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Portada de la novela Cásate con mi esposo

Cásate con mi esposo

Adally Grey, tras vivir bajo el yugo paterno, enfrenta la traición del hombre en quien confiaba, quien ahora ambiciona su herencia. En medio del caos, George Taylor, el hijo ilegítimo de un jeque, le propone un matrimonio por contrato para proteger su legado. Lo que comenzó como un acuerdo comercial se convierte en un romance profundo y real. No obstante, su futuro y el imperio que construyen peligran ante la obsesión de Yura, una mujer decidida a arruinarlo todo.
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Capítulo 3

Inmediatamente el muy cobarde uso su cuerpo para proteger a la tonta de Yura, las intenciones homicidas parecían nacer en su interior.

Inmediatamente después de pensárselo él la soltó, como si estuviera dispuesto a mentir de frente.

—No es lo que parece cariño…— Adally no podía seguir aguantando la situación, no solo la había dejado a morir sola en el hospital, sino que además tenía que estar precisamente con ella, los ojos se pusieron rojos por aguantar las ganas de llorar, odiaba a esos desgraciados con todas las fibras de su corazón, una pequeña sonrisa apareció en la boca de su hermana menor, y quien mantenía sujeto el brazo de su amante, mientras trataba de disimular con una mirada inocente sus verdaderas intenciones, pero cualquier fachada de buena persona había desaparecido, solo quedaba la idea de mosca muerta en el aire.

—Ella ya lo sabe, ya no tenemos que mentir…— comento Yura con una voz dulce y condescendiente, provocando muchas náuseas y repudio para quienes la escuchaban, la cara del hombre que alguna vez amo, estaba ligeramente deformada por la situación, no se explicaba como llego ese hombre de buenos sentimientos a estar enamorado ahora de su hermana — Tienes que saber que nos amamos, lo hacemos desde el primer día— aseguro con un tono más arrogante, como si supiera que estaba clavando cuchillos en su corazón y se sintiera feliz por eso —Cuando te busco aquella noche en la universidad, solo lo hizo porque se equivocó de habitación, estaba buscando mi dormitorio— Adally soltó un sonido ahogado por la incredulidad.

¡Dios! ¿Qué tan lejos quería ir para humillarme? Pensó para entre sí, estaba cansada de ver que su hermana buscara hasta la mínima posibilidad para hacer de su vida un infierno, eso le hizo pensar en cuando llego a la casa con su madre, viéndose como una niña frágil de un matrimonio roto, pero ahora parecía ambicionar todo.

Su antiguo amor estaba aterrado por la situación, sentía miles de ojos sobre él, estaba seguro que algunos empleados estaban filmando, pero no se atrevía hacer ningún movimiento porque después de todo ella tenía cáncer y si armaba un escándalo afectaría a la compañía, perdería dinero, no se daría ese lujo, había trabajado duro para estar allí, la mujer que parecía casi un fantasma con su delgadez ya no le inspiraba nada más que asco y quizás incluso algo de lastima, por ser la sombra de lo que alguna vez fue una hermosa mujer.

El hombre deseaba quitársela de encima, esperaba que entendiera las indirectas sobre las llamadas y ahora los papeles de divorcio, pero aquella mujer estaba sencillamente empecinada en actuar.

—Eso es, ¿verdad? — pregunto en un hilo de voz la enferma mujer, con las lágrimas al borde de salir por sus ojos.

—Así es— comento avergonzado.

—Entonces hubieras ido por ella, no tenías que haberme mentido y continuar con la farsa— el corazón de la mujer termino de destrozarse, cualquier ilusión o alegría que rodeara su corto matrimonio, desapareció. Nada había sido real, ahora entendía la cruel verdad de que siempre jugaron con ella, la solidez de sus hombros desapareció, el cuerpo comenzó a temblarle, las rodillas decidieron aflojarse como si ya no estuvieran dispuestas a sostenerla más, por su mente cruzaban las imágenes de su amor sintiéndose burlada, no podía articular frases coherentes, ya no tenía razones para vivir.

Todos la habían abandonado.

Viendo los ojos de su hermanastra lo supo, todo fue su plan desde el principio y ella solo había caído en su trampa.

