Portada de la novela Conquistando a la Mujer del Mafioso.

Conquistando a la Mujer del Mafioso.

9.1 / 10.0
En Conquistando a la Mujer del Mafioso, Kloe busca escapar del abuso de George Harper. El agente Tom Blondet arriesga su carrera en esta historia de romance y acción. Descubre esta mafia novel y lee libros gratis online mientras la obsesión y el peligro marcan el destino de sus protagonistas.
Resumen de Conquistando a la Mujer del Mafioso.
Kloe sufre los constantes maltratos del criminal George Harper hasta que su camino se cruza con Tom Blondet, un agente del FBI y magnate. Mientras Tom investiga al mafioso, surge entre ellos un amor profundo. No obstante, la joven enfrenta la peligrosa obsesión de sus hijastros; Oliver incluso lo arriesga todo, aunque ella lo rechaza. Ante este entorno hostil y violento, Tom diseña una estrategia final para liberarla y consolidar su futuro juntos.
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Conquistando a la Mujer del Mafioso. Capítulo 1

Kloe se levantaba otra vez con dificultad de su cama, esto parecía normal en ella últimamente, poner un pie en el suelo con mucho cuidado para no sentir tanto dolor, a su lado estaba su esposo, un hombre cuarenta y cinco años mayor que ella y con el cual se tuvo que casar para poder sacar de la quiebra a su padre.

El señor Harper, un poderoso empresario y político, envuelto en infinidades de tramas de corrupción, que fueron sutilmente ocultadas y que hasta ahora, cuarenta años después de estar metido en tipo de negocios sigue siendo, ante los ojos de la sociedad, un tipo inteligente, humilde y un buen cristiano.

Kloe entró al baño para ver el daño de anoche, George siempre fue muy cuidadoso de nunca golpearla del cuello para arriba, tampoco lo hacía en sitios en donde ella no pudiera ocultarlo fácilmente y de ser necesario, Kloe debía inventar siempre una muy buena excusa que no levantara ninguna sospecha de lo que realmente le ocurría.

“Debo huir de aquí”

Ese era su pensamiento cada día, sobretodo después de que su “amado esposo” llegara ebrio en la madrugada y sin mediar palabra, sin importarle que ella simplemente estuviera dormida, la maniataba e inmovilizaba con todas sus fuerzas para prácticamente violarla, además de golpearla por todo el cuerpo sin ningún motivo aparente.

Kloe no podía gritar y si lo hacía, ¿Quién iría a ayudarla?

La respuesta era nadie, en la casa todos los trabajadores sabían lo que ocurría en la alcoba principal, pero sus contratos de confidencialidad los obligaba a ni siquiera mencionarlo en los pasillos sin correr el riesgo de que los despidieran, arruinándole las vidas de por medio.

— Quiero una tasa de café.— gritó George desde la cama, al ser domingo, su único día libre de la semana, podía darse el gusto de emborracharse toda la noche del sábado y poder pasar la resaca sin ningún problema.

— Ya se lo traigo.— respondió Kloe desde el baño, a pesar de ser su esposo, ella lo trataba de usted, como si fuera su abuelo.

— No debes tratarme de usted, recuerda que soy tu esposo o, ¿Ya lo olvidaste?— gruñó él al verla entrar nuevamente en la habitación, ella temblaba del miedo, pero no podía demostrarlo, esto, especialmente, lo hacía enojar con mucha facilidad.

— Respondí rápido, no me di cuenta, lo siento.— se disculpó ella, con la cabeza agachada para que él no se diera cuenta de lo aterrada que estaba.

— No te preocupes, ven acá.— la sujetó del brazo para acercarla a la fuerza y darle un beso, ella se quejó del dolor, había sido en ese brazo donde anoche, la había sujetado muy fuerte, estando a punto de partirlo.

— Me duele.— dijo Kloe, fue en un tono apenas perceptible, pero esto lo terminó de sacar de sus casilla, provocando que él tirará la bandeja donde ella había traído el café.

— ¿Sabes hacer alguna cosa aparte de quejarte? Eres débil, igual que tu padre, viejo infeliz que me hizo quedar ayer un par de horas extras trabajando, todo para solucionar sus cagadas.— explotó él levantándose de la cama para dirigirse al baño, era una imagen desagradable, estaba completamente desnudo y todo le colgaba.— será mejor que hayas limpiando todo esto para cuando salga.

Kloe no respondió, hacía varios años que ella había aprendido a no responder, en su lugar se quedó parada al frente de la cama, viendo hacia el piso, como descubrió que podía evitar algún golpe o reacción por parte de él.

Con él afuera e su campo visual, se abalanzó sobre la alfombra para recoger todo el desastre que había, ignorando las lagrimas que recorrían su perfecto rostro, como dos cataratas.

Ahora comprendía la actitud de George anoche, su padre lo había hecho enojar y él no tenía otra forma de sacar toda su ira que con ella, su estúpida y tonta esposa, la niña hermosa que fue entregada en sus brazos para salvar a su familia de vivir en la ruina.

¿A qué costo?

¿Vale la pena tener una vida miserable por culpa de tu familia?

¿Merece tu familia de tu sacrificio para vivir una vida digna?

Eran cinco años ya de este tormento, donde Kloe olvidó lo que era vivir, para dedicarse a estar al lado de un hombre que no solo la despreciaba y odiaba como mujer, si no que también se había encargado de destruir su autoestima y esencia como mujer, con cada día que pasaba.

