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Portada de la novela De exesposa humilde a magnate brillante

De exesposa humilde a magnate brillante

Christina dedicó tres años de su vida a un matrimonio que terminó en humillación pública cuando su esposo la dejó por otra mujer. Sin embargo, este desprecio impulsó su transformación: retomó sus habilidades olvidadas hasta convertirse en una empresaria de éxito arrollador. Al ver su triunfo, su exmarido intenta volver suplicando perdón, pero ella lo rechaza con firmeza. Bajo la protección de un influyente magnate, Christina abraza su nueva vida con poder y dignidad.
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Capítulo 2

En el Bar Vertbrook, Christina se quitó las gafas de montura negra y las sostuvo entre las manos. Sin ellas, sus ojos brillaban con picardía y calidez.

Ya no llevaba el cabello liso que solía usar como armadura. Ahora le caía en ondas, enmarcando su rostro como si fuera la portada de una revista. Con su pintalabios rojo y su brillo confiado, llamaba la atención sin esfuerzo.

Se movía como alguien que se había despojado de una segunda piel. La versión sencilla y tranquila que solía mostrar en casa no estaba allí esa noche.

Davina se acercó y removió la pajita de su cóctel.

"Oye, la semana que viene hay una competición de tiro. ¿Te apuntas?".

"Ni hablar", respondió Christina sin dudarlo. "Hace mucho que no practico. Ya no tengo las manos tan firmes como antes".

"Vamos, ¿qué más da?", dijo Davina con una sonrisa burlona. "Úsalo para desahogarte. Imagina la cara de Brendon en la diana y dispara hasta destrozarla".

A la muchacha se le escapó una risita mientras se acercaba el vaso a los labios. "Suena bien".

"¿A que sí?", sonrió Davina, cada vez más emocionada. "Ah, y adivina quién va a estar allí. Dillan. El tipo que estuvo a punto de derrotarte hace cuatro años. Tú te largaste, y desde entonces él ha acaparado toda la atención".

Davina no esperó a que su amiga respondiera y añadió: "Y escucha esto, el premio de este año es un Bugatti personalizado. No es un modelo que puedas comprar en cualquier parte. Es único".

Le tendió el celular con entusiasmo y añadió: "Toma. Echa un vistazo a la competencia".

Christina revisó los detalles en segundos. El premio en efectivo no fue lo único que captó su atención. Lo que realmente se destacaba era el giro: los concursantes estarían ocultos tras máscaras y alias. Pero quien saliera victorioso podría obligar a los demás a mostrar su verdadero rostro.

"¡Si participas y ganas, tienes que hacer que Dillan se quite la máscara! ¡Me muero de ganas de saber qué cara tiene ese tipo!", exclamó Davina.

"De acuerdo", respondió Christina, dando un suave giro a su copa. Esbozó una sonrisa burlona y añadió: "Si voy, no será solo para participar. Voy a subir la apuesta".

Davina ladeó la cabeza, y sus ojos brillaron con curiosidad. "Muy bien, dime, ¿qué estás pensando exactamente?".

Christina le dedicó una sonrisa pícara.

"Que todo el mundo lo sepa, quien se lleve la corona este año tendrá una sesión privada con King. Y sin fecha de caducidad. Mientras cumplan las condiciones de King, el trato se mantiene".

Davina casi derramó su bebida. "¡Estás bromeando! Si eso se sabe, la gente se va a pelear solo para apuntarse. ¡Esto va a ser un bombazo!".

"Voy al baño". Sin decir nada más, Christina se levantó de su asiento.

No llegó muy lejos antes de que un pequeño grupo de hombres se interpusiera en su camino, con un aire tan arrogante que acalló la sala.

"Vaya, mira lo que tenemos aquí", dijo uno de ellos con una sonrisa burlona. "Parece que te vendría bien un poco de compañía. ¿Qué tal una copa?".

La miraron con lascivia, recorriéndola de arriba abajo como si fuera algo que pudieran poseer.

La mirada de Christina se volvió gélida y les advirtió con voz baja y firme: "Muévanse".

Sin embargo, eso solo pareció animarlos.

"Qué luchadora", dijo uno de ellos con una risita. "Nos gustan las chicas que hacen las cosas interesantes".

Christina no se inmutó. "Última oportunidad. Quítense de mi camino".

En lugar de apartarse, uno de ellos silbó y extendió una mano hacia su pecho con una sonrisa lasciva.

Eso fue todo lo que hizo falta. Christina le rompió la muñeca antes de que sus dedos la rozaran. El crujido nauseabundo hizo que todo el grupo se quedara paralizado.

El hombre gritó: "¡¿Qué demonios...?!".

Los demás no tuvieron oportunidad de reaccionar, pues Christina se movió como una tormenta.

Una patada certera a la rodilla, y luego un codazo seco a la mandíbula…

Uno a uno, los derribó con fría precisión.

En cuestión de segundos, los hombres yacían esparcidos por el suelo, gimiendo y agarrándose las zonas golpeadas, cuyos moratones tardarían semanas en desaparecer.

Por encima de ellos, quienes estaban en el balcón del segundo piso contemplaban el caos.

"Esa mujer es impresionante", dijo uno de los amigos de Brendon, con la boca abierta de asombro. "Genial y segura de sí misma, justo mi tipo".

La mirada de Brendon se posó en la mujer de cabello ondulado, y cuanto más la miraba, más sentía que la conocía. El rostro de la mujer le resultaba inquietantemente familiar y le hacía preguntarse si estaría mirando a Christina, su exesposa.

Después de pasar la tarde en el hospital con Yolanda, aceptó ir al bar por sugerencia de ella. Desahogarse parecía inofensivo, hasta ahora.

"Espera un momento", murmuró Yolanda, entornando los ojos para mirar a la mujer que estaba abajo. "¿No es Christina?".

"Espera, ¿me estás diciendo que ese bombón es Christina? ¡No puede ser! ¡No puede ser la misma ama de casa aburrida que apenas hablaba!".

La curiosidad se apoderó del grupo, que se inclinó para mirar con los ojos entrecerrados en busca de confirmación. Rápidamente la reconocieron: era la exesposa de Brendon, y la sorpresa los golpeó como una bofetada.

Katie Dawson, la hermana menor de Brendon, no ocultó su desdén. "Mírenla, vestida como si estuviera buscando llamar la atención. Supongo que haber sido abandonada la hizo desesperarse. Apuesto a que está buscando un sugar daddy".

El grupo se echó a reír, siguiendo rápidamente su ejemplo.

"Típico", dijo alguien con desdén. "Las mujeres así solo saben aferrarse a un hombre".

"Brendon esquivó una bala. ¿Con ese aspecto? Prácticamente se está anunciando".

"Sin un hombre que la mantenga, no es nadie. Solo es otra cazafortunas que intenta aparentar ser alguien".

Sus comentarios le arañaban la paciencia a Brendon como uñas sobre vidrio. Ya había tenido suficiente.

"¡Basta ya!", espetó con un tono más agudo que el que habían oído en toda la noche.

Sin esperar respuesta, les lanzó una última mirada fulminante antes de marcharse, furioso, hacia Christina.

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