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Portada de la novela De novia por contrato a eterna obsesión: ¡mi marido se negó a dejarme ir!

De novia por contrato a eterna obsesión: ¡mi marido se negó a dejarme ir!

Tras ser víctima de una ruin traición por parte de su prometido y su propia hermana para arrebatarle su herencia, Bethany decide pactar un matrimonio de conveniencia con un temido y poderoso hombre. Aunque su único objetivo es vengarse de quienes la dañaron, pronto descubre que su marido es alguien vinculado a su pasado. Pese a que el contrato expira, el millonario, obsesionado y protector, se niega a liberarla y le exige una entrega absoluta para siempre.
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Capítulo 2

Dentro de la lujosa suite del hospital, un celular zumbaba repetidamente sobre la mesa. Sin embargo, la pareja cercana lo ignoraba por completo, absorta al máximo en un acalorado abrazo.

"Gavin, Bethany no para de llamarte. Dime, entre las dos, ¿quién te importa más?", preguntó la mujer, con una expresión juguetona y seductora.

Se trataba de Nicole Valle, la media hermana de Bethany.

"Tú, obviamente. Bethany es insoportablemente aburrida. No puede compararse contigo para nada. La única razón por la que he estado con ella es porque se supone que heredará parte de las acciones de tu familia. Sin eso, ni siquiera le dedicaría un vistazo", respondió Gavin, en un tono consentidor, silenciando el celular y apretándola con más fuerza.

"Esas acciones siguen en manos de su inestable madre. Bethany no recibirá nada hasta que se case, pero, honestamente, eso nunca va a pasar", replicó Nicole, con un destello calculador en sus pupilas.

"¿Por qué no?", preguntó Gavin, intrigado.

"Si Shirley muere antes de que Bethany se case, las acciones volverán a mi padre para que las reparta", explicó la mujer. Luego, con una sonrisa fría, prosiguió: "Shirley tiene leucemia, ¿verdad? ¿Y adivina quién es la donante compatible?".

Justo cuando Bethany iba a abrir la puerta, se detuvo en seco, pues una terrible sospecha comenzó a formarse en su mente.

"¡Soy yo!", exclamó Nicole, soltando una risita de suficiencia. "Bethany nunca se imaginaría que la donante soy yo. Mientras yo me niegue a donar, su madre no tendrá más remedio que esperar la muerte. Y cuando eso pase, haré que mi padre transfiera esas acciones a mi nombre".

"Eres genial, cariño", afirmó Gavin, con el entusiasmo brillando en sus ojos. "Entonces, ¿quieres ser mi novia?".

"Hace mucho que soy tuya. ¿No es obvio?", contestó Nicole, con una sonrisita, dándole un golpecito en el pecho.

Sus miradas se encontraron, llenas de complicidad, antes de atraerse y besarse, en un movimiento apasionado.

Fuera de la habitación, Bethany los observaba. La furia ardía en sus pupilas, mientras un sabor amargo y metálico subía por su garganta.

Por fin entendía que todo había sido una mentira.

Todas las promesas de amor de Gavin habían sido una mentira. Incluso la donante que debía salvar a su madre era parte de un elaborado engaño. Esos dos lo habían planeado todo cuidadosamente.

Planeaban construir su tan ansiado futuro sobre la muerte de su madre. Y eso era algo que nunca podría perdonarles.

Una fría determinación se apoderó de ella: les haría pagar por esto.

Lanzó una última mirada cargada de odio al interior, se dio la vuelta y se marchó en silencio, avanzando directamente a la unidad de trasplantes del piso superior.

Dentro, Shirley dormía en la cama, con una vía intravenosa puesta en el dorso de la mano. Después de someterse al tratamiento, su cuerpo se había vuelto tan frágil que apenas podía sostener las funciones vitales básicas sin estar canalizada.

Bethany permaneció fuera de la puerta de cristal, observándola mientras el mensaje del médico no dejaba de resonar en su mente. Sin el trasplante, a Shirley no le quedaba más de una semana de vida. Sin dudarlo ni un segundo, comenzó a marcar a todos los contactos que tenía.

Nicole nunca aceptaría donar, y Gavin, el hombre que una vez creyó que era su última esperanza, había resultado ser un vil mentiroso.

No le quedaba más remedio que encontrar otra solución. Sin embargo, entre tanta gente, encontrar a un donante de médula ósea compatible con tan poco tiempo era casi imposible.

Poco a poco, comenzó a amanecer. Bethany había llamado a todos los contactos de su lista, pero ninguno pudo hacer nada.

De repente, un fuerte golpeteo interrumpió el silencio, lo que hizo que la joven levantara la cabeza.

En algún momento, Shirley se había bajado de la cama y ahora golpeaba la gruesa puerta de cristal repetidamente. Además, con una expresión desquiciada e inquietante, le dedicaba una sonrisa a su hija.

A lo largo de los años, otros habían tachado a la enferma de loca, pero para Bethany siempre había sido la misma madre amable y cariñosa.

A pesar de ello, no pudo enfrentarla en ese momento. Parecía que no quedaba ninguna solución posible.

Bethany retrocedió por instinto, sin atreverse a mirarla a los ojos. Sin ningún lugar al que retroceder, se encontró acorralada.

Mientras tanto, Shirley seguía inclinándose hacia ella, con una sonrisa inocente, completamente ajena a que la muerte la acechaba.

Incapaz de contenerse por más tiempo, la joven se dejó caer al suelo junto a la pared y se cubrió el rostro con ambas manos, mientras los sollozos se apoderaban de ella.

De repente, el sonido de pasos apresurados resonó por el pasillo. Con la visión borrosa por las lágrimas, Bethany alzó la cabeza y vio a varios hombres vestidos de negro parados frente a ella.

"Señorita, nuestro jefe quiere verla. Por favor, venga con nosotros".

Fuera de la entrada del hospital, un Rolls-Royce Cullinan estaba esperando.

Connor estaba sentado en el asiento trasero, ataviado con un traje hecho a la medida. Sus facciones tranquilas irradiaban autoridad; de vez en cuando tamborileaba sus largos dedos contra su rodilla, lo que revelaba un toque de impaciencia.

Un guardaespaldas golpeó la ventanilla y se agachó ligeramente mientras decía con respeto: "Señor, la hemos traído".

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