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Portada de la novela Abandonada pero invicta: Basta de mendigar un lugar

Abandonada pero invicta: Basta de mendigar un lugar

Clara creció bajo el ala de Declan Curtis tras perder a sus padres, pero un beso impulsivo reveló una verdad hiriente: él solo la ve como una mascota. Mientras lucha contra un cáncer terminal, debe soportar el desprecio de Declan, quien luce a otra mujer y la presiona a tener citas con desconocidos. Decidida a morir con dignidad, Clara planea huir al extranjero, despertando una obsesión feroz en el líder, quien se niega a dejarla escapar.
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Capítulo 1

Apenas el avión aterrizó y Clara encendió su celular, este sonó.

"Clara, una vez que termine tu viaje, ve directamente a Druyta y visita a mi madre. Es la mejor especialista en cáncer de hígado que conozco". Alan, el mismo amigo que siempre la había cuidado en la universidad, habló con urgencia por teléfono. "No puedes seguir retrasando esto. Si te demoras más, ¡no sobrevivirás este año!".

Clara se quedó de pie junto a la cinta de equipaje, con una postura cansada. Acercó el celular a su oído, con la mirada distante y desenfocada. "Alan, déjalo ya. No quiero empezar con todo esto". Su voz sonó débil. "El trabajo me espera aquí. No puedo simplemente irme y dejarlo todo atrás".

A Alan se le agotó la paciencia. "¿Qué diablos es más importante que tu salud? Tienes un mes. Si para entonces no estás en Druyta, iré a buscarte yo mismo. No me pongas a prueba".

Clara no dijo nada. Observó el carrusel de equipaje, las maletas dando vueltas y vueltas.

La verdad era que su trabajo no era la razón por la que se quedaba. Era el hombre que le había dado el trabajo, el que significaba más para ella que cualquier otra cosa.

Él era el ancla de su vida. La persona que la había sacado de la desesperación. El hombre al que amaba en silencio: su amigo más antiguo, Declan Curtis.

La voz de Alan seguía ahí, subiendo de volumen, cuando la pantalla se iluminó con otra llamada.

"Sí, sí, Alan. Me cuidaré. Alguien más me está llamando, tengo que colgar". Terminó la llamada antes de que Alan pudiera responder.

Al mirar la pantalla de su celular, su corazón dio un vuelco.

El nombre de Declan iluminaba la pantalla.

Respiró hondo y contestó, esforzándose por sonar firme. "¿Señor Curtis?".

Pero no fue Declan quien respondió.

"Hola, ¿hablo con Clara Brooks?", preguntó una mujer con tono dulce.

Clara frunció el ceño. "Sí, soy yo. ¿Quién habla?".

"Soy Lorena Mitchell, la novia de Declan".

La novia de Declan. Alguna vez, Clara solía imaginar que sería ella quien ostentaría ese título.

Se quedó paralizada un instante, pero logró reprimir el torbellino de emociones y adoptar un tono profesional. "Hola. Veo que llama desde el teléfono del señor Curtis, ¿sucedió algo?".

Lorena prácticamente brillaba mientras hablaba. "Estamos en el Hospital General Central. La entrada principal está repleta de paparazzi", dijo, su voz alegre a pesar del caos. "Declan no quiere que se filtren fotos mías, así que me pidió que te llamara para que te encargaras de ellos".

Clara sabía perfectamente quién era Lorena Mitchell: una actriz famosa que, por lo general, evitaba las cámaras a toda costa. Sin embargo, había un extraño matiz de emoción en su tono, como si en el fondo disfrutara de la atención.

Sin perder el ritmo, Clara mantuvo su respuesta breve. "Entendido. Voy para allá de inmediato".

Se deslizó en la parte trasera de un taxi y, durante el trayecto al hospital, organizó una videollamada de emergencia con el equipo de relaciones públicas. Les dio instrucciones precisas y trazó un plan de acción.

Cuando el taxi se detuvo frente al hospital, la estrategia de control de daños ya estaba en marcha.

Clara intentó llamar a Declan, esperando que él contestara esta vez. Pero, una vez más, fue Lorena quien contestó. "¿Dónde los encuentro?", preguntó Clara.

"En el área de ginecología y obstetricia", respondió la actriz.

Clara casi tropezó allí mismo, en los escalones del hospital.

"¿Cómo? ¿Ginecología y obstetricia?", repitió, incrédula.

Entonces, una voz cortante y distante la interrumpió. Era la de Declan, que le había arrebatado el teléfono a Lorena. "Llegas tarde, señorita Brooks. ¿O acaso esperabas que toda la ciudad viera esas fotos antes de que te dignaras a aparecer?".

Sus palabras dolieron como una bofetada.

Ginecología y obstetricia.

Eso solo podía significar una cosa. Lorena esperaba un hijo de Declan.

Clara se quedó inmóvil, aferrada a la fría barandilla de la entrada. Un dolor agudo le oprimió el pecho y le cortó la respiración. Por un instante, la vista se le nubló.

Su compostura, su estudiada distancia, la última chispa de esperanza de un futuro con él... todo lo que la había sostenido durante tanto tiempo se desmoronó de golpe.

Él estaba avanzando. Una familia, un hijo, un futuro perfecto.

Mientras tanto, ella seguía anclada al pasado; aferrada al pasado, parada justo afuera, mirando hacia adentro.

Declan la llamó por su nombre, con impaciencia en su tono.

Deseó con todas sus fuerzas darse la vuelta y desaparecer, fingir que nada de eso estaba sucediendo.

Pero él había pedido su ayuda.

Y cuando se trataba de él, Clara nunca había sido capaz de marcharse.

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