— ¿Dónde estabas? Hace cinco minutos que te estoy esperando para desayunar.— George estaba sentado en la mesa, leyendo una revista de asuntos financieros y Kloe llegaba apresuradamente.

— Estaba limpiando.— intentó responder ella, pero él la interrumpió.

— No me interesa, debes ser cuidadosa, sabes que no me gusta esperar por nadie y menos por ti, además.— se calló él cuando una de sus muchas sirvientas le servía algunos tocinos y huevos revueltos.

A pesar de ser un verdadero hijo de puta, él siempre guardaba las apariencias frente a los demás, no importaba quien fuera y a pesar de que todo el mundo que trabajaba a su lado debía firmar un contrato de confidencialidad muy estricto, él no se fiaba y no se podía permitir que nadie supiera como trata a su segunda esposa.

— Debes estar lista en veinte minutos, iremos a almorzar con los Stone en su nuevo yate, sirve de algo y por lo menos arréglate bien.— esto último se lo susurró al oído, habían varios empleados alrededor de ellos, atentos por si se le ofrecía alguna cosa más al señor de la casa.

— Está bien.— respondió ella sin mirarlo, provocando un rugido de su parte por romper una de sus reglas, verlo a los ojos cuando le hablaban.

Si había algo peor que estar encerrada en esa enorme mansión, era tener que salir junto a él a una reunión de sus amigos, personas igual que su esposo, prepotentes y arrogantes, creyentes de que al ser multimillonarios tenían el derecho de tratar mal a todo el que se le atravesara al frente.

Kloe había decidido que si debía vivir esta vida llena de torturas e insultos, por lo menos se vería despampanante, se colocó un hermoso y muy costoso vestido rojo, ideal para la ocasión, acompañado de joyas excéntricas y un sombrero de diseñador de la última colección de verano.

Se avecinaba una jornada tormentosa para Kloe, reunirse con personas a las cuales ella no les agradaba, solo para escuchar comentarios hirientes sobre su familia y el como se entregó a un tipo como George solo para salvar a la empresa de su padre de la quiebra. Todo esto lo decían sin la presencia de George, aunque esto a él no le molestaría, en cambio, contribuiría con varios comentarios igual o mucho más picantes que los demás.

— Vuelves a tardar, ya veo porqué la empresa de tu familia quebró, seguramente todos son tan inútiles cómo tú.— le susurró George al oído de Kloe, hasta la presencia de un simple chófer lo intimidaba como para hacer notar su verdadera personalidad.

Ella trataba de despejar su mente cuando salía de la casa, solo lo podía hacer junto a George, pero al menos estaba tranquila de que él no podría atacarla o insultarla a los gritos mientras estuvieran rodeados de otras personas.

— George, amigo, bienvenido a bordo.— lo saludó Erick Stone, el anfitrión de la fiesta.— estás en tu bote, vamos a saludar a los Harrison.

La sola presencia de George armó un pequeño alboroto, todos los invitados que estaban a bordo del yate se acercaron uno a uno para saludar al nuevo integrante de la reunión.

— George, cuéntanos, ¿Cuándo tendrás un nuevo hijo con tu nueva esposa?— intervino Jade, la señora Stone.

— Estamos a punto de conseguirlo, pronto haremos una fiesta para anunciar al nuevo integrante de la familia Harper.— mintió George, él y Kloe no estaban interesados en tener un bebé, pero con sus arrebatos ebrios cualquier cosa podía pasar.

A pesar de que George estaba casado con la mujer más hermosa de toda la fiesta, parecía que la odiaba y Kloe no entendía el por qué.

— Iré a retocarme cariño, ya vuelvo.— dijo Kloe, apenas habían llegado y ella ya sentía que quería salir corriendo del lugar, aunque en este caso debía irse nadando.

Mientras Kloe estaba en el baño, a solas, notó como la puerta del baño de damas se abrió y para su sorpresa era un hombre, a su parecer el más guapo de la fiesta, pero esto no evitó su molestia al verlo entrar donde no debía.

— Es el baño de damas debes.— intentó reclamar Kloe, pero él se acercó y le pidió que hiciera silencio, ella estaba sorprendida, aunque no sentía miedo.

— No tengo mucho tiempo, soy agente del FBI, su esposo está metido en muchos negocios fraudulentos.— dijo él en un susurró.

— No se de qué está hablando, pero por favor retírese de este baño ya o gritaré a seguridad.— respondió ella nerviosa.

— Sé todo por lo que estás pasando y lo confirmé desde que llegó, no ha parado de sobarse el brazo, aquí está mi tarjeta, si quieres liberarte de todo eso puedes llamarme.— el hombre hablaba muy cerca de ella, nadie más podía escuchar, haciendo que su piel se pusiera como la de una gallina.

Kloe salió del baño dejando al apuesto caballero adentro, ella estaba confundida, ¿Cómo él puede saber algo de lo que a ella le ocurre en su alcoba?

— Tardaste mucho en el baño, ¿Con quien estabas?— la sorprendió George al salir del baño.

— ¿Ahora también vigilaras cuánto tiempo tardo en el baño?— respondió Kloe, que aunque estaba nerviosa por hablarle así, sabía que en esta situación él no podría hacer nada.

El resto de la velada Kloe se la pasó pensando solo en lo que había ocurrido en el baño, ella sabía de los malos pasos que su esposo llevaba, él mismo más de una vez estando ebrio se los había confesado, pero el solo hecho de pensar en traicionarlo hacía que su piel se le volviera a erizara.

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