—Trato de hacerlo, pero tu padre convenció a su familia que serias un gran negocio si lograban casarse, les ofreció una fuerte suma para que se casara contigo— un nudo se formó en la garganta de la mujer, que no entendía cuan desesperada era su nueva situación sabiendo todo, se trataban todo de mentiras tras otras.

Levanto su cabeza, determinada a escucharlo de la boca de él, necesitaba que se lo dijera.

—¿Te casaste por dinero? — sus ojos se desviaron hacia el suelo, el hombre entonces sintió algo de culpa pensando en aquel momento, en realidad, seguía siendo parte de la conspiración de Yura, aunque su familia si atravesaba una mala situación, el podría haberse reusado al matrimonio, pero había sido la misma mujer que ahora lo tomaba por el brazo quien le sugirió tomar la opción, asegurándole que tendría la vida de sus sueños y que nunca más tendría que volver a pasar por una necesidad en su vida, esa era la única razón por la que el hombre tomo esa opción.

Había visto a Adally como un medio para llegar a un fin, se aprovechó de sus sentimientos para lucrarse económicamente, ahora viendo su situación, pensó en que, si no hubiera interferido en su vida, quizás ella podría estar bien, se sacudió internamente de aquella idea, todos eran adultos, ella asumió sus propias decisiones, no podía venir a culparlo ahora.

—Eres el más hijo de puta de todos, venderte como si fueras una ramera y cambiarlo todo por unas promesas vacías— le dijo sumergida en la rabia de su corazón que estaba nublando su juicio—Si crees que ella va a amarte o protegerte, estas equivocado, ella solo ama hacerme daño, no eres más que una ficha en su partida, cuando yo ya no te quiera, perderá todo el interés en ti porque no podrá lastimarme y entonces te arrojara a la basura como un muñeco viejo.

Fue entonces que la leve paciencia que tenía Yura desapareció, detestaba a la mujer que tenía en frente, había tramado en su mente muchas maneras de acabar con su vida, se alegraba que fuera el destino quien acabara con ella, aunque le había dado un empujón a la vida, cuando se negó a pagar por sus tratamientos médicos y había ocultado los resultados de manera que cuando se enterara fuera sencillamente demasiado tarde.

Levanto su mano para abofetearla deseando borrarla con un golpe de la tierra, una risa histérica salió de su boca sin que pudiera contenerla, deseaba acabar con ella con todas las fuerzas de su cuerpo, ver como las lágrimas escapaban de sus ojos no era suficiente para acallar los sentimientos que había reprimido por años.

Aun podía escuchar en su cabeza las comparaciones, Adally la buena, la dulce e inteligente, la niña prodigio, reducida a una piltrafa humana.

El golpe en su mejilla fue tan fuerte que trastabillo hasta que termino en el suelo, ya no le importaba quien pudiera ver sus acciones, solo deseaba que muriera de una sola vez.

—Si murieras de una vez a nadie le importaría, de hecho, todos lo disfrutaríamos— le susurro en su oído agachándose junto a ella.

Cuando trato de levantarse para irse de aquel lugar, fue cuando todo se desato. El hombre inmóvil al lado de Yura actuó y termino por tomarla con fuerza por su brazo para sacarla de la habitación y posiblemente de la empresa el mismo si era necesario, entonces tratando de liberarse Adally, cayo hacia atrás golpeándose con el borde de una mesa.

Una sensación de calor lleno su cabeza, como si todo comenzara a dar vueltas.

Sentía mucho dolor en el cuerpo, pero nada como lo que experimentaba en su interior atormentado, deseaba borrar lo que había pasado los últimos cinco años, si tan solo pudiera volver al pasado, pero era imposible, se sentía arrepentida por haberle dedicado tanto amor y tiempo a un hombre que simplemente jamás valió la pena y no alejarse a tiempo de una mujer como Yura.

Unos brazos fuertes la tomaron del suelo, unas manos comenzaron a acariciar su rostro, como si buscaran darse consuelo, la sensación de gotas saladas cayendo por su cara, la dejo desconcertada, manchas blancas habían aparecido en su vista, ya no estaba segura de poder distinguir nada con seguridad

—Por favor, quédate conmigo— su voz se hacía conocida, pero no podía decir quién era.

Un sentimiento quedo en su corazón, al menos alguien la había amado.

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