
De novia por contrato a eterna obsesión: ¡mi marido se negó a dejarme ir!
Capítulo 3
Bethany estaba totalmente confundida cuando la metieron al auto. Honestamente, no tenía la menor idea de lo que estaba pasando.
"¿Eres Bethany Valle?", preguntó una voz grave y firme a su lado.
Ella experimentó un escalofrío, pues había algo extrañamente familiar en esa voz.
Al levantar la vista, vio a un hombre de facciones marcadas, cuyos ojos, bajo unas cejas pobladas, eran fríos, intensos e intimidantes. Era increíblemente guapo y transmitía una presencia poderosa y dominante.
Un varón así no era de los que se olvidan fácilmente después de verlo una vez. Por esa razón, la joven estaba segura de que nunca se habían cruzado, así que la familiaridad que sentía debía ser producto de su imaginación.
"Sí, ¿y usted quién es?", respondió, bajando ligeramente la mirada, tras salir de su ensimismamiento.
"Soy Connor Ortega. Hace tiempo hubo un acuerdo matrimonial entre nuestras familias, y he venido a cumplirlo", reveló él, escrutándola inquisitivamente.
"¿Quiere decir... que piensa casarse conmigo?", tartamudeó la chica, con la voz temblorosa.
"Podría decirse que sí", respondió el hombre, con calma.
La joven se quedó completamente atónita, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. ¿Acaso eso era una especie de broma?
Connor se limitó a observarla en silencio, sin revelar nada. Sus ojos eran penetrantes e intensos, como si pudieran ver a través de ella.
La joven sintió que sus instintos le advertían sobre lo peligroso que era ese hombre. La inquietud la invadió hasta tal punto que apenas podía quedarse quieta.
"Um...", musitó.
"¿Cuándo fue la última vez que te duchaste?", la interrumpió Connor, a media frase.
"¿Perdón?", soltó ella, abriendo los ojos con incredulidad.
"No hueles muy bien", explicó él sin rodeos, como si no fuera consciente de lo duro que sonaba.
Bethany se sonrojó al instante. Una oleada de vergüenza y humillación la invadió. Se ajustó con torpeza el dobladillo de su ropa, que estaba arrugada, húmeda por la lluvia y manchada de polvo de las paredes del hospital. Realmente se veía desaliñada.
Pronto, el rubor se extendió por su cuello, mientras bajaba la vista hacia sus zapatos. Para ese punto, estaba demasiado avergonzada para moverse.
"Llévanos a Iridale", le ordenó con frialdad Connor a su chofer.
Sin dar a Bethany ninguna oportunidad de objetar, el auto arrancó rápidamente.
Iridale era un barrio de lujo. Al llegar, la joven bajó y vio una casa de dos pisos que destacaba bajo la luz del sol.
Connor le indicó a una criada que acompañara a Bethany al baño.
Esta última aún estaba afectada por el comentario anterior del millonario, y le pareció que la criada arrugaba sutilmente la nariz al acercársele.
"Puedo encargarme yo misma", soltó rápidamente, avergonzada.
La criada le pasó una muda de ropa limpia antes de retroceder unos pasos y decir: "Cada habitación del segundo piso tiene su propio baño. Puede utilizar cualquiera, excepto la tercera habitación del lado este".
Bethany solo quería escapar del incómodo ambiente, así que asintió, agarró la ropa y subió corriendo por las escaleras sin demora.
El segundo piso estaba lleno de habitaciones, así que abrió la más cercana a la escalera y se dirigió directamente al baño.
Al desvestirse, su cuerpo, cubierto de manchas rojas, quedó a la vista. Los chupetones y las mordeduras destacaban claramente sobre su delicada piel.
Honestamente, ella esperaba algunas marcas, pero no a tal extremo. Una repentina oleada de tristeza la invadió, y las lágrimas se acumularon en sus ojos mientras evitaba mirar su reflejo.
Abrió la ducha y dejó que el agua caliente corriera, mezclándose con las lágrimas que caían por su rostro.
Esa había sido su primera vez. Había planeado entregársela al hombre que amaba, solo para que se la arrebataran de forma tan inesperada y absurda. Y lo que era aún peor, ni siquiera sabía qué aspecto tenía el tipo que se la había arrebatado.
Con eso en mente y, abrumada por el dolor, se frotó la piel frenéticamente, sin percatarse del leve sonido de la puerta del baño abriéndose bajo el ruido del agua corriendo. Solo cuando una risita cortó el aire, se dio cuenta de que había alguien más en el baño.
"¿Intentas seducirme?", preguntó Connor.
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