Portada de la novela Lo que nunca me esperé

Lo que nunca me esperé

8.1 / 10.0
Una joven de profunda sensibilidad cautiva a Leonardo, el autoritario heredero de un vasto imperio corporativo. Pese a su frialdad emocional y una vida rodeada de excesos, el joven universitario desarrolla una obsesión incontrolable tras conocerla. Por su parte, Camila arrastra las secuelas de una traición pasada, enfrentándose a un dilema interno: ceder a la intensa atracción que siente o protegerse de una nueva herida sentimental.

Lo que nunca me esperé Capítulo 1

Camila Sáez.

Nos encontrábamos en nuestra graduación, el solo mencionarlo me causa nervios, hace solo algunos años era algo que se veía muy lejanos, sabía que algún día pasaría, pero no tan pronto y menos con las calificaciones con las que lo hice. Mis amigas y yo estábamos devastadas pensando que nunca más nos íbamos a encontrar nuevamente y eso era lo más probable, todas tomaríamos distintos caminos, en distintas universidades y con tanto tiempo que nos tomaría adaptarnos sería verdaderamente difícil mantener el mismo contacto que ahora tenemos.

Claramente, las que tenían más afinidad se pusieron de acuerdo para irse a estudiar juntas o por lo menos en la misma ciudad, y eso me parecía muy bien, pero yo tenía claro donde quería seguir mis especializaciones y, además, lo que tenía que esforzarme para lograr obtener la mentada beca que necesitaba para terminar todos mis estudios.

Si pudiera hacer todas las cosas que quisiera, lo haría, pero me toca esforzarme para lograr lo que quiera en la vida y poder ayudar a mis padres para tratar de devolverles todo lo que me han dado con tanto esfuerzo.

Mis padres estaban tristes, pero seguramente también se encontraban orgullosos de lo que había logrado o, al menos, eso esperaba pues, la responsabilidad de sacar a mi familia adelante era grande, y muchas veces me abrumaba demasiado, siento que todos veían en mi a la persona que podría ayudarles, mis padres están enfermos y trabajan como pueden, día a día, me a tocado ir con ellos y no es nada fácil o bonito, sobre todo en verano, con el sol pegando en la frente y en todo el cuerpo.

Por otra parte, siempre contaría con la ayuda de Adrián, mi mejor amigo, pero, especialmente hoy se encontraba más anormal que la mayoría de las veces, digo... desde hace algunos meses se ha comportado de una manera distinta conmigo, hay días que es más distantes y otros en los que se pone empalagoso y no tenía idea de por qué.

Él también quería optar a la misma beca que yo, pero nuestras carreras y facultades serían completamente distintas, por lo que estudiaríamos en la misma institución, pero sería muy poco lo que estaríamos juntos.

Nos encontrábamos en la asamblea, la típica donde todos terminaríamos llorándonos y despidiéndonos para que luego cada uno tome su lado, algunos recordando esta etapa, mientras que otros solo se dedicarían a olvidarla y descubrir cosas mejores.

_ Camila Sáez, pase al frente, por favor. – mencionó la profesora encargada de organizar toda la ceremonia que terminaría con esta hermosa etapa que me había tocado vivir y que también había compartido todos estos años junto a nosotros, por lo que nos había visto crecer.

Seguí el camino que anteriormente había quedado estipulado y ya una vez arriba del escenario donde se encontraban otros de mis compañeros a los que habían llamado previamente, incluyendo a Adrián, quien me miraba de una manera extraña, lo miré tratando de entender que era lo que pensaba, pero era imposible, ni que leyera la mente de las personas, así que sólo traté de no incomodarme con su mirada.

Mi teléfono comenzó a vibrar, seguramente se trataba de mi novio, Julián, que a estas horas se supone que debe estar trabajando y que, aunque suene muy extraño, no debería estar hablándome mucho… lo que digo es que, desde algunos meses nuestra relación no es la misma, no hablamos más que algunas cosas, aparte de decirnos los buenos días o buenas noches, es una relación que se ha apagado mucho y no es para menos, solo nos hemos visto una vez, nadie más que mis amigas y Adrián saben de su existencia, en fin, creo que esta relación, si es que se puede llamar de esa manera, llegará a su fin muy pronto.

Levanté la mirada y pude ver a mis padres, ellos, aunque son poco expresivos, tenían sus ojos llenos con lágrimas, los conocía, estaban contentos por mis logros y por ocupar siempre los primeros puestos, amaba a mis padres, así como ellos seguramente también me amaban, la mayoría de las veces, a su manera.

