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Portada de la novela De novia por contrato a eterna obsesión: ¡mi marido se negó a dejarme ir!

De novia por contrato a eterna obsesión: ¡mi marido se negó a dejarme ir!

Tras ser víctima de una ruin traición por parte de su prometido y su propia hermana para arrebatarle su herencia, Bethany decide pactar un matrimonio de conveniencia con un temido y poderoso hombre. Aunque su único objetivo es vengarse de quienes la dañaron, pronto descubre que su marido es alguien vinculado a su pasado. Pese a que el contrato expira, el millonario, obsesionado y protector, se niega a liberarla y le exige una entrega absoluta para siempre.
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Capítulo 1

En lo profundo de la noche, una lluvia incesante caía sobre la ciudad Cantoaliso.

Al llegar al hotel, Bethany Valle estaba completamente empapada. Tenía su húmedo cabello pegado al rostro. Ella no parecía preocupada por su apariencia desaliñada, sino únicamente por la bolsa que sujetaba con fuerza.

Media hora antes, Gavin Jaramillo, su prometido, le había enviado un mensaje. En él le explicaba que se había manchado la camisa con vino tinto y le pedía que le llevara una limpia para el día siguiente. El aguacero la había sorprendido, así que bajó del auto sin paraguas. Afortunadamente, había envuelto con cuidado la camisa nueva para Gavin dentro de su abrigo, por lo que permaneció intacta.

Con la prenda a salvo, se apresuró a subir las escaleras y se dirigió a la habitación de su prometido.

La puerta estaba entreabierta y, al pensar en Gavin, la chica sintió una suave calidez recorrerla. Avanzó y extendió la mano para empujarla.

De repente, un brazo fuerte surgió y la arrastró hacia el interior.

Al instante, la envolvió la oscuridad. Luego sintió el peso de un cuerpo ardiente sobre ella. Lo siguiente que supo fue que una mano masculina le oprimía la garganta, impidiéndole respirar.

"¿Te atreviste a drogarme? ¡Te lo buscaste!", exclamó una voz cargada de rabia que dejó a Bethany aturdida.

Era evidente que esa no era la voz de Gavin. ¿Quién era el desconocido que estaba dentro de la habitación de su prometido?

El pánico la invadió como una marea. Sin dudarlo, agarró la muñeca del hombre y logró decir entre dientes: "Ni siquiera te conozco. Vine a ver a mi prometido".

"¿Ah? ¿Todavía tienes el descaro de mentir?".

El hombre, incapaz de contenerse, bajó la cabeza y le mordió el labio con fuerza, haciéndola sangrar. El sabor metálico se mezcló con la dulzura de ella, despertando algo más oscuro en su interior. Poco a poco, aflojó el agarre en su garganta. Luego la levantó y la arrojó sobre la cama, antes de subirse sobre ella.

"No...", chilló la mujer.

Él silenció por completo sus protestas al quitarle la ropa húmeda y fría. La dejó atrapada entre la frialdad de la tormenta y un calor abrumador y sofocante.

Pasaron tres horas antes de que el hombre por fin quedara satisfecho. Tras eso, finalmente se bajó de ella; su torso desnudo estaba marcado por la intensidad del momento.

Bethany se acurrucó bajo la manta, aún sonrojada; su esbelto cuerpo temblaba ligeramente.

"Dudo que sea tu primera vez. ¿A quién intentas engañar con esa actuación de inocencia?", soltó el hombre, en un tono burlón, y su voz resonó en la oscuridad.

Estaba convencido de que ella lo había drogado. La despreciaba tanto que ni siquiera se dignó a mirarla antes de entrar directamente al baño para lavarse.

El sonido del agua corriendo llenó la habitación. Bethany fue enfocando la mirada poco a poco, hasta que sus ojos se fijaron en la puerta del baño.

Se forzó a sentarse a pesar del dolor en su cuerpo. Luego extendió la mano con torpeza para encender la luz y recoger su celular del suelo. Al desbloquear la pantalla, vio una serie de llamadas perdidas y mensajes sin leer. En cuanto los leyó, su rostro se tensó al instante. Se vistió a toda prisa y salió apresuradamente de la habitación sin mirar atrás.

