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Portada de la novela Atrapar al rey Alpha

Atrapar al rey Alpha

Antara, otrora princesa de Kael, pasó del lujo a la indigencia tras la caída del reino de las brujas. Tras sobrevivir como vagabunda, el Duque White la acogió para suplir la pérdida de su hija, pero la seguridad de su nuevo hogar es frágil. Para evitar volver a la miseria, Antara se fija un objetivo desesperado: seducir al futuro rey Alpha. Sin embargo, el heredero es un hombre inestable y peligroso; el verdadero reto no será concebir, sino salir con vida.
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Capítulo 2

Luego de asegurarme que la puerta este cerrada, me acerco a la fuente, ver el futuro siempre es bueno o eso decía mi madre.

Pero lo que observo me hela la sangre.

El Duque encontrara a su hija, la verdadera señorita White y yo… seré lanzada al olvido.

— Imposible.

El susurro doloroso sale de mis labios, el dolor se apodera de mi corazón, pues pensé que me querían a si sea un poco, al menos el Duque, ¿acaso no he sido una buena hija?

Y es cuando me doy cuenta de que no lo he sido.

Me dejo caer en la cama, nadie se extrañará de no verme, después de todo, aún estoy bajo arresto domiciliario y ya no recuerdo porque es, creo que, porque insulte a la hija del barón Arto, no, eso fue el mes pasado, ha sí, ya recuerdo, le lance el té a la hija del conde Kol.

— No, no he sido una buena hija.

Esa es la verdad, recuerdo que al principio trate de encajar con estos lobos, adaptarme a lo que sería mi nuevo hogar, llamando padre al Duque, hermano mayor a Emir, hermano a Cameron, pero ellos nunca permitieron que me acercara, siempre me alejaban y me recordaban que yo solo era una copia barata de su hermana Felicia, pues resulta que el Duque me trajo a su casa no porque se lo pidiera una niña andrajosa, que paso más de cuatro días al lado del cuerpo de su madre, no, él me dio un techo porque me parezco a Felicia, mi cabello es negro, al igual que el de ella, mis ojos son verdes, al igual que los de ella, tantas similitudes, que le hicieron ablandar el corazón a ese viejo lobo, pero no a sus hijos, y ahora… heche todo a perder, no fue apropósito, no es fácil vivir entre lobos, más cuando te creen una simple e inútil humana, y ni el Duque, ni sus hijos, me defendían, entonces, tome las cosas por mi cuenta, no pude recapacitar a tiempo de que ya no era una niña de 8 años, debí saber que mi conducta acabaría conmigo, pero… en el fondo, solo queria un padre, un hermano, algo de lo que una vez tuve y que el maldito Rey Goldeblack me quito, queria pensar que aún era la princesa Antara primera del reino Kael.

Me cubrí con las mantas, sin importar que estuvieran mojadas, la sensación de ser una niña tendida en un callejón, regreso a mí, solo faltaba tener a mi madre a mi lado, ese era el futuro que me esperaba, regresar a las calles a mendigar un pedazo de pan, juntar el agua de la lluvia para tener algo con que refrescar mi garganta, no sé en qué momento comencé a llorar, tampoco sé si era por saber que no podria cumplir con el pedido de mi madre o si era el hecho de saber que para los White, nunca deje de ser una inútil humana, un remplazo del cual su tiempo se estaba acabando, sea como sea, el dolor se arraigó en mi corazón, y luego de llorar por lo que creo fueron horas, alguien ingreso en la habitación, aunque solo podía ver una silueta, como aquella tarde que el Duque fue por mí.

— ¿Padre? — la figura se acercó un poco más y pude distinguir que no era el Duque Elías, sino su hijo mayor Emir.

— Mi padre dice que ya puedes salir de tu cuarto, ¿acaso mi hermano no te lo dijo? — era ridículo escuchar cómo se esforzaba por aclarar que era su padre y su hermano, y pensar que este hombre tiene 4 años más que yo, como extraño mi antigua vida, fueron solo 8 años, pero fueron los mejores de mi vida, fueron años en los que fui la princesa de las brujas. — ¿Acaso estas sorda?

— Quiero a mi mamá. — las palabras se escurren por mi boca, sin poder o querer evitarlo, mi voz sale patosa, extraña, no es por el llanto que derrame, es como si mi lengua pesara.

— ¿Qué dices?

— Quiero ir con mi mamá. — es la verdad, vi lo que me espera y no quiero, no deseo sufrir todo eso, ya tengo de sobra con sus rostros largos y asqueados al verme, como para mendigar un plato de comida, un vaso de agua en un futuro no muy lejano.

— Eleonor ¿a que estas jugando ahora? — Emir toma las mantas para descubrir mi rostro, ya que estoy cubierta hasta la nariz. — ¿Por qué esta mojado…? ¿Eleonor? — su cabellera blanca esta frente a mí, su rostro denota una preocupación que jamás había visto dirigida a mí. — ¿Por qué tus mantas estan mojadas? — podria decirle el porqué, pero sería gastar energías, él no me creería, nunca lo hacen, para los White, soy yo quien comienza todos los problemas, como si no supieran que tan problemáticos son los lobos. — Tienes fiebre. — exclama luego de tocar mi rostro, eso explicaría lo mal que me siento, pero tampoco me preocupo, solo cierro mis ojos, o eso intentó. — ¡Eleonor ¿Qué has hecho?! — sí, esa es la historia de mi vida, yo hago todo, yo soy la culpable de todo.

— Nunca me creen, siempre me culpan, ¿por qué no solo me dejó morir con mi madre?

No sé si lo dije o lo pensé, la verdad, que ya no pude saber nada más, pues mis ojos se cerraron.

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