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Portada de la novela Cásate con mi esposo

Cásate con mi esposo

Adally Grey, tras vivir bajo el yugo paterno, enfrenta la traición del hombre en quien confiaba, quien ahora ambiciona su herencia. En medio del caos, George Taylor, el hijo ilegítimo de un jeque, le propone un matrimonio por contrato para proteger su legado. Lo que comenzó como un acuerdo comercial se convierte en un romance profundo y real. No obstante, su futuro y el imperio que construyen peligran ante la obsesión de Yura, una mujer decidida a arruinarlo todo.
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Capítulo 2

Se trata de un viejo pans negro y una camiseta blanca grande con el pequeño logo de un barco bordado en el lado izquierdo, incluso con las sandalias que solían usar los pacientes no puso mayor sorpresa para ella lograr llegar hacia la puerta, aún conserva su celular y pidió un auto para dirigirse a la empresa familiar.

Pagaría usando el poco saldo que le quedaba en su tarjeta, una parte de ella se negaba a creer que su esposo se casara con su hermana, sería la máxima deshonra a su nombre y orgullo, las lágrimas amenazaban con salir, pero se negó a dejarse vencer sin luchar.

Había sido toda su vía una luchadora, para dejarse vencer por una situación así.

—¿Se encuentra usted bien, señorita? — la voz del conductor la sorprendió por completo, cuando abordo el auto no se atrevió a mirarlo, podía sentir autentica preocupación en su voz y eso saco una pequeña sonrisa de su boca— Pobrecita, usted no se ve muy bien.

—Si— contesto quedadamente para no entrar en detalles, se quedó mirando fijamente por la ventana dándose cuenta que era primavera, el tiempo había pasado tan rápido que ni siquiera sabía en que temporada del año estaban.

—Pronto se sentirá mejor, bueno, recién empieza, la primavera, ¿No? — No hubo respuesta por parte de ella, el hombre se ajustó el marco de sus gafas mirándola por el retrovisor, sintiendo la pena que ella estaba ocultando en su interior.

—Animo, ya sabe lo que dicen… “Hoy es el día que los muertos quieren vivir” — sus palabras parecieron hacer mella en su corazón maltrecho y por primera vez se atrevió a darle una mirada de reojo al hombre, parecía estar cerca de los sesenta años, algo acuerpado, pero no demasiado, se veía como una persona amable, aunque ella no estaba de ánimos como para platicar.

—Si muriera ahora mismo, no habría ninguna diferencia para mí. Vivir un día mas no significa que las cosas se vayan a arreglar.

—Por qué, ¿no? Haga que todo mejore, tenga fe en usted misma— hizo una breve pausa— se ve como una mujer fuerte y mire que, con mis años de profesión, soy bueno juzgando el carácter de las personas— eso hizo que Adally se riera por la generosidad del hombre, una palabra dulce había hecho a su corazón sentirse más libre.

—Gracias no tiene que decir algo así— lo siguiente que ella supo era que habían llegado frente a la recepción del edificio de más de treinta pisos, su celular emitió un mensaje con “error” el pago no había podido reflejarse, en la aplicación— señor, la aplicación me dice que…— no la dejo terminar de hablar cuando se giró para mirarla con una gran sonrisa, puso cincuenta dólares en su mano.

—Tenga. Guárdelo, piense que es un poco de dinero que le dio su padre. Todo va a estar bien, parece realmente necesitarlo ahora — su boca se puso seca y no supo que hacer— Pronto se recuperará, está en plena actividad y será rica. Encontrará a un hombre que le dará todo lo que usted quiera, así que cambie esa cara triste y sea feliz como mi última pasajera— ahora su corazón se encontraba desbordado de emociones, en cuanto se bajó del vehículo y comenzó andar, sintió que algo irreal acaba de pasar, miraba el billete en sus manos como si fuera a desaparecer.

Viendo el imponente monstruo de cemento que se alzaba a su vista no se sintió con miedo, sentía que la ira en su interior estaba ganando, ¿Hace cuando tiempo que no había vuelto? Los cuchicheos de los empleados sonaban a su alrededor, llego al elevador con facilidad, no había pasado tanto tiempo como para que no supieran quien era, pero se dio cuenta que la secretaria levanto el teléfono casi de inmediato para anunciar su presencia.

Para el momento en que subió al último piso, la recepcionista se veía prácticamente blanca como un papel, parecía estar tratando de encontrar palabras.

—Señorita Grey…es un placer verla— Adally solo levanto una ceja dirigiéndose a la oficina de su esposo, fue entonces cuando la mujer corrió hacia ella como si la vida se le fuera en eso, sujetándola del brazo, haciéndola detenerse— no esperábamos su visita y el señor, se encuentra en una reunión fuera de la ciudad— su corazón le dijo que era una vil mentira.

—¿Así? Lo esperare en su oficina hasta que vuelva, porque son muy rápidas para hacer llamadas— haciendo referencia a lo que acaba de pasar—seguramente lo serás, para hacerlo volar en el helicóptero privado, para que venga hasta aquí— cualquier color que tuviera en sus mejillas abandono a esa mujer, con un gesto sutil se liberó de su mano para continuar su camino, los tacones golpeaban contra el frio mármol, algo muy malo la estaba esperando.

En cuanto la presencia de Adally entro en sus campos de visión, comenzaron a retirarse todos los empleados, como si supieran que se avecinaba una tormenta, su instinto les decía que debían tener miedo de la clase de represarías que podría tomar contra ellos por estar ahí simplemente echándole más leña al fuego, cuando claramente era un asunto personal, solo los peores se quedaron para ver que sería capaz de hacer.

Unos cuantos pasos hacia la oficina fueron suficientes para darme cuenta que se encontraba en la compañía de una mujer, la puerta de cristal opaco dejaba ver las formas de sus cuerpos mientras parecían estar en un beso apasionado, las palabras de la enfermera se repitieron en su mente como si se tratara de una máquina de eco “sale con su hermana, van a casarse”, no había si quiera esperado a que su cuerpo estuviera frio para hacer de las suyas.

Sentía que la sangre le hervía en su cuerpo, como si estuviera por sufrir una combustión interna.

Aclaro su garganta después de abrir la puerta, pero su nivel de descaro parecía no tener límites, no parecieron querer separarse. Adally saco su celular para grabarlos, les tomo algunos segundos darse cuenta que se trataba de la presencia de la mujer que podía destruirlos.

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