Un rato después, Connor Ortega salió del baño en bata, avanzando con pasos tranquilos. Su expresión era serena y su porte denotaba una satisfacción relajada.

De repente, se detuvo y recorrió con la mirada la habitación, bien iluminada pero vacía, entrecerrando ligeramente los ojos. Se acercó y tiró de las mantas, pero en la cama no había nada, excepto por un leve rastro de sangre en las sábanas.

'¿En serio? ¿Era virgen?', se preguntó, pues la visión lo tomó completamente por sorpresa.

Sacando su celular, marcó un número y, en un tono frío, soltó: "La mujer que me tendió la trampa escapó. Localízala y tráela de vuelta de inmediato. Yo me encargaré personalmente".

"Esa mujer ya fue detenida hace una hora. ¿Quiere que la enviemos ahora?", preguntó la persona del otro lado de la línea, completamente desconcertada.

"¿Hace una hora?", preguntó Connor, con el ceño fruncido.

"Sí. Descubrimos que su hermano contrató a alguien para que entrara en su habitación y montara una escena falsa, para que pareciera que usted la había forzado y así dañar su reputación. Sin embargo, nuestros hombres la interceptaron antes de que llegara al hotel".

Después de la explicación, el subordinado preguntó con cuidado: "Entonces, ¿de qué mujer está hablando?".

Connor guardó silencio.

En realidad, ni él mismo tenía idea de quién era esa mujer. Desvió de nuevo su mirada hacia la mancha de sangre en las sábanas y, por alguna razón, le resultó difícil contemplar el desastre rojo. Segundos después, comenzó a respirar más lenta y profundamente, mientras una extraña opresión se extendía por su garganta.

¿Acaso se había equivocado con ella todo el tiempo?

Apenas el taxi se detuvo frente al hospital, Bethany se bajó y subió apresuradamente las escaleras, para llegar directamente al consultorio de un doctor. Abrió la puerta de golpe y preguntó con ansiedad: "¿Es verdad lo que me dijo en el mensaje? ¿El donante de mi madre se echó para atrás?".

"Sí, es verdad. Intenté convencerlo, pero insistió en que no está en condiciones de proceder con la donación", corroboró el médico, tras soltar un largo suspiro.

La chica sintió que la frustración la invadía al instante.

Shirley Mendez, su madre, padecía leucemia. Meses atrás, por fin habían encontrado un donante de médula ósea compatible dispuesto a ayudarla, lo que había llenado de esperanza a su hija.

De hecho, el trasplante estaba programado para ese día y Shirley ya había completado el acondicionamiento, lo que dejaba su médula ósea completamente inoperativa. Que la otra parte se retirara en ese momento era, básicamente, una sentencia de muerte.

"Necesito hablar con el donante", dijo Bethany, con la voz temblorosa.

"Va en contra del reglamento que donantes y receptores tengan contacto directo", respondió el doctor, tras un instante de vacilación.

¿Entonces qué se suponía que Bethany hiciera por su madre? ¿Debía quedarse de brazos cruzados viéndola morir?

La idea le provocó ganas de gritar, pero sabía que desquitarse con el doctor no cambiaría nada.

Al salir del consultorio, llamó de inmediato a Gavin.

La familia Jaramillo ejercía una influencia considerable en Cantoaliso, y quizás él pudiera ayudarla a encontrar otro donante, aunque las posibilidades fueran escasas.

La llamada entró, pero se cortó casi al instante. Sin darse por vencida, volvió a intentarlo.

De repente, un tono de llamada familiar resonó en el silencioso pasillo.

Bethany se quedó paralizada, luego dirigió lentamente la mirada hacia una habitación cercana con la puerta entreabierta.

'¿Gavin también está aquí? ¿Entonces por qué me pidió que fuera al hotel?', se preguntó.

Con la mente llena de preguntas, se acercó rápidamente y se asomó por la estrecha abertura. Lo que vio dentro la dejó paralizada.

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