La ceremonia terminó luego de una hora, más o menos y después de la foto grupal, donde aparecíamos mis amigos y yo, fue el turno de que subieran los padres junto a nosotros, así que esperé mi turno, bajé y llegué a mi lugar, junto a mis padres, hasta que nos llamaron para subir nuevamente al escenario. Traté de revisar el móvil, pero no pude, tenía inspectores en cada uno de mis costados y no quería que alguno de mis últimos recuerdos aquí fuera un regaño, además sería visto como una horrible falta de respeto en una ceremonia tan importante.

Cuando el show concluyó por fin, me fui directamente al baño de la escuela y me cambié de ropa porque odiaba mi uniforme, sentía que no me quedaba bien, o al menos, eso pensaba yo, pero mis amigas e incluso Adrián, siempre trataban de que me viera bonita frente al espejo. Me despedí momentáneamente de mis padres y los dejé comprando las cosas que llevarían a casa, les avisé que me iría un momento con Adrián y con mis amigas a celebrar, de alguna manera, que me imagino se nos ocurriría, nuestra licenciatura.

Llegamos a la plaza principal de la ciudad en la que estudiaba, que no era muy grande, nos tomamos algunas fotos y luego conversamos de lo que sería de nosotras, en algunos minutos llegó Adrián, quien tuvo que acompañar rápidamente a su madre a la casa, se apareció con algunos de sus amigos, que en ocasiones también formaban parte de nuestro grupo, pero en lo personal, no me metía mucho con ellos, digamos que no congeniábamos mucho.

_ Camila, ¿Podemos hablar? – mencionó mi amigo corriéndose a un lado para que lo siguiera, dudé algunos segundos en hacerle caso, pero terminé accediendo.

_ Claro. – respondí mientras sonreía al resto de personas que nos estaban viendo, lo seguí hasta una esquina de la plaza, lo suficientemente alejada para que los demás no pudieran escucharnos.

_ Has hablado con tu… bueno, con ese novio tuyo. – preguntó él, aunque el tono que usó al final de la oración era un poco cargado con rabia, no entendía por qué se estaba expresando de esa manera.

_ No, bueno… en la mañana nos dimos los buenos días, cómo cada mañana. Ya lo sabes. – mencioné sonriendo de mala gana, supongo que en el fondo lo seguía queriendo, aunque fuera un poquito, pero ante los ojos de la sociedad, él y yo no éramos absolutamente nadie, porque no podíamos ser algo más que conocidos al solo vernos una vez.

_ Deberías terminar definitivamente con él. – mencionó Adrián sin ningún amparo. Enarqué una ceja por su comentario, esperando que se retractara o que quisiera explicarme porque lo había ducho, pero no fue así, él sabía perfectamente lo que estaba diciendo. – Estoy seguro de que hay muchos otros que se morirían por estar contigo. – agregó sonriendo y bajando su cabeza, como dudando en decir lo que seguía de esa oración. – En especial yo. – terminó de decir. Di un paso atrás producto de la sorpresa, no podía con toda esa información.

_ Adrián, tú y yo solo somos amigos… - comenté nerviosa, no me esperaba para nada esta información y más encima me llega de esta manera, de verdad me hubiera esperado cualquier cosa, excepto esto, es que no me cabía en la cabeza cómo había pasado o cuando empezó a sentirlo. – Nun-nunca me dijiste nada. – agregué con el mismo nerviosismo de hace algunos segundos.

_ No sabía cómo, pensé que ni siquiera me veías como a alguien que no fuera tu amigo. – mencionó y, efectivamente, no podía verlo de otra manera que no fuera esa, él era mi amigo, no podía considerarlo como hombre, si es que ese era el concepto que podía utilizar. – Y creo que ahora es esa la manera en la que me estás viendo, y no cómo el hombre que podría hacerte feliz, Camila, conozco todos tus miedos, tus comidas favoritas, por dios, sé que no soportas el aroma de la cerveza, aunque te mueres de ganas de probar un trago de alcohol. – mencionó, pero no tenía idea de cómo reaccionar a sus palabras.

De pronto vibró el teléfono, me hubiera atrevido a decir que fue la campana que me salvó de esta batalla, no tenía idea de quien se trataba porque, por lo general, a estas horas, Julián seguía muy ocupado. Decidí revisar el teléfono de todos modos, aunque me tocara dejar viendo monos a Adrián, pero me estaba sintiendo muy incómoda con toda esta situación.

Era un mensaje de un tal Leonardo, no tenía idea de quién se trataba, nunca lo había escuchado o hablado con él antes, además que en la sección de amigos comunes tampoco había ninguno, pero de todas formas decidí responderle, tenía curiosidad.

“Hola” – decía su mensaje y sentí que algo se calaba por mis huesos, solo esperaba que no fuera un resfriado.

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Tabla de contenidos de Lo que nunca me esperé

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