo era posible que su héroe, el hombre al que admiraba profundamente, y su modelo a seguir, fuera un hombre descarado, sin principios morales y sin escrúpulos. Pero qué desfachatez. Después, de todo esto que estaba leyendo, debía razonar muy bien la decisión que tomaría.
Ya no se sentía segura de continuar y presentarse para la competencia por las pasantías, a las que había considerado en un principio, y que le abrirían las puertas a un mundo lleno de posibilidades, de un futuro estable y próspero y de mucho dinero.
Y si al contrario de lo que había pensado, aplicaba para ellas, y con su mala suerte salía seleccionada, y esto le causaba una mancha en su expediente, el relacionarse con una persona poderosa, sí, pero con tan mala reputación tendría sus consecuencias. Habría que pensárselo mejor.
Gina continuaba observando en la revista, las fotos que habían publicado de Robert Scott, el multimillonario más deseado y apetecido en ese momento. El hombre era uno de los más ricos y poderosos del país en las últimas décadas, y había muchas mujeres que ambicionaban ser la amante de turno de ese codiciado hombre.
Pero como de costumbre, las cosas no siempre son lo que parecen ser, y este hombre que resultaba ser muy exitoso en los negocios, últimamente no lo era en su vida personal, que se encontraba llena de escándalos y de historias sórdidas, desvergonzadas y oscuras que los tabloides se habían encargado de publicar.
Las pruebas se hallaban tanto en las revistas de moda, de chismes y cotilleos de la farándula, cómo en los sitios web dedicados a este tipo de publicaciones, sin mencionar las redes sociales.
En las cuales los rumores se esparcían como pólvora. Las aventuras que Robert había tenido con diferentes mujeres, y que muchas de ellas habían pretendido chantajearlo con la esperanza de tener un poco de dinero fácil del multimillonario, y también que hacían gala de sus aventuras.
Más allá de su atractiva apariencia y de esos penetrantes ojos azules, se encontraba un hombre narcisista y ególatra, que se sentía muy afortunado con la vida que lleva, y que hasta ahora no había sido capaz de sentir amor por ninguna de las mujeres con las que se había visto involucrado. Difícilmente, ese hombre podría volverse fiel a una sola mujer y formar una familia.
Ese era el planteamiento que se hacían los tabloides amarillistas en la escandalosa publicación que se encontraba ojeando Gina justo en ese momento. Lo que sí dejaba claro es que había chicas que contaban legendarias historias de las afortunadas noches que habían compartido con él.
Y él, desde luego, siempre hacía gala de su colosal cuenta bancaria, de su multimillonaria compañía, y de las propiedades que negociaba constantemente en los diferentes continentes.
También te puede